Martes, 23 de noviembre de 2010
Publicado por Curunir @ 20:21  | Diario de lectura
Comentarios (0)  | Enviar

Tu rostro ma?ana. Fiebre

Cuarta sesi?n[1]

La parte final del primer libro de esta serie de siete de que consta el total de esta obra grande se desarrolla en dos fases, y las dos a posteriori de la fiesta dada por Peter Wheeler. Una primera en que Deza y el viejo don ingl?s hablan y comentan aspectos de la fiesta, en especial sobre Tupra y De la Garza, un poco como de contraste; luego otra segunda en que Deza se encuentra con documentos que le devuelven a sus recuerdos anteriores a su propia existencia.

El objeto al menos de la primera de ellas parece ser ahondar en el personaje de Wheeler mediante largos incisos en el di?logo algo culto y fuera de lo natural (artificial por el contrario, definir?a este fragmento largo).

Evocan la fiesta y comentan cada personaje que asisti?.

Emplea la iron?a y sarcasmo al referirse a De la Garza, a quien no cesa de presentar como el prototipo del pol?tico espa?ol, criado por la derecha desde siempre y desde siempre tambi?n imitado por la izquierda. Lo que lleva a la reflexi?n pol?tica de Wheeler acerca de la izquierda, que quiz? le sit?an en un punto del t?pico liberal ingl?s que en el fondo desconf?a del Estado llamado ?de social de derecho?. Est? recogido dentro del di?logo (can?nico de informaci?n y no de costumbres) en las p?gs... 104-105: ?la izquierda ha sido siempre s?lo un decir, en todas partes, esa a la que os refer?as todav?a los espa?oles y los italianos y los franceses, y los hispanoamericanos, como si existiera o hubiera existido nunca fuera de lo imaginario y lo especulativo. Ya tendr?as que haberlo visto en los a?os treinta, si no antes. Una mera figuraci?n colectiva. Disfraces, retorica, uniformes m?s austeros y m?s enga?osos por ello, facetas o modalidades m?s solemnes de lo mismo, siempre odioso y siempre injusto, e invulnerable, lo mismo. Prefiero que a los hijos de puta se les nota que lo son desde un principio en la cara, al menos uno sabe a qu? atenerse y no hay que convencer a nadie, es mucho esfuerzo a?adido?. Es evidente que para este anciano profesor, avezado en guerras y traiciones, lo que cuentan son las personas y la distribuci?n o el escorado de su aparente intenci?n o credo pol?tico no son m?s que sofismas, ?ret?rica?, lo llama.

Aparecen m?s adelante referencias al Cromer-Blake de ?Todas las almas?, y a su enfermedad (sida), que se revela en la citada obra, ni tampoco en su reverso literario, Negra espalda del tiempo, donde por cierto se habla de la persona supuestamente referente de este personaje, como persona viva y en nada enferma.

A continuaci?n se informa por Peter que el nombre del narrador es Jacobo (en esto se van reiterando escenas que siempre andan a vueltas del mismo tema), aunque ?l mismo no lo revela claramente o lo confirma con contundencia, porque Luisa le llama Jaime y ?l m?s adelante asegura que su verdadero nombres es Jacques, por una dolorosa y enrevesada historia familiar (de todos modos nos va diciendo y diciendo en continuos y reiterados incisos parent?ticos que se trata del mismo nombre: mis nombre por varias designaciones).

Sigue un comentario sobre la pareja Beryl-Tupra. Wheeler, interesado en conocer la opini?n de Jacobo sobre Beryl, la novia de Tupra, le incita a una semblanza aparte de la reconvenci?n efectuada de un primer intento realizado sobre una previa apreciaci?n sexual. Al revelarse la aut?ntica esencia de la novia de Tupra, quien resulta ser realmente su ex mujer, Jacobo se lanza a una disertaci?n (que ?l mismo reconoce como digresi?n) sobre la verdad y la mentira en las diferentes perspectivas existenciales y vitales de las personas puestas en una situaci?n e impregnadas de unas circunstancias y unas proyecciones, as? como la posibilidad de acertar o fallar en su enjuiciamiento de los hechos. Se lee en la p?g. 119: ?Las mayores evidencias son negadas, lo que acaba de ocurrir y dos ha visto puede ser negado al instante por una de ellas, se niega lo que uno ha dicho u o?do ahora mismo, no ayer ni hace tiempo, tan s?lo un minuto antes. Es como si nada contara, nada se acumulara ni tuviera peso y a la vez fuera hundiendo, todo indiferente, sin c?mputo, sin memora, aire, pero aire sucio, y para ambos resulta desesperante, de manera distinta para cada uno y con m?s intensidad para el entristecido?.

Al volverse la conversaci?n sobre la vida persona pasada de Jacobo y su matrimonio, Wheeler reflexiona sobre la dificultad de explicar el meollo de las cuestiones, sobre todo las vitales y en especial dentro de ?stas, las sentimentales: ?[?] a veces resulta imposible explicar lo m?s decisivo, lo que m?s no ha afectado, y guardar silencio es lo ?nico que nos salva en lo malo, porque las explicaciones suenan casi siempre algo tontas respecto al da?o que uno hace o le han hecho? (P?g. 120).

El cap?tulo se cierra en el sentido indicado, hablando ambos interlocutores sobre la dificultad de pronosticar en las relaciones humanas. Esto entronca con uno de los temas principales de esta obra, el don de la presciencia que Wheeler atribuye a Deza y que ya reconoci? en otras personas (p?g. 111): el don que poseen algunos que conocen el futuro de otros, de saber qu? ser? de las personas. En esto se prefigura en Deza la ant?tesis de Tupra, pues el primero parece tener el don de adivinar qu? ser? de las personas que acaba de conocer, por una red de relaciones intuitivas de dif?cil, por no decir de imposible definici?n, mientras que el segundo parece poseer el don de hacer lo propio con las personas reci?n conocidas pero en el pasado.

En estas elucubraciones concluye el cap?tulo, con referencias a la cantidad de alcohol ingerido por ambos personajes.



[1] Prosigo con la lectura de TRM de Javier Mar?as, en el primer libro. ?Fiebre?. Edici?n Alfaguara 2002.

?


Tags: CEBRERO, JAVIER_MARIAS, Tu_rostro_mañana, novela, comentario, Fiebre, diario

Comentarios