Lunes, 29 de noviembre de 2010
Publicado por Curunir @ 19:47  | Diario de lectura
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Tu rostro ma?ana. Fiebre

Octava sesi?n[1]

La acci?n contin?a con el extra?o escrutinio o investigaci?n de Deza en la biblioteca de Wheeler. Continuando con la referencia, volcada hacia el secretismo obligado de las personas fingidas que trabajaron para el servicio secreto brit?nico durante la Segunda Guerra Mundial, Nin en la novela de Fleming es detectado por Wheeler con un trazo.

Tras la indagaci?n y exposici?n del personaje de Rosa Klebb en la antedicha novela, el narrador protagonista (autor) se pregunta por la existencia en realidad de un personaje parecido, y al hilo de una anotaci?n de Wheeler sobre los traidores, nos ofrece una de sus muchas reflexiones, esta vez dedicada a la traici?n, por medio de la pregunta b?sica de porqu? se han cometido con ?xito tantas traiciones a lo largo de la historia. El estilo es aqu? convencional, redundante, sobrecargado de im?genes y de unas machaconas reiteraciones, repetidas ilustraciones del mismo concepto. Todo lo cual le lleva a preguntarse por la esencia de la tendencia a la confianza involuntaria que se da en el ser humano: ?Vivimos, supongo, con la esperanza inconfesa de que alguna vez se rompan las reglas y el curso y las costumbres y la historia, y de que eso se d? en nosotros, en nuestra experiencia, de que sea a nosotros ? es decir, a m? solo ? a quienes toque verlo. Aspiramos siempre, supongo, a ser unos elegidos, y es improbable que de otro modo estuvi?ramos muy dispuestos a recorrer el trayecto entero de una vida entera, que corta o larga nos va rindiendo?. Obs?rvese lo falsamente cre?bles que suenan las suposiciones, en t?rminos tan categ?ricos, como la part?cula, supongo, no hace m?s que resaltar el tono ir?nico del pasaje.

Contin?a con el episodio de la traici?n que se ceb? en el padre de Jaime Deza (en quien no es dif?cil reconocer a Juli?n Mar?as, padre del autor). Todas las referencias son n?tidas. Personas y fechas coinciden. Solo los nombres est?n cambiados (qui?za deba indagar qu? personas verdaderas se ocultan tras los nombres ?Del Real?, ?Santa Olalla??, porque tras el de Fl?rez puede entreverse a Wnceslao Fern?ndez Fl?rez [nunca sent? aprecio alguno por su obra]).

Todas estas cuestiones encadenadas conducen o tienen como referente ?ltimo el motivo de la obra en s?: la confianza y la traici?n, pregunta y respuesta de quien conf?a en otro sin (querer) ver sus intenciones o cualidades que le perjudicar?n en un futuro. ??C?mo puede no verse en el tiempo largo que quien acabar? y acaba perdi?ndonos nos va a perder? [?] ?c?mo puedo no cnocer hoy tu rostro ma?ana, el que ya est? o se fragua bajo la cara que ense?a o bajo la careta que llevas, y que me mostrar?s tan s?lo cuando no lo espere? (p?g. 199). Y tras hablar de la estupefacci?n que la conducta felona les produce, se cuestione de qu? mecanismos se vale el traidor para conseguir la estupefacci?n superficial y la confianza interna en sus v?ctimas, y lo atribuye a un acto que reside en la propia v?ctima, a algo que adormece o condiciona su propia voluntad: ?Desechamos indicios y rehusamos interpretar signos [?] y los relegamos y echamos a la bolsa de las figuraciones, para contraponerles otros que en el fondo sabemos que no son se?ales sino fingimientos y simulacros que buscan nuestra confianza y nuestro sopor o adormecimiento [?]. Porque en realidad ser?a imposible enga?arnos si as? lo quisi?ramos ? no enga?arnos -, tarea vana y fracasado empe?o. Pero no solemos. No solemos quererlo: nos aburren la protecci?n y la prevenci?n y la alerta, y a todos nos gusta arrojar el escudo lejos y marchar ligeros blandiendo la lanza como un adorno? (p?g. 201). Y concluye con una frase lapidaria (casi podr?a ten?rsela por fundacional de la obra, puesta en boca de Juan Deza, el padre del narrador): ?Quien ha sido tu amigo durante muchos a?os habla con una autoridad que es venenosa si la emplea en tu contra? (p?g. 203).



[1] Prosigo con la lectura de TRM de Javier Mar?as, en el primer libro. ?Fiebre?. Edici?n Alfaguara 2002.

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