S?bado, 13 de junio de 2009
Publicado por neracare @ 12:48
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    Texto de Eugenio d´Ors: “Las oposiciones”.

 

 

                                            De vuelta a Madrid, toma parte en uncertamen para la decoración de la iglesia de San Francisco el Grande.

 

 

        El desquite de las desazones de Zaragozahabía que buscarlo en Madrid; y había que buscarlo en forma tal que hiriese enseguida la imaginación de los zaragozanos que le habían hecho sufrir. Hayformas de triunfo cuyo efecto no alcanza al paisano oscuro, al antiguocondiscípulo, al convecino celoso… Una vez, en un pueblo, visité a un amigonotario. Tenía el tal, y me mostró con complacencia, un cuadro en dondeaparecían las fotografías de todos sus antiguos compañeros de la Facultad de Derecho queterminaron los estudios en un año dado. Ante esas efigies, multitud derecuerdos se agolparon en la memoria de mi huésped, y, con insistencia senil,me fue diciendo de casi todos sus camaradas el destino y la carrera. “Éste hallegado a magistrado del Supremo”; éste es juez; éste, registrador de la Propiedad; éste se casó conuna mujer muy rica; éste se suicidó, el pobre…” La trayectoria del índice llegóasí hasta señalar, vacilante, a una cabecita muy bien peinada. Mi interlocutorbuscó, en vano, entre sus reminiscencias más vagas, alguna luz, algún indicio,correspondiente a la ficha de este compañero. “Éste no sé lo que se ha hecho”,dijo. Yo leí el nombre: era el de un titular del premio Nobel.

        Perohay una cosa que, en la consideración del español medio, produceinevitablemente un resultado casi mágico. Y es la obtención de un premio onombramiento mediante unas disputadas pruebas de certamen. España es un paísdonde, en cierto número de los libros que aparecen, la mención del autor vatodavía seguida por el siguiente raro título de gloria: “Catedrático por oposición…” Esto parece mucho máshonorífico que cualquier otra forma de obtención por obra o mérito.

        ElGoya de los primeros tiempos debió también de aspirar con ardor castizo a tenerlas cosas por oposición. Le vemos concierta avidez de concursos y de certámenes. Incluso de algunas horas de suvida, como la de su primera y breve residencia en Madrid, no queda hoy másrastro cierto, que el de su presencia como concurrente en alguna pruebaescolástica de esta índole. LE hemos encontrado ya como participante en uncertamen extranjero, el de Parma. Ahora, al salir del incidente zaragozano, elprimer desquite que se le antoja hacedero es el de ganar una competencia o lizaabierta a la sazón para decorar las capillas en el gran templo madrileño de SanFrancisco el Grande.

       Sabido es cómo las pruebas de este orden son muy largas y tienen undesarrollo muy lento. Durante un extenso período, el infeliz candidato,  reducido –por la inquietud del resultado, porla trascendencia del mismo, por la obsesión monográfica, por la incertidumbre yvariedad de las noticias que le van llegando y por la humildad, y hasta bajeza,que las circunstancias le imponen- a la categoría de subhombre, vive en unestado que no le deja aptitud ni tiempo para nada más, en materia de producción,de estudio o de vida. El opositor español clásico –y mucho de nuestros mejoresingenios han pasado su existencia en actitud de perpetuas “oposiciones”- noescribe nada, no pinta nada, no trabaja, no estudia, no se casa, no ama, noviaja, casi no come ni se afeita, en la irríquita expectativa de un resultadopara después del cual se ven aplazadas todas las tareas, todas las tentacionesy hasta la mayor parte de las necesidades… En Goya, una situación así durócuatro años, entre 1781, fecha de la iniciación del duro certamen, y 1785, enque la Corte,en la misma iglesia y con toda pompa, confirma el premio que el Jurado le hubode adjudicar… Cuatro años; y no puede quejarse, aún; no a todos la prueba lessale tan barata.

        El concurso de San Francisco el Grande teníaun tema obligado: “San Bernardino de Siena predicando al rey don Alfonso deAragón.”

 

 

De El vivir de Goya, de Eugenio d´Ors, obrade Ensayo. Capítulo II (XVI)

    

Tags: Goya. Oposiciones.

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