Domingo, 15 de marzo de 2009
Publicado por Curunir @ 20:45  | Ensayo
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3. ARTE Y SOCIEDAD

 

El arte, reflejo de la sociedad

 

    Los interrogantes sobre la relación artista-obra de arte pueden extenderse al plano social y plantearse las conexiones sociedad-obra de arte. ¿Expresan las creaciones artísticas las estructuras de una sociedad en un período histórico? Algunos estudios para determinar tal relación han sido realizados en los últimos años; así FISCHER en 1961 intentó demostrar, mediante el análisis de las características de un estilo, la conexión entre las estructuras sociales y los rasgos estilísticos y confirmar el supuesto de que el arte otorga expresión simbólica a los pensamientos y deseos de los miembros de una sociedad. HUYGHE califica gráficamente al arte de sismógrafo: “Lo mismo que un sismógrafo ultrasensible, registra los deseos y temores, la manera de concebir la vida y el mundo, las emociones familiares y el modo de vibrar propio de los hombres de una misma fe, de una misma raza, de una misma cultura…”.Uno de los grandes teóricos de la historia del arte, ARNOLD HAUSER, ha construido sus principales obras (Historia social de la Literatura y del Arte, Sociología del Arte) sobre este planteamiento de la obra artística como expresión de una realidad colectiva.

 

Influencia de la sociedad en el artista

 

    Las lagunas en la investigación son todavía numerosas pero parece indudable que el monumento, el relieve, los frescos, los retablos, incluso el retrato, es decir, las obras de arte, no son simplemente la expresión de un artista individual sino que traslucen además múltiples aspectos de una época, de una sociedad, o al menos de un grupo social o de una institución. No implica tal vertiente supraindividual un determinismo, la génesis de la creación artística exclusivamente por una presión estructural. Entre otras cosas la época no condiciona la calidad, no aclararía cómo en el seno de una misma sociedad surgen el artista genial y a su lado figuras mediocres. HAUSER reconoce que la última palabra la tiene el genio individual, pero la penúltima puede estar dictada por aquellos que tienen el poder o el dinero. El artista es libre, pero sus deseos están influidos por una serie de elementos ajenos a él: encargos, gustos de la clientela, obras de otros artistas contemporáneos, circunstancias excepcionales que surgen en su biografía (una guerra, por ejemplo, altera los valores colectivos y al mismo tiempo los que informan la producción de los artistas). “Si se concede que la criminalidad tiene presuposiciones sociales, no es comprensible por qué no ha de concederse también que la creación artística esté condicionada socialmente” (HAUSER). Especialmente el elemento mental, las ideas y valores que nutren la creación, no aparece por generación espontánea dentro del alma del artista sino que se desarrolla en la educación y las vivencias sociales.

 

Independencia y relación del arte y de la sociedad

 

    En cualquier caso, aun aceptando que el arte es en su expresión máxima un lenguaje y que transmite no sólo contenidos individuales, ha de esquivarse cualquier paralelismo cerrado, del tipo de sociedad culta-arte rico o sistema político arcaico-arte pobre. La actividad de los artistas florece misteriosamente en las circunstancias más adversas. Una de la creaciones plásticas más esplendidas del arte antiguo, por ejemplo, es el relieve asirio, a pesar de que su sociedad y estructura política estuviese montada sobre bases de un terror y crueldad inauditos que no consideramos las más idóneas para el estímulo de la sensibilidad. No obstante, en términos generales, el estudio del arte no debe separarse del estudio y comprensión de las sociedades, y difícil sería entender el Barroco sin una referencia al absolutismo monárquico, o los arcos de triunfo romanos prescindiendo de lo que suponen para la Roma imperial, o el Romanticismo sin ninguna referencia a circunstancias históricas, como si DELACROIX hubiera podido pintar de la misma manera en cualquier siglo. El arte es historia, no sólo técnica, y es lenguaje de una época, no sólo de un hombre.

