Mi?rcoles, 24 de noviembre de 2010
Publicado por Curunir @ 20:21  | Diario de lectura
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Tu rostro ma?ana. Fiebre

Quinta sesi?n[1]

En el cap?tulo siguiente contin?a la conversaci?n entre Jacobo Deza y Sir Peter Wheeler. Comienza a hablar este ?ltimo con el mismo tono doctoral surcado de cierta iron?a (socarroner?a brit?nica, algo extra?o aunque no tanto si es un espa?ol quien lo? transcribe), con un ?excursus? acerca de la manipulaci?n de las palabras y los hechos, tanto en lo privado como en lo p?blico. Manipulaci?n de hechos que puede obligar a una persona o una circunstancia que rodea a esa persona a llevar una etiqueta preconcebida por el resto de su vida_ ?todo puede ser deformado,? torcido, ?anulado, ? borrado, ? si uno ha sido ya sentenciado sabi?ndolo o sin saberlo, u si uno ni siquiera lo sabe entonces est? inerme, perdido. Es lo que sucede en las persecuciones, en las purgas, en las peores intrigas, en las conspiraciones, t? no sabes lo espantoso que es eso cuando quien decide negarte tiene poder e influjo, o cuando son muchos puestos de acuerdo, basta con una insidia que prenda y contagie, es como un incendio, y convenza a otros, es una epidemia? (p?g. 123).

Hablando posteriormente de la dificultad de vivir y comprender a una persona persuasiva: ?t? no sabes lo peligrosa que la gente persuasiva?. ?La mayor de la gente es tonta y fr?vola y cr?dula? (p?g. 124). Wheeler califica a Deza de persuasivo, y apelando a su principio ?tico, es decir principio de acci?n o modo de ser, manifiesta su intenci?n de no enfrentarse a ?l. Esto lleva a Wheeler a otra reflexi?n sobre la juventud y la vejez: ?De joven [?] uno tiene prisa y teme no vivir lo suficiente, no disfrutar de experiencias lo bastante variadas? ricas, uno se impacienta y acelera los acontecimientos, si pueden y se carga de ellos, hace acopio, la urgencia del joven por sumar cicatrices y forjarse un pasado, esa urgencia es bien extra?a? (p?g. 126). Contra ese miedo ?[?] al final de cualquier vida m?s o menos larga, por mon?tona que haya sido [?], habr? siempre demasiadas recuerdos [?] demasiada acumulaci?n. Demasiado material brumoso y amontonado. [?] demasiado relato? (p?g. 127). Pone de manifiesto la inutilidad de transmisi?n: ?La vida no es contable [?] no se puede, [?] es una empresa condenada, fallida, y que quiz? nos haga menos favor que da?o? (p?g. 127).

Es estilo es denso y recargado, repleto de fatigosas y a veces exhaustivas enumeraciones que lo retardan, diluyendo sus ideas. P?rrafos que hubieran podido brillar, quedan deslucidos por tanta relaci?n; es caracter?stica de este autor, su man?a, su af?n por dejar las cosas sentadas y exentas de cualquier interpretaci?n no buscada.

Wheeler revela en primicia para todos, narrador y lectores, que particip? en la guerra Civil espa?ola, conocida en Inglaterra como Spanish War. Tambi?n descubre a todo el mundo que Beryl es en realidad la ex mujer de Tupra, no su esposa. El fin de estas revelaciones, aparte de acentuar el car?cter misterioso o tendente a las revelaciones sorpresivas de Wheeler (a lo mejor t?picas en un brit?nico avinagrado por el spleen o por su man?a de escribir novelas de misterio que van dosificando las revelaciones), es conferir cierto inter?s a una acci?n del relato que permanece detenida entre tanta conversaci?n y tanta acotaci?n existencial por parte del autor narrador protagonista. Esta ?ltima revelaci?n de Wheeler parece buscar tambi?n crear cierto paralelismo entre la pareja Beryl- Tupra y Jacobo- Luisa, con la consiguiente diferencia de caracteres (irreconciliables hasta en el trato la espa?ola; siempre dispuesta y cort?s, la brit?nica).

La referencia a los calcetines bajados y al cansancio de Wheeler son otra muestra de acercamiento al lector de la situaci?n y de la circunstancia local del personaje descrito (redondeando su figura con detalles significativos o rid?culos). As? rebaja un poco el tono distante y como de figura de di?logo plat?nico, doctoral, mantenido hasta el momento por el profesor de Oxford. La direcci?n del inter?s del relato se vuelve sobre el pasado misterioso de este personaje. Mientras sube la escalera, algo mosca, cuando Jacobo le denuncia el izado de sus calcetines, Jacobo concluye el cap?tulo solicitando de Wheeler unos libros de su biblioteca, para combatir su insomnio, va haci?ndose preguntas, como en voz alta, para que lo oigan tambi?n los lectores: ?Qui?n era Wheeler en la Guerra Civil? ?Qu? hizo en ella?



[1] Prosigo con la lectura de TRM de Javier Mar?as, en el primer libro. ?Fiebre?. Edici?n Alfaguara 2002.


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