Viernes, 24 de octubre de 2008
Publicado por Curunir @ 19:50  | Ensayo
Comentarios (0)  | Enviar

LENGUA Y ESTILO

La lengua de Quevedo es “ingeniosa”, tomado el término como un violentar del objeto que destaca el problema de la apariencia. Lo ingenioso se produce cuando existe la crisis, cuando el espíritu de una época está en decadencia. Es el momento en que empieza a dudarse de los sentidos  de la ciencia. Esto hace que la descripción no se base en lo sensorial ni en lo intuitivo, sino en lo ingenioso.

En la descripción del dómine Cabra, por ejemplo, no hay ser vivo alguno, sino la personificación de una figura alegórica: hambre-avaricia. El mismo nombre conduce a una idea indicativa preconcebida. La figura no se ve como algo orgánico desde el interior, sino como una suma de rasgos sueltos, por separado: esta suma de rasgos sólo produce un autómata con un fin cómico. Se sigue en la descripción la receta renacentista de la composición:

ü     Parte superior: cabeza rostro.

ü     Parte inferior.

ü     Porte y aseo.

ü     Indumentaria.

ü     Aposento.

La enumeración de las distintas partes del cuerpo que conducen a una actitud y maneras psíquicas componen la imagen de la avaricia y el hambre. Al descubrirse desde fuera estas partes del cuerpo no conforman un organismo interno total, sino una ilusión; algo totalmente opuesto al realismo. La contemplación es sustituida por el ingenio, la combinación y la interpretación. Es principal el uso de “como si”.

En lugar de modo de ser de los miembros se consigna a veces la causa de ese modo de ser: duerme de un lado, por no gastar.

La suma de rasgos conductibles a un mismo denominador (hambre –avaricia) no intensifica el conjunto, sino que recarga la descripción de palabras. Sin embargo, Quevedo acierta a través del habla a reproducir una sensación anímica dentro del monigote que acaba de describir. No nos es dado conocer el alma de Cabra, no sabemos el porqué de su conducta. Su muerte se lleva el secreto. El cuerpo de Cabra es ficción; su alma, ideal e ilusión.

Esta tesis de la ingeniosidad del lenguaje está mantenida por Leo Spitzer en un estudio sobre el estilo de Quevedo en el Buscón.

Raimundo Lida intenta analizar los propósitos del narrador de la obra a través del estudio estilístico. Estos propósitos, dice, son simultáneos a la hora de escribir: la narración y la sátira. No le preocupan al narrador ni la verosimilitud ni la unidad de la historia.

La obra busca la lectura de un público cuasi escritor: crítico, gozador de las burlas de lenguaje afectado y cultista. El verbalismo no es pues gratuito, sino plagado de astucia e intención. Este lenguaje sirve a la acción: el pícaro, con la elegancia de los vocablos, atrae a los incautos, y destaca esta función el calculado uso de la elocuencia.

Este lenguaje instrumental y pragmático se complementa con el lujo verbalista. El barbero desea llamarse “tundidor de mejillas y sastre de barbas”- pueril e inútil pretensión de refinamiento. Apunta a lo cómico. Los rasgos del carácter carecen de la articulación necesaria para una descripción orgánica, individualizadora.

En el Buscón resaltan los regionalismos, las interjecciones, los votos soeces, el habla cruda y las irreverencias, ajenas en muchas ocasiones a la marcha del relato. No se persigue la verosimilitud, sino la condensación para causar el efecto cómico. Cabra es el nombre del que suministra la comida; los pupilos comen carne de Cabra: comen un poco del nombre del maestro. Este es uno de los innumerables detalles de ese lujo verbalista antedicho.

Un cúmulo de pormenores grotescos vienen a cubrir y agitar la abstracción del hambre del pupilero: juegos conceptistas, episódicos y ocurrencias, burlas, contraste entre el estilo ínfimo y la parodia de estilo sublime. Esto no configura nunca un carácter individual.

Alborg sigue fielmente a Lázaro Carreter: todo el interés de su explicación radica en la valoración del contenido. Concede por descontado el estilo conceptista. Pone varios ejemplos extraídos de la obra en los que se observa este estilo deformador y recargado.

La idea principal de su explicación se basa en la consideración de la novela como libro de burlas, sin compromiso moral: todas las críticas son lanzadas contra estamentos respetados o contra personajes tópicos que desempeñan empleos humildes; pero sin finalidad alguna. Esto nos lleva a la conclusión de que el Buscón puede considerarse más un libro de ingenio que una novela picaresca pura, y a que aunque toma los principios de ésta se limita a deformar sus figuras con una finalidad puramente literaria. Quevedo utiliza el buscón para reírse despiadadamente del hombre en quien no cree; por eso, el paisaje permanece como fondo neutro del cuadro, sin más función que el enmarcar las siluetas humanas. Estas, aunque caricaturizadas, alcanzan en el Buscón individualidad propia, distinta de la encarnación de ideas lo clases sociales o categorías humanas, debajo de estas caricaturas existe el hombre.

Concluye Alborg concediendo al Buscón todas las formas de la literatura conceptista y proponiendo la obra como una de las más características de este estilo barroco. Como valoración, Alborg finaliza afirmando que la peculiaridad de esta novela radica en su falta de protesta social y didactismo, en lo que coincide directamente con la conclusión de Lázaro Carreter

Tags: CEBRERO, ensayo, novela picaresca, Buscón.Quevedo

Comentarios