Viernes, 26 de noviembre de 2010
Publicado por Curunir @ 20:08  | Diario de lectura
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Tu rostro ma?ana. Fiebre

S?ptima sesi?n[1]

El siguiente fragmento narrativo (llam?mosle cap?tulo) prosigue con la historia de Andr?s Nin, comenzando por hacerse c?balas sobre la frase que dej? escrita Wheeler: ? Cf. From Russia whit love?, en el sentido de constituir un mensaje cifrado.

A lo largo de la noche de consultar y de b?squedas se topa con art?culos de su padre (que vuelvo a insistir no resulta dif?cil traspasar al de J. Mar?as). El nombre es el de Juan Deza (seud?nimo de Juli?n Mar?as), actividad que nos introduce nuevamente en la realidad ficticia o metarrealidad de ?Todas las almas?, para remitirnos en ?ltima instancia a la clave de ?sta: ?Negra espalda del tiempo?, la cual act?a de catalizadora de la primera.

Viene a continuaci?n un excurso sobre las novelas polic?acas que suelen escribir por afici?n nos dons de Oxford, empleando seud?nimos rid?culos (puramente especulativos).

Contin?a con la lectura del doble diario ABC en la Guerra Civil, el del bando nacional ( Sevilla) y el del bando republicano (Madrid).

Nos habla de la relaci?n entre Wheeler y Fleming (creador de James Bond). Nos introduce reflexiones e indagaciones sobre la dedicatoria del segundo en el libro indicado ?Desde Rusia con amor?.

Nuevo excurso, esta vez el de la gota de sangre de la nariz que delata al traficante de coca. La c?rcel ofrece a este sujeto excelentes contactos y acaba forr?ndose como constructor de hoteles en Miami. Es el continuo temor recurrente de Mar?as: el azar en las relaciones humanas. El nombre en clave de este individuo es Comendador.

La historia de este tipo con la supuesta yonqui muerta en p?gs.. 171 y ss., parece una puesta en abismo de una obra del propio Mar?as que es anterior a ?sta, me refiero a ?Ma?ana en la batalla piensa en m?. Aqu?, ahora, se rememora o se saca a colaci?n otro de los temas estrella de este escritor: el remordimiento. Comendador, haci?ndose c?balas sobre el destino de la chica que ha dejado abandonada en su apartamento d?ndola por muerta y, que tal vez no lo est? o estuviera si ?l hubiera llamado a la ambulancia, si el miedo no lo hubiera paralizado. El camello llama a la casa y, para su asombro, consigue hablar con la chica a quien hab?a dado por muerta: la causa, diabetes, alcohol mezcla explosiva es lo de menos. Episodio que rememora Deza mientras limpia la mancha de sangre que inopinadamente encuentra en el pelda?o superior de la escalerilla de la biblioteca de Wheeler, y compara dicho episodio con las que vio Comendador en la casa de la chica yonqui y que le hicieron suponer que ?sta hab?a muerto, y que al perecer nadie volvi? a mencionar con la chica viva y coleando, y todo para reflexionar sinuosamente sobre la voluntad del olvido o mejor y m?s preciso el olvido voluntario: ?[?] a veces os sucede [que empezamos a dudar de haber visto ] lo que se niega o se calla [?] y llegamos a descreer que una verdad existiera o se diera, tendemos a desconfiar incre?blemente de nuestras percepciones cuando ya son pasado y no se ven confirmadas ni ratificadas desde fuera por nadie, renegamos de nuestra memoria a veces y acabamos por contarnos inexactas versiones de lo que presenciamos, no nos fiamos como testigos ni de nosotros mismos, sometemos todo a traducciones, las hacemos de nuestros n?tidos actos y no siempre son fieles, para que as? los actos empiecen a ser borrosos, y al final nos entregamos y damos a la interpretaci?n perpetua, hasta de lo que nos consta y sabemos a ciencia cierta, y as? lo hacemos flotar inestable, impreciso, y nada est? nunca fijado ni es definitivo nunca y todo nos baila hasta el fin de los d?as, quiz? es que no soportamos las certezas apenas, ni siquiera los que nos conviven y se reconfortan, no digamos los que nos desagradan o nos cuestionan o duelen, nadie quiere convertirse en eso, en su propio dolor y su lanza y su fiebre? (p?gs.. 176-177).

Nos mete de lleno en el tema b?sico del nihilismo: la vida como representaci?n y voluntad. Aparecen tres palabras clave de la obra en el p?rrafo anterior: Baile, lanza, fiebre, que son otros tantos subt?tulos internos de TRM.

Prosigue con una divagaci?n temporal de la gota de sangre, cuyo cerco permanece pegado al plano en que se vierte. Presente en la sangre, aferrarse al presente que tienen los objetos inanimados. Cuando el cerco sanguinolento desaparezca, quiz? comience a dudar de si existi? alguna vez ? conecta con el pasaje de la chica ?muerta y resucitada? de Comendador.

Hay luego una remembranza de una conversaci?n entre ?ste y Deza (p?gs.. 179-180) sobre el mencionado episodio, y discusi?n sobre los actos y la conciencia de estos actos que conduce a una reflexi?n sobre la ?tica que concluye en discusi?n y postrera meditaci?n sobre la disparidad de actos ante una misma circunstancia: ?El mismo individuo puede reaccionar de maneras distintas u opuestas seg?n el d?a y el miedo y el ?nimo, seg?n lo que est? en situaci?n de perder o la importancia que d? a su retrato o historia en cada etapa de su vida, seg?n vaya a contar o a callar su comportamiento luego, sea noble o mezquino, sea vil o elevado, cualquiera que sea? (p?g. 182). Y prosigue con lo indeleble de los actos para la conciencia: ?Nada de lo que hubo se borra jam?s del todo, ni siquiera la mancha de sangre frotada y limpiada y su cerco, un analista habr?a encontrado sin duda alg?n vestigio microsc?pico sobre la madera al cabo del tiempo, y en el fondo de nuestra memoria ? ese fondo rara vez visitado ? hay un analista que espera con su lupa o su microscopio (y por eso el olvido es tuerto siempre). O a?n peor, a veces est? ese analista en la memoria de otros a la que no accedemos? (p?gs. 182-183). Accede y conecta de nuevo por todo este recoveco de acciones, voluntades, memorias, desmemorias y conciencia moral, al asunto que motiv? todo el excurso; la tortura mortal a que fue sometido Nin en Alcal? de Henares, ?patria de Cervantes? (p?g.183).


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[1] Prosigo con la lectura de TRM de Javier Mar?as, en el primer libro. ?Fiebre?. Edici?n Alfaguara 2002.

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