Mi?rcoles, 12 de noviembre de 2008
Publicado por Curunir @ 19:40  | Comentario
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TEXTO NÚMERO DOS

GUZMAN DE ALFARACHE, DE MATEO ALEMÁN.- SEGUNDA PARTE

 

No cabía en sí Favelo del gusto que recibió cuando supo haberme de llevar consigo. Prevínose de regalos con que poder entretenerme, como si mi persona fuera la del capitán general. Yo llamé a mi criado y díjele lo que me había sucedido, que ya era tiempo de arremangar los brazos hasta los codos, porque teníamos grande amasijo y harta masa para hacer tortas. Apenas hube acabádoselo de decir, cuando ya centelleaba de contento, porque deseaba salir a montear.

Luego se trató en el modo de la venganza y yo le dije: “la mayor, más provechosa y de menor daño para nosotros, es en dinero”.

“Eso pido, y dos de bola[1]- dijo Sayavedra -, que la cuchilladas presto sanan; pero dadas en las bolsas, tarde se curan y para siempre duelen”.


 

COMENTARIO

El texto propuesto es un fragmento perteneciente a la Segunda Parte de Guzmán de Alfarache, novela de género picaresco escrita por Mateo alemán y publicada en 1604. Para iniciar la localización de la obra y referirla al conjunto de la producción total del autor, ver el comentario del texto numero uno.

Para enfrentarse con la lectura de esta segunda parte, hay que tener en cuenta los avatares que acompañaron la gestación y la creación de la obra hasta ver la luz. Alemán, a l avisa de que un médico llamado Juan Martí, a quien probablemente contara las peripecias de la segunda parte original que ya debería haber compuesto casi en su totalidad allá por 1601, le había usurpado no sólo su criatura propia sino también el argumento por él inventado para ella, publicando por su cuenta la segunda parte de Guzmán de Alfarache en 1602, bajo el seudónimo de Mateo Luján de Sayavedra, tiene que reescribir su obra casi por completo. Esto repercute indudablemente en las primeras intenciones del autor, en la creación de nuevas peripecias que lo alejen del libro de Martí, y de nuevos personajes. Uno de ellos en concreto, de nombre Sayavedra, en el que los críticos no sólo han visto a la persona de Juan Martí sino también al propio guzmán apócrifo, le va a servir a mateo Alemán como objetivo concreto de su muy cruel y acérrima venganza literaria.

Así pues, Alemán ha de inventarse una nueva historia para la segunda parte de su Guzmán, el “verdadero Guzmán”. Habiendo concluido la primera parte de esta obra dejando al pícaro en roma al servicio del embajador, esta segunda comienza en la misma circunstancia y como continuación directa de aquélla. Por culpa de varias peripecias vergonzosas que la habladuría de la gente hace públicas, en especial del revolcón del puerco, guzmán se ve obligado a abandonar roma y pone rumbo a Florencia. Tras conocer a un pillastre ladrón, Sayavedra, es robado. Guzmán descubre que el tal Sayavedra ha colaborado en el robo, lo denuncia sin perder tiempo, siendo éste apresado por ladrón momentos más tarde. La condena para Sayavedra es el destierro; así Guzmán puede fácilmente tomarlo a su servicio. Ambos, amo y criado, llegan a Génova en donde Guzmán cobra venganza de sus avaros parientes y embarca luego rumbo a España. En el trayecto, en medio de una tormenta y enloquecido por unas fiebres que le hacen creerse el verdadero Guzmán, cae Sayavedra al mar y muerte ahogado. Guzmán llega a España. Se casa por interés; enviuda; se vuelve a casar con una mujer, Gracia, a quien pervierte utilizándola de ramera, convirtiéndose él en un rufián. Abandonado por su mujer, Guzmán es descubierto en uno de sus innumerables hurtos y condenado a galeras a perpetuidad. Su envilecimiento llega a culmen cuando se convierte en confidente de la autoridad. Tras una confesión de dudosa piedad y con objeto de conseguir el indulto a cambio, guzmán delata una tentativa de fuga de sus compañeros de infortunio. El libro concluye con la promesa explícita de una tercera parte.

El fragmento propuesta pertenece a la parte central correspondiente al segundo libro de los tres que consta. Anteriormente y tras su llegada a Génova, Guzmán había contactado con el capitán de un navío, Favelo, que ha de zarpar rumbo a España cuando le convenga al pícaro. Más tarde llevara a cabo Guzmán el robo de sus parientes y la consulta que hace a su criado Sayavedra sobre el  modo de realizarla, así como la expresa y directa reacción entusiastica del criado al percatarse de que puede sacar provecho material de dicha venganza.

