Domingo, 06 de septiembre de 2009
Publicado por Curunir @ 12:19  | Rese?a
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Sinopsis argumental

Esteban Trueba, hijo de familia de hacendados, se encuentra con la tarea titánica de rescatar de la miseria el fundo de sus mayores: “Las Tres Marías”. Tiene el inconveniente de la soledad, lo que logra transformar en ventaja al transformarla en libertad, pues sus únicos familiares son su hermana, una mujer inútil, cuya vida no tiene otra finalidad que la de cuidar a la madre de ambos, enferma incurable que se pudre en la cama. Esteban, solo y libre, a fuerza de aplicar tesón en la explotación de tierra, ganado y hombres, logra hacerse rico. Vuelve para estar presente en la muerte de su madre y aprovechar este regreso para casarse con la hermana menor de Rosa, su amor de adolescencia, Clara, quien desde siempre mostró un lado de excentricismo que no abandonará incluso hasta de después de su muerte.

Ella acepta estoicamente como imposición del destino el enlace con el patrón de “Las Tres Marías” y se hace dueña por matrimonio del rancho y de la casa de la esquina, levantada por el novio durante el tiempo que duró el compromiso, hogar de los cónyuges y de la hermana de Estaban, Férula (nombre claramente simbólico), con la cual Clara congenia como si de su hermana se tratase, o tal vez de una amante (idea que siempre atormenta al marido y hermano). Férula despliega toda su eficiencia doméstica para eximir a la cuñada de cualquier contacto con el mundo y la deja en libertad para entregarse a sus excentricidades de siempre y a las sobrevenidas como consecuencia del embarazo de la primogénita. La casa de la esquina se convertirá en la casa de los espíritus, pues desde el principio pasa por ella toda la sociedad de Santiago (nombre elidido, como todo en la novela que tenga proyección pública).

La siguiente generación viene al mundo por el deseo de tener Esteban hijos legítimos, tras haber sembrado de bastardos todo el fundo, con especial mención del primero de todos para la consideración de los hechos posteriores, el nacido de Pancha García, hermana de su capataz Pedro Segundo.

Los nuevos tiempos vienen para ir acercando a las clases sociales, de manera que la infancia feliz de Blanca, la primogénita de Esteban y Clara, y Pedro Tercero, hijo de Pedro Segundo, se convierte en un idilio desenfrenado en la adolescencia y juventud. También para desgarrar los lazos familiares no necesarios, cuando Esteban celoso de poseer ya su propio apoyo, se deshace de su férula, y viendo lo apegada que anda su hermana a Clara, la echa de casa furibundo al descubrirla en la cama durmiendo junto a su esposa cuando regresa inopinadamente de un viaje repentinamente aplazado. Los óbolos obligados que dará a su hermana por conducto de un sacerdote no le redime de su conducta cruel y desagradecida, y Férula, incapaz de sufrir el hecho de no sentirse apoyo de alguien, muere en la indigencia haciendo obras de caridad.

La obra está repleta de información y de episodios estrambóticos, así como de personajes estrafalarios, como el suceso de la cabeza de Nívea, la cual no fue encontrada en el lugar del mortal accidente de tráfico que la mató junto a su marido y que Clara recuperó bastante tiempo después gracias a sus dotes adivinatorias. Cabeza que, ante la imposibilidad de ser enterrada en su momento, lo fue años más tarde junto al ataúd de su hija.

El resto de la obra es de lugares comunes. Esteban tiene dos hijos mellizos, tan inútiles  para ejercer de amos de la hacienda como él temía. Reciben educación británica (vista de inmediato como un descalabro emocional), que les aleja del mundo rural chileno y les hace tomar conciencia de su situación social en el mundo. Uno de ellos se hace místico después de haber obligado a abortar a su amante (Amanda) y el otro, que ama (a Amanda) se hace médico de pobres, y por ende el que practica el aborto dicho. Lugar común es el hecho de que la hija del patrón se enrede con el hijo del capataz ( invirtiendo los términos de la relación patrón-amo, pero con variantes que elevan moralmente al pobre frente al rico), y que el amor entre ambos sea fuerte como para superar el convencionalismo social y la furia del patrón. La hija de esta pareja (bastarda), Alba, nacerá en la casa de los espíritus después de un inútil matrimonio de conveniencia con un sicalíptico conde francés (que descubre la aventura de los amantes y provoca el estallido de cólera del patrón con el consiguiente enfrentamiento con Clara, incluida la agresión física en que pierde los dientes además de la consideración hacia su marido agresor, así como el enfrentamiento a muerte con el padre de la criatura a quien le corta tres dedos de la mano con los que se avía para tocar decentemente la guitarra). El nacimiento de Alba será contemplado a hurtadillas por quien más tarde será su amor, Miguel, el hermanito de la Amanda arriba mencionada, entretenida de Nicolás el cabeza hueca y volatinero de los dos mellizos.

