Viernes, 19 de septiembre de 2008
Publicado por Curunir @ 21:35  | Cuestionarios y temas
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4.  Las relaciones ciencia-fe en Galileo: la autonomía de la ciencia.

Belarmino aconsejaba a Galileo que hablara del sistema copernicano ex suppositione y no absolutamente, como siempre creyó que había hecho Copérnico. Sin embargo, Galileo opinaba que las “ideas sensatas” y las demostraciones ciertas proclamaban la verdad del sistema copernicano. Copérnico no es un matemático que emita hipótesis como puros instrumentos de cálculo, sino un físico que pretende decir cómo son realmente las cosas: es realista, como lo es Galileo. Si se supone (Belarmino y la Iglesia católica) que los pasajes de la Biblia referentes al sistema del mundo, interpretados por la tradición, resultan absolutamente verdaderos e intocables, entonces, se hacía inevitable un choque frontal entre la Iglesia y Galileo, y este se vio obligado a ceder. Pero las relaciones entre ciencia y fe las concebía Galileo è

La incomparabilidad entre ciencia y fe

 

La teoría de Galileo reclama la autonomía de los conocimientos científicos, que se prueban por medio del mecanismo constituido por las reglas del método experimental. Esta autonomía de las ciencias en relación con las Sagradas Escrituras halla su justificación en el principio de “la intención” del Espíritu Santo que consiste en enseñarnos cómo se va al Cielo, y no cómo va el cielo. La Escritura no es un tratado de astronomía.

No es intención de la Sagrada Escritura enseñarnos que el cielo se mueva o que esté quieto, ni cual es su figura o donde se extiende, ni si la Tierra está contenida en su centro o es excéntrica è tampoco tuvo la intención de otorgarnos certeza con respecto a otras conclusiones del mismo género: Galileo llega a afirmar que las disputas acerca de problemas naturales no habría de comenzar por la autoridad de los pasajes de las Escrituras, sino por las experiencias sensatas y las demostraciones necesarias è procediendo igualmente del Verbo divino tanto la Escritura Sagrada como la naturaleza, aquélla como dictado del Espíritu Santo y ésta como ejecutora de las órdenes de Dios, hallándose que en las Escrituras de dicen muchas cosas distintas de lo verdadero absoluto; por el contrario, siendo la naturaleza inexorable e inmutable, y al no traspasar jamás los límites que las leyes le han impuesto, parece natural que la experiencia nos de demostraciones que no deben ser puestas en duda ni tampoco condenado, pues no todo lo dicho en la Escritura está ligado a una necesidad tan severa como los efectos naturales.

La autonomía de la ciencia frente a las verdades de la fe.

è Se relama la autonomía de la ciencia: todo aquello de lo que podamos tener noticia a través de las sensatas experiencias y las demostraciones necesarias queda substraído a la autoridad de las Escrituras: la Escritura, pues, es un mensaje de salvación que deja intacta la autonomía de la indagación científica. Así:

1)    la Escritura es necesaria para la salvación del hombre

2)    Los “artículos de salvación son tan firmes que ningún peligro tienen de doctrina alguna contraria.

3)    La Escritura no posee ninguna autoridad con respecto a todos aquellos conocimientos susceptibles de ser descubiertos por experiencias y demostraciones

4)    Lo que la Escritura dice sobre cómo salvarse, es doctrina que no puede ser desmentida.

5)    Los escritores sagrados se dirigen a un vulgo rudo e indisciplinado.

6)    La ciencia puede constituir un medio para efectuar interpretaciones correctas

7)    No todos los intérpretes de la Biblia son infalibles

8)    No se puede comprometer la Escritura en cosas que el hombre puede conocer con su sola razón

9)    La ciencia es autónoma: sus verdades se establecen a través de experiencias y demostraciones, pero no basándose en la autoridad de la Escritura.

10) Ésta ocupa el último puesto en lo referente a cuestiones naturales.

Sufrió dos procesos inquisitoriales debiendo abjurar en el segundo de ellos para no ser encarcelado y torturado. No permitiéndosele en ningún caso escribir ni publicar nada en defensa del sistema copernicano. Sin embargo, Galileo, ayudado por su familia y amigos, y apoyado secretamente por quienes creían en sus teorías y métodos, no dejó de escribir ni de investigar hasta que la ceguera se lo impidió.


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