Martes, 25 de agosto de 2009
Publicado por Curunir @ 20:12  | Comentario
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ARTICULOS DE REVISTA DE OCCIDENTE NUM. 323

Una nueva clave que se ha impuesto desde las matemáticas es la aplicación de concepto de sistemas complejos para el estudio de las interacciones sociales, históricas y culturales. Es un concepto científico que dentro del mundo matemático tiene ya sus años, pero cuya aplicación en lo que se ha venido a llamar mundo interdisciplinar parece se está imponiendo como nueva moda o giro metodológico con el que se pretende dar a las disciplinas humanísticas un cierto barniz científico, por encima de lo que se ha conocido como ciencias humanas, expresión que muchos científicos de carrocería antigua se niegan a admitir. Esta urgencia por alinearse en esta banda de lo científico puro, parece haber avivado los rescoldos del antiguo positivismo científico que tanto dolor y trastorno ha llevado a las sociedades desde hace siglo y medio. Esta nueva aplicación de este concepto que ha dado en llamarse sistemas complejos, que como digo está intentado ser aplicado a las disciplinas humanas, concretamente a la filosofía y a la historia, parece perseguir el fin de ofrecer nuevas interpretaciones de los fenómenos históricos y de pensamiento, sociales y culturales en los distintos aspectos, quizá para, como también decía, ofrecer una nueva explicación de aquellos aspectos que han permanecido inexplicados o no suficientemente esclarecidos en los distintos períodos históricos o culturales.

Las proposiciones para el estudio del barroco desde los sistemas complejos se basan en la mayor o menor ambigüedad de los mensajes (como siempre la gradación marca el límite entre lo científico y la persecución de lo absoluto como medio delimitador de las ciencias humanas), en la medida en que los mensajes que se ofrecen en las culturas, cuanto más ambiguos mas indiciarios son de manifestar la complejidad de las estructuras socio cultural en que se dan.

En los estudios comparativos entre nuestra sociedad actual y la de los siglos XVI y XVII en Europa, se muestran grandes ambigüedades en los mensajes y la forma de ofrecerlos, así como en el hecho de recurrir a la explicitud de los que se dan, descubriendo a través de ellos (funcionan como marcos reconocibles), un mundo de sugerencia de diverso tono y varia interpretación. Esto no funcionaría  de todas maneras si la elección del periodo histórico concreto no estuviera guiada por un prejuicio (al estilo Gadameriano) que consistiría en adjudicar de antemano al mismo (el barroco, en este caso), la categoría de complejo. La aplicación y el análisis sólo vendrían como apoyatura instrumental para apoyar o intentar hacer irrefutable tal prejuicio convertido ya en argumento.

El método matemático puesto al servicio del estudio de estas ambigüedades que se dan por ciertas mediante el tratamiento de aquellas variables repetidas causantes de los mensajes ambiguos, se autoproclama voz autorizada para conocer el mundo barroco, y de paso, en la medida que se correspondan sus constantes comunes, también el nuestro por medio de extrapolaciones. El problema estriba en la dudosa objetiva en la atribución de la ambigüedad de los mensajes.

A pesar del bien desarrollado artículo, el Sr. Suárez nos da una muestra de un mensaje basado en la falacia de petición de principio, pues si de antemano no nos muestra por qué métodos matemáticos se describe la ambigüedad, no podemos aceptar de antemano la existencia de los mensajes ambiguos, y si esto no se explica convenientemente, ¿en qué elemento fundamental apoya la teoría de sistemas complejos sobre la base de tal ambigüedad?

No dudo de que estos sistemas matemáticos puedan aplicarse de manera eficaz a los problemas complejos que el hombre de hoy tiene que resolver; pero intentar aplicar este método en fase de prueba a un sistema del que se desconocen la mayor parte de las variables y éstas no vienen dadas por hechos empíricos, sino a través de mensajes que se autodenominan ambiguos y en lenguaje natural, me parece intentar hacer del perejil el aderezo de todos los platos sólo porque resulta eficaz en unos cuantos o en bastantes.

De todos modos es noble tarea y el artículo está bien escrito. Aunque debatiéndose con los problemas típicos de los textos que pretenden ser respuestas a preguntas no formuladas, no deja de ser a mi juicio más que una propuesta para convencidos.

 


Tags: CEBRERO, comentario, Revista de Occidente, Suárez, complejidad, barroco

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