Mi?rcoles, 25 de marzo de 2009
Publicado por Curunir @ 19:26  | Rese?a
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Premio Goncourt de novela, de 1945. Fue concedido por unanimidad y en una sola votación

Se trata de una obra que cuenta en la versión de varios personajes todos del pueblo francés de Jumainville, la fase final de la ocupación alemana, concretamente los últimos meses.

Iniciando la novela un narrador general, aséptico, el omnisciente narrador de todas las novelas decimonónicas, en tercera persona y conocedor de hasta las últimas intimidades de los personajes sobre los que trata, va tomando la palabra cada uno de los personajes del pueblo, hablando cada uno de los demás, revelando sus inquietudes, sus pareceres y partidismos, así como sus rencores, insidias personales, rencillas y querencias, al modo de Faulkner en novelas coral. Incluso, el propio pueblo toma a veces la palabra para contar lo que ocurre en sus intersticios, en sus callejones y plazas, como su fuera otro ser humano.

Las acciones son retomadas por el narrador general que reconduce las acciones y cuenta someramente la conclusión o principio de las peripecias que posteriormente van a comentar los personajes del pueblo.

La obra se abre con una sonora bofetada que propina el padre de Elisa, una joven prototípica de la resistencia francesa, vista al modo romántico de la libertad guiando al pueblo, depositaria de una moral genuina que no aprueba ni los coqueteos corruptos de su amante, o novio, con los negocios sucios entre franceses y alemanes, concretamente los manejos con el mercado negro, que tanto desaprueba en su propia familia, concretamente en su padre y hermano.

Las cien primeras páginas nos presentan el elenco de personajes, que no son pocos. Cuentan con los que se benefician de hacer negocios con los alemanes, y apoyan su permanencia, los colaboracionistas, en especial las mujeres grisetas de bares y espectáculos, así como los asépticos, que aguardan lo que haya de ocurrir, se mantienen en una neutralidad poco aseada y demasiado tensa. Los colaboracionistas son el tendero, desde el primer momento vilipendiado, el cura, que lo hace por afinidad con la manera de pensar del régimen invasor, en lo referente al respecto a la ley y el orden, sobre todo el orden, y la cabaretera, que se aprovecha de su situación para castigar a sus vecinos por anteriores humillaciones.

Elisa es la figura central de la resistencia, mujer joven, libre y con ideas firmes, de libertad, honradez, que encarna los más altos y viejos valores de la Francia ahora humillada, la valentía, el desprecio por los cobardes, el desdén y la repugnancia que le merecen los negocios sucios con el enemigo y la amplitud de su ansia por la victoria final, después de una dura lucha. Está enamorada de un joven, al que la vida en la guerra está pervirtiendo, pero al que no ceja de apoyar y querer, apoyándose en un bello sentimiento.

Toda la obra está condicionada por esta alternancia coral de lo que sobre un mismo suceso. La estructura es fija y ha de seguirlo siendo hasta el final.

Toda la obra se concentra en este pueblo de Francia, incluso habla el propio pueblo, notando cómo se suceden los hechos por sus calles, cómo sus habitantes van medrando los unos a costa de los otros, la mayor parte obedeciendo egoístamente a la consecución de sus propios deseos o al atesoramiento de los intereses particulares, económicos, sociales y sobre todo, el deseo de sobrevivir de la mejor manera posible, aun a costa de la propia indignidad o de la traición a su pueblo.

No me gusta que se frivolice la sensación hasta el punto de hacer hablar al perro de uno de los protagonistas, porque, si bien se pretende dar con esto una sensación de universalidad dentro de una particularidad, el hecho de hacer que el perro se incluya entre las personas, remite a una extraña sensación de animalización que puede espejarse en el propio Hitler, a quien dispensaba mayores cariños y caricias a su perra Blondi que a las personas que lo rodeaban.

Tampoco creo acertado el hecho de que hable el jefe de la policía alemana que actúa como delegado del Reich en el pueblo; porque desvía el sentido coral que quiere darse a la narración, y sobre todo es la voz disonante en un coro de resistentes. Se diluye el contexto de la palabra "pueblo" como nación o conjunto de paisanos de un mismo país que defienden su integración geográfica y cultural al incluir al nazi invasor, y rebaja el concepto hasta convertirlo en el miserable villorrio en el que transcurre la acción.

El estilo es Faulkneriano, aunque no bien asimilado. Pues si bien en Faulkner es lícito considerar que la novela coral está formada por toda la naturaleza, incluido el hombre y su contorno, procede de un trabajo estilístico en que el hombre anda tan bestializado que forma parte de esa naturaleza de la que se empeñan los estudiosos por extraerlo sin conseguirlo. Estoy pensando, por supuesto, en "Mientras agonizo" y en menor medida "El sonido y la furia", siendo esta última el paradigma de este tipo de novelas, pero condicionada por el supuesto estado mental del narrador principal de la misma.

La novela pierde mucho, porque se averigua el final. Suceden una tras otra, acciones luctuosas, muertes y defecciones. Y cuando la noticia del desembarco en el norte de Francia parece precipitar los acontecimientos, termina la obra con moralina incluida. Parece este lugar común en las obras de la resistencia francesa, y recuerdo con esto el final de la novela leída anteriormente, la de Elsa Troilet "El primer desgarrón…".

No es demasiado aconsejable, por su estilo aburrido y sin garra. Tampoco hubiera sido posible que yo leyera esta obra de no haber sido galardonada con el Goncourt de 1945 y formara parte de una colección de estos premios, cuya lectura nadie me podrá censurar estar haciéndola de la manera más paciente y ecuánime.


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