 

 

4. LOS ESTILOS ARTÍSTICOS

 

Definición del estilo

 

    La palabra estilo deriva del latín stilus, punzón, que los romanos utilizaban para escribir; pero en griego stilo significaba columna, y como ésta era el elemento más singular y personalizado de la arquitectura, cabe decir que la palabra estilo, en su origen, significaría el modo especial de hacer literatura o arquitectura. En arte se trata de un concepto fundamental; sin él careceríamos de los elementos que distinguen a todas las creaciones de una misma época y del sentido de la evolución de las formas.

 

    Las denominaciones surgieron de modo lento. Aunque en el siglo XVI se habla de manera poco concreta de estilos, no se aplican definitivamente a las arte plásticas hasta los estudios que en el siglo XVIII efectúa WINCKELMANN del arte griego y del ulterior análisis de HERDER sobre el arte gótico. El apelativo gótico se aplicó a un arte cuyos orígenes se atribuían a los invasores del Imperio Romano; el término rococó se acuñó por los discípulos de DAVID para ridiculizar el estilo pretencioso del reinado de Luis XV en Francia; la palabra románico empezó a emplearse alrededor de 1819 para indicar una corrupción del arte romano.

 

    Sobre el supuesto de que existe un arte clásico, que se destroza o se respeta sucesivamente, se estableció una seriación de estilos: clásico, posclásico, románico, gótico, renacentista, manierista, barroco, rococó y neoclásico, a los que más tarde se añadirían los ismos de los siglos XIX y XX.

 

El estilo y su morfología

 

    La idea de que en cada época una serie de rasgos comunes de tipo artístico pueden encontrarse en tan diversas manifestaciones –arquitectura, escultura, pintura- es la base de la famosa obra de WÖLFFLIN, Conceptos fundamentales de la Historia del Arte. Así puede hablarse con entera propiedad de arquitectura barroca, pintura barroca, música o literatura barrocas.

 

    Esta tesis, que otorga a cada estilo una morfología, una serie de rasgos formales comunes deja sin explicar el proceso de evolución y desintegración de los estilos. Algún tratadista lo ha basado en innovaciones técnicas: por ejemplo la bóveda de crucería a finales del XII o el hierro en el XIX cambian el estilo en arquitectura; pero quizás es sólo una de las explicaciones posibles o aplicables únicamente a momentos concretos, porque también los cambios de estilo pueden deberse a otras muchas razones: cambios sociales, ideológicos, religiosos, políticos y muchos más.

 

Análisis biológico del estilo

 

    Con cierta frecuencia se ha analizado un estilo con criterios biológicos o psicológicos; la forma artística de una cultura nacería, encontraría su plenitud y finalmente degeneraría en un período de cansancio. Así nos encontraríamos con tres fases: arcaica, en que se inician las formas, clásica, o de madurez, y barroca, momento en que se intenta enmascara el agotamiento formal con un aumento del aparato ornamental. Según esto cada período clásico tendría su barroco; es, con diversos matices, la postura de EUGENIO D’ORS.

 

    Pero no resulta fácil generalizar esta secuencia. En primer lugar en algunos momentos existe antes del Barroco una fase manierista, en la que se pierde el equilibrio espiritual del Clasicismo pero no se recurre todavía al adorno, como  HAUSER ha estudiado para el período que sigue al Renacimiento a finales del XVI; y por otra parte no puede hablarse en el Barroco del siglo XVII, especialmente en pintura, con figuras estelares como VELÁZQUEZ, REMBRANDT y RUBENS, de un período de cansancio o de agotamiento creador.

 

    Con las limitaciones que el encuadre del arte supone, y a pesar de las protestas de algunos creadores contemporáneos, que se sienten encasillados, el estilo permite el análisis de los elementos comunes, técnicos y de sensibilidad; ha influido en los artistas, a los que estimula la conciencia de estar integrados en un movimiento o escuela, y permite buscar en la historia del arte unas secuencias, un sentido. No exagera HAUSER cuando escribe: “sin él tendríamos, todo lo más, una historia de los artistas”; mejor diríamos unas biografías de los artistas, ya que el término historia implica una dirección y unas dimensiones colectivas.

 


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