El tema del fragmento puede resumirse así: planteamiento de la venganza que hace Guzmán y la reacción aduladora previa del capitán Favelo y favorablemente egoísta de Sayavedra, al conocer ambos las intenciones del primero.

Según la estructura, el texto puede dividirse en tres apartados:

Apartado a) Líneas 1 – 3: --- “general”.- reacción de Favelo.

Apartado b) Líneas 3 – 6: “yo – montear”.- Comunicación de intenciones por parte de Guzmán a Sayavedra y la reacción de éste.

Apartado c) Líneas 7 – 10: “Luego – duelen”.- Planteamiento de la venganza. Opinión favorable de Sayavedra.

Apartado a)

El primer enunciado describe la reacción del capitán Favelo. Procede esta reacción de una situación previa al tema. La frase “no cabía en sí Favelo del gusto”, justifica el tema incorporando un giro propio del habla popular, característica de la picaresca. El segundo enunciado muerta plásticamente la reacción aduladora característica del tema, a través de palabras (“regalos”) y del giro sintáctico comparativo, ciertamente vanidoso, de Guzmán: “como si mi persona fuera la del capitán general”. El efecto destacable de esta postura aduladora de Favelo repercute en la persona de guzmán, realzándola, magnificándola. El uso elíptico de “mi persona” en lugar del pronombre personal “yo”, o “mi”, apunta hacia la idea elativa que el propio Guzmán tiene de sí mismo al hacer posible la comparación de su estatus social con un cargo oficial de alto rango jerárquico en la escuela militar y de reputación social intachable. El uso del pronombre enclítico del verbo, tan característico en las letras clásicas españolas, sitúan el texto entre las producciones de los siglos XVI-XVII. Por ejemplo: “Prevínose”.

Apartado b)

La consideración social hace tan feliz a Guzmán que no puede pasar sin contarle a su criado lo sucedido: “Yo llamé a mi criado y díjele lo que me había sucedido”. El uso del pronombre “yo, seguido del CI “mi criado” refiriéndose a Sayavedra, representa una manifestación de la personalidad, reivindicando para sí el papel de protagonista de la acción, cosa que, como hemos visto, constituye el elemento principal del tema: la acción de Guzmán es la que encadena las reacciones (Guzmán = causa; reacciones de los interlocutores = efecto).  Es elemento de contraste el uso del pronombre “yo”, con lo que dijimos antes de la consideración elativa que Guzmán tiene de su propia persona. Tenemos, pues, a un Guzmán actante principal y centro desde el cual surge la idea de la venganza. El hecho de que aluda a Sayavedra como “mi criado” representa una repercusión psicológica del engreimiento vanidoso que le ha producido a Guzmán saberse, según el término usado en retórica, “persona que domina la situación”, y que es capaz, por lo tanto de cambiarla en todos sus extremos a voluntad.

Seguidamente declarar Guzmán las intenciones valiéndose de un símil, cosa normal en la época, sobre todo a partir de los erasmistas. En esta ocasión, la comparación evoca el trabajo del panadero; lo que indica claramente la clase de trabajo (manual, metódico y plebeyo) a que tiene que someterse: “que ya era tiempo de arremangarse los brazos hasta los codos, porque teníamos grande amasijo y hasta masa para hacer tortas”. El tema se ve justificado en la representación de la declaración de intenciones de Guzmán; el hecho de que recurra al símil no es más que el procedimiento clásico de la comparación, puesto de moda por los humanistas, pero que se da ya en Homero. El que aluda a un trabajo manual considerado socialmente de baja enjundia, responde al carácter aplebeyado de este tipo de novelas. Ahondando más en la significación de este fragmento, se me ocurre que el uso de tal comparación nos hace evocar la frase que suele utilizarse al referirse a los ladrones descubiertos “in fraganti”: “con las manos en la masa”. La comparación se vuelve vista así, una metáfora poderosa y continuada de alto poder significativo. Estas comparaciones mantenidas le confieren al texto un efecto de claroscuro continuo que es característico del barroco literario. Aumenta el inventario de pronombres enclíticos al verbo: “díjele, “acabádoselo”.