Los tiempos cambian y Esteban se mete en política, y así representa durante varias legislaturas al partido conservador en el cargo de senador. En este puesto puede observar cómo el país va caminando irremisiblemente a posturas de izquierdas en demanda de soluciones más sociales y es el primero en advertir que las izquierdas pueden ganar las elecciones no tardando mucho, como Clara predijera y también como a ella ( Casandra) nadie prestara atención. No consigue tampoco impedir que tanto sus hijos como su nieta, con la que establece el único vínculo afectivo no violento de toda la obra, simpaticen con esta tendencia política, lógicamente aborrecida por él.

Clara se deja morir con sus dientes postizos, aquellas que tuvo que encajarse por culpa del único y último puñetazo propinado por su esposo, a quien no volvió a dirigir una palabra en su vida, por la airada discusión cuando lo del embarazo del bastardo de Blanca. Al morir, Clara se lleva también todo lo que con su personalidad llenaba la casa de la esquina, poblándola de espíritus.

La obra concluye con unos capítulos dedicados a narrar pormenorizadamente el golpe militar (de Pinochet) del 73 (en Chile). Asalto de los militares al palacio presidencial (de la Moneda), tras el boicot de la derecha para arruinar la economía de un país que finalmente había visto a un presidente de izquierdas elegido por el pueblo, y para provocar el caos social debido al estrangulamiento del exterior, sobre todo a las presiones ejercidas por USA (los gringos).

Uno de los personajes residuales, Esteban García, nieto bastardo de Trueba descendiente de Pancha, coronel del ejército donde ingresó por recomendación del su abuelo ahora senador, se encarga de secuestrar “legalmente” a la niña Alba, a quien somete por venganza a todo tipo de vejaciones y torturas. Es liberada gracias a la intercesión de Tránsito Soto, la meretriz que merced a la aportación de Esteban muy oportuna logró cierto día independizarse y montar su propio negocio. La única recomendación eficaz para liberar a un preso político frente a los militares aparece en la figura de la gran meretriz, nombrada con nombre y apellidos (como las Pilar Ternera y Petra Cotes[1], de Garciamárquez).

El relato de la muerte del presidente (familiar de la novelista) junto con sus allegados torturados, reventados poco después, entre los que se encuentra Jaime (posible sosias del presidente Allende), el hijo médico de Trueba, es pormenorizadamente detallado mediante una relación de primera mano.

La conciencia de la magnitud de la tragedia termina convenciendo al viejo senador del monstruo tiránico que ha contribuido a crear. Se reconcilia con su yerno natural, Pedro Tercero, antes de procurar su evacuación del país junto con su hija, camino ambos del exilio.

La obra termina con un monólogo de la nieta dando cuenta de la muerte de su abuelo y del estado de la casa de los espíritus (una alegoría del propio país, Chile). La recuperación de la voz, asumida al fin, abandonando la aséptica tercera narrativa que ha llevado hasta ahora, va relevando la esporádica del patrón que interrumpe el relato varias veces, para dar contrapunto y justificación de episodios referidos. Estilo instrumental para ir dando al lector un acercamiento afectivo a los hechos narrados conforme éstos se acercan desde el pasado al tiempo de la narración. Se apoya la nueva voz en 4 cuadernos escritos por Clara, los documentos que fue escribiendo su abuela durante años, donde reflejaba la vida de la familia y que comienza con la llegada del perro Barrabás, confiriendo al relato un tono ficticiamente cíclico (apuntado aquí de la nueva falta de oportunidad a que Garciamárquez se refiere al final de su magna obra[2]).

[1] Las meretrices (entiéndase también como mujeres naturales) oficiales de Cien años de soledad.

[2] G. García Márquez op. Cit.


Tags: CEBRERO, reseña, Allende, novela, Isabel, contemporánea, casa de los espíritus

Comentarios
Publicado por pablo
Jueves, 29 de abril de 2010 | 17:12
Sencillamente una obra monumental, que deja en claro lo que fue la dictadura de Pionochet y las rencillas entre la clase poderosa y sus sirvientes, que al final cornormaran parde de la sociedad chilena.