Mi?rcoles, 22 de octubre de 2008
Publicado por Curunir @ 21:06  | Ensayo
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CONTINUACIONES

La Segunda parte apócrifa del Guzmán de J. Martí (firmado Mateo Luján), inicia la carrera de la novela picaresca que aprovecha obras u tipos de éxito y prestigio recreándolos con cierta fidelidad en sus rasgos esenciales, pero sin la misma seriedad y profundidad en los contenidos.

Se escribieron una segunda y tercer apartes del Guzmán.

Después apareció, entre el período de publicación del Guzmán a la publicación del Buscón una novela enigmática y de carácter ambiguo, donde por primera vez el pícaro no era tal, sino pícara. Se trata de “La pícara Justina” y su autor es Francisco López Úbeda.

Antes de acabar, para adentrarnos en el Buscón, conviene repasar por encima el estudio que realiza Brancaforte en la misma edición del Guzmán apócrifo. Las conclusiones de Brancaforte, apoyadas en la segunda parte del libro de Mateo Alemán, nos dan una idea más clara del talante personal y discutida figura del genial escritor.

Las ideas principales de Brancaforte acerca de la reacción de Alemán contra el robo literario de Martí están tomadas del análisis efectuado a la segunda parte del escritor sevillano. Dejando a un lado los detalles que justifican dicha reacción con el fin de intentar una demostración del dudoso carácter cristiano del autor (justificación de poco valor específico si se apoya en esta tesis, ya que el crítico toma las creencias puras del cristianismo sin tener en cuenta el carácter real de la persona, porque el ser o no ser cristiano convenido no obsta para cometer las más viles acciones: para Brancaforte, hasta los cristianos viejos no son cristianos); la postura de alemán ante el usurpador literario es de venganza literaria.

No vamos a juzgar esta reacción, muy lógica, por otra parte, del ser humano y del artista. Podríamos justificar a alemán si lo comparamos con Cervantes. Ambos son caracteres forjados en la adversidad, pero tienen rasgos distintos; la venganza, pues, es diferente en su forma en ambos casos: Alemán busca sin piedad la caída de su enemigo y la va adobando con las críticas y denuestos de los fallos del ladrón, Cervantes se burla, también despiadadamente, de la falta de pericia del usurpador, es una chanza sutil y malévola, caso una sátira. No obstante, en el caso de alemán existe el agravante del robo descarado por parte de Martí de las ideas que sobre la segunda parte de su obra tenía escritas el escritor sevillano; Avellaneda no dispuso de las ideas de Cervantes para su provecho. De todas maneras, no se interesa el alargamiento excesivo de este tema; pero no quería dejar de decir mi opinión sobre los injustos medios que utiliza Brancaforte para refutar su teoría acerca de la simonía de Alemán.

La explicación completa de la venganza literaria ejecutada por alemán es demasiado extensa, por lo que podemos resumir los pasos más importantes que sigue el autor en su novela para reafirmar y autentificar su personaje en detrimento y descrédito del Guzmán apócrifo.

Creación por desdoblamiento del pícaro Sayavedra, el cual comienza su andadura defendiendo gratuitamente a Guzmán y luego robándole toda su hacienda: “personalidad”.

Los nombres de Sayavedra, así como los de su hermano coinciden con los nombres, verdadero y pseudónimo, del usurpador literario, con lo que la referencia a la realidad se hace palpable en todas las acciones.

Sayavedra es descubierto por Guzmán. La personalidad de éste se superpone a la de aquél y se confirma su hegemonía. Guzmán acepta a Sayavedra como criado; la dependencia del falso Guzmán ante el verdadero, se hace patente.

Alemán corrige la plana a Martí página a página, recreando y acabando de perfilar el personaje de éste. Por ello, obliga a Sayavedra a volver con Guzmán a Génova y participar en el robo de éste a sus familiares.

Una vez consumado el robo, Sayavedra muere ahogado en el mar cayendo por la borda del bajel que traía a él y a guzmán de vuelta a España, cuando, en medio de una borrasca, le sobreviene un ataque de locura que le hace reconocerse como la sombra de Guzmán. La falta de puede del protagonista de Alemán ante este incidente, remata el carácter implacable de la venganza literaria.

El acto de Martí es un robo literario; el acto de alemán es una venganza literaria. Desde el punto de vista moral, tan injustificado puede ser uno como otro acto; de todas formas, no es lícito, a i juicio, desvirtuar el carácter de una persona que intenta defenderse de un agravio. Después del “guantazo” provocador de Martí, Alemán no tenía más remedio que empuñar su arma y luchar por su fama, por su honra. Estas eran las reglas del juego de aquella época. No está bien, creo yo, tachar de inmoral e impío el carácter del vencedor de un duelo llevado a cabo sobre el mismo campo: el del genio creador; y con las mismas armas: la literatura. Alemán se comportó como un hombre más de la época: en el siglo XVII la venganza de los agravios se denominaba defensa de la honra.


Tags: CEBRERO, ensayo, novela picaresca, Guzmán de Alfarache, Mateo Alemán

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