Lunes, 08 de septiembre de 2008
Publicado por Curunir @ 18:56  | Rese?a
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La lectura de esta obra me ha entusiasmado,  aunque la obra me parece renquear un poco a partir de la mitad. No sé, me parece poco ágil y algo espesa.

 

 

La presentación de los personajes resulta cómica y bien trabada. Se hace por medio de la comicidad, un poco sacada de cómic y de la novela beat. Muchísimos, demasiados diálogos entorpecen la acción y dificultan a menudo el devenir de los personajes, la mayoría de ellos caricaturas o esperpentos. Comprendo que haya de concederse a los personajes complejos de una novela sería un espacio donde mostrar sus complejidades; sin embargo, en este tipo de obras, donde la profundidad actancial se sustituye por la variedad de tipos, considero que una vez presentados y mostrados, la reiteración se vuelve tediosa y hasta cruel. Ejemplo de esto es la reiterada aparición de la Sra. Trixie, haciendo y diciendo inconsecuencias propias de su senilidad, o el negro Jones, picajoso y socarrón.

 

 

Hubiera deseado ir dejando constancia de la lectura a medida que iba leyendo la novela, porque así me gusta luego retomar las notas y completar mi dictamen; pero me he vuelto excesivamente comodón y no concedo a mi pereza ni la oportunidad de proporcionarme material para un trabajo mejor.

Prometo enmendarme. De ser así podría especificar que considero un notable esfuerzo la escritura de esta obra, aunque la estimo que le falta pulimento. Es de suponer que un escritor más experimentado habría suprimido muchas páginas que contiene diálogos de todo punto improcedentes cuando no contraproducentes. Asimismo es notable el abuso de recensiones, sobre todo de los pensamientos puestos por escrito de Ignatius J. Really. No tienen concatenación, tampoco ilación ni con el sustrato narrativo ni con la esencia descriptiva, por lo que se deducen como pretexto del autor para poner en forma indirecta o sesgada su propio pensamiento.

 

 

Ya dije que sobran tipos, o mejor, estereotipos. Es cargante el tópico y la queja. Los personajes comparsa, o mejor, ni eso, los iconos: la vecina quejosa y siempre protestