Martes, 16 de junio de 2009
Publicado por neracare @ 20:28  | Ensayo
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TRISTANA- EL AMOR

 

Identidad de la palabra

 

       Cuando la obra de un autor es de unaingente, íbamos a decir excesiva riqueza, llega a sucederle lo que a lasciudades, y lo que a la misma naturaleza. Entre las ciudades las hay que seyerguen dominantes, definitorias de un país y, aun dentro de ellas, algunosmonumentos que las sellan y las ocultan. Análogamente sucede con algunasespecies naturales, con algunos dominantes lugares. La obra de don Benito PérezGaldós participa de estas dos formas de grandeza. Imponentes monumentos quedominan y caracterizan su obra, profusión de criaturas que se enraciman y aunse enzarzan con esa profusión enlaberintada de la estación tardía, de un otoñomás que maduro, de un ocaso. Las criaturas del alba inclusive.

      La novela Tristana, escrita en al plena madurez de su autor, queda comoalgunas obras  –El amigo Manso, Miau- conlas que tiene un íntimo parentesco, como una obra menor, marginal, de esas quese dan por añadidura, gotas del vaso que rebosa. Más quizá por lo mismo, o poralgún otro motivo, son obras singulares. Tristana,en verdad única.

      Merecería ser Tristana la obraúnica de su autor. Se destacan con brillo especial con singular nitidez lasobras únicas o casi únicas de un autor, alguien que pasó por el mundo apenasmarcado por el estigma de ser escritor o, tal como el Adolfo de Benjamín Constan, o ElGatopardo del Príncipe de Lampedusa. Suelen ser depositarias estas obrasúnicas, o casi únicas, del sentir no usado y de la no usada palabra de alguienque se identifica con la palabra recibida, al modo de ese papel que sostieneapenas entre sus manos desfallecientes “El Niño de Vallecas” de Velázquez. Unapalabra única que él ni tan siquiera leyó y que ofrece en ese desfallecimientosupremo del ser que es simultáneamente nacimiento y muerte, extinción del albaen un ocaso que la envuelve sin tocarla, que la deja al exalarse como unsuspiro o como un perfume que el sol ha mantenido prisionero.

      Tristana habría lucido con esemisterioso carácter proveniente de la íntima identidad de la palabra dada conla recibida, del cumplido encargo, de haber sido la sola obra de su autor. Y deser éste el mismo don Benito Pérez Galdós, le habría situado en las antípodasdel lugar en que la consideración de sus connacionales le han mantenido hastahace poco. Sabido es que el gran novelista fue sin más tenido por depositariode la vulgaridad, del “garbancismo”, se llegaba a decir, de la falta de estilo–como si eso fuera siempre una falta y no anduviera de sobra las más de lasveces- y por sabido se callaba de la total ausencia del pensamiento, desensibilidad, ¡ah! de arte. Tristanahubiera manifestado a un raro artista, a uno de sus raros que  coetáneamente en Inglaterra y en Francia sedaban y que ciertamente han sido recogidos con exquisito cuidado, dándolos aconocer, preservando su rareza. Y más raro todavía hubiera sido este auto deTristana, este descargado Don Benito –de obras y culpas-. Porque su persona ysus hábitos no estaban en modo alguno tocados de más rareza que una extremadadiscreción y aversión a hacerse visible y un cierto celo de su intimidad.Ninguna embriaguez le poseyó, salvo la del trabajo inagotable, pues, ni viajesa Oriente, ni drogas, ni el modesto vino fueron estímulo en su tarea. Algunaspersonas que mucho le conocieron, como don Rodrigo Soriano, que llegó a serembajador de España en Chile, decía que apenas hablaba y que su presencia enuna habitación entre otras personas pasaba desapercibida, que ni siquiera –creorecordar que me dijo-, estaba ausente. Que su vida amorosa fue intensa y másbien profusa, que tenia horror no sólo del escándalo sino de cualquier forma detrascendencia. Que no quiso nunca enterarse de ser “ Gloria nacional”. Unhombre así, autor de solamente Tristana,habría lucido o empezaría a lucir como la estrella “Aldebarán” –escribió donMiguel de Unamuno “rubí en la divina frente, Aldebarán”-  “Arturo” en nuestro firmamento. Y, dada la“temática” universal de la obra, en todo firmamento de cultura más o menosoccidental.

      Y como una marca más de obra única, aparece sobre Tristana, la mirada oel reflejo de los ojos enamorados de su autor. Su autor se mira en ella.

 

        De la obra "La España de Galdós" (Tristana- El Amor) Identidad de la palabra. Primera entrega.


          Textos de María Zambrano. Biblioteca de autores andaluces, 1989.

 

 


Tags: Pérez Galdós, Trsitana, María Zambrano

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