La reacción del criado de guzmán revela una actitud positiva:”apenas hube acabádoselo de decir, cuando ya centelleaba de contento, porque deseaba salir a montear”. El tema está igualmente confirmado por el uso de la metáfora “centelleaba”, Sayavedra estaba muy alegre, eufórico. Esto, sin embargo, necesita matizarse. Vemos que en la confirmación del tema subyace un elemento de claroscuro: la repercusión, el eco temático no se encuentra en el personaje mismo. No es la intención de Guzmán (causa) lo que interesa a Sayavedra, sino el fin de la causa (efecto), es decir, el robo. Encontramos una nota que envilece ciertamente el carácter de este personaje. La acumulación de metáforas culmina con la que refleja el deseo del criado de guzmán:”montear”, cuyo significado literal es:”Buscar y perseguir la caza en los montes”. La razón del uso de tal verbo se debe principalmente a la actitud rapaz de Sayavedra, ladrón de ladrones: no le interesan los motivos del robo, sino el robo mismo, la caza sin más objeto que el propio beneficio material sólo así ha de entenderse la reacción de Sayavedra como positiva, y solo así se confirma esta idea expresada en el tema.

Apartado c)

“Luego se trató en el modo de la venganza”. La venganza considerada como tal desde el punto de vista de guzmán. El autor – protagonista acerca al lector al máximo a los personajes, para que éste observe claramente sus reacciones. Guzmán da la idea que él tiene de la venganza:”La mayor, más provechosa y de menor daño para nosotros, es en dinero”. Aquí está claro que lo que le interesa a Guzmán es causar el mayor daño posible a sus enemigos recibiendo el menor contratiempo posible de ellos; al mismo tiempo intenta atraerse a su criado por la vía que sabe puede interesarle más: el dinero. “La mayor”, “la más provechosa”, “Menor daño”, todo el plan de guzmán confirma el tema dotándolo con estas expresiones de significados muy difuminados; tenemos ante nosotros, pues, nuevamente los efectos de claroscuro.

La reacción de Sayavedra es interesada y egoísta; claramente se observa que su conducta favorable no obedece a otro móvil que a la posibilidad de sacar provecho de la venganza de guzmán. Después de una exclamación vulgar, propia de la novela picaresca, relativa al juego de la argolla, que no hace más que justificar la actitud eufórica, positiva de éste: “Eso pido, y dos de bola”, aprueba felizmente con una máxima a modo de apotegma, de clara influencia erasmista, la intención de Guzmán:”que las cuchilladas presto sanan; pero dadas en las bolsas, tarde se curan y para siempre duelen”. Esta reacción, transcrita por el autor en estilo directo, nos muestra la faceta egoísta que antes referíamos cuando interpretábamos la favorable predisposición de Sayavedra ante los planes de guzmán. Las frases, transcritas en forma de diálogo, no son más que otra manera de presentar a los personajes, a modo de perspectiva, recurso éste muy utilizado posteriormente por Cervantes. La actitud de Sayavedra se corrobora en esta intervención directa; así también hay que entender la justificación del tema de la misma manera que se describe en el apartado b).

El presente fragmento nos acerca al ámbito contumaz del hampa, en donde soterrados intereses hacen que individuos viles y cobardes se hermanen para perpetrar tropelías. Utiliza el autor el lenguaje en sentido figurado, comparaciones que nos hacen imaginar el sórdido tejer de las criaturas de las sombras. El tema aparece velado por el procedimiento del claroscuro, que refleja el fingimiento de los malhechores en busca cada uno de su propio beneficio. Por el lenguaje utilizado, frases comparativas, metáforas mantenidas, alusiones y pronombres enclíticos al verbo conjugado, comprobamos que se trata de un texto perteneciente a  nuestras letras clásicas.

El argumento no carece de elementos para hacernos afirmar que está medidamente presentado; pero se nos antoja demasiado sórdido en su mensaje, muy tremendo. Lejísimo de la cándida ingenuidad de las bromas intrascendentes del Lazarillo, este fragmento en donde se planea un auténtico asalto, un robo, un delito, resulta bastante desolador; deja mal sabor de boca, asimismo, la ironía amarga que recorre el fragmento, el cual empuja al lector inevitablemente hacia el pesimismo, porque una cosa es deleitarse con las bromas del pícaro, truhan y bromista, motivado por la necesidad y el hambre y otra asistir a las tropelías de un malvado delincuente movido por la venganza.

 



[1] La frase deriva del juego de la argolla.


Tags: CEBRERO, comentario, Guzmán de Alfarache, Mateo Alemán, literatura, novela picaresca

Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 18 de febrero de 2010 | 10:06
muchas gracias me ha servido de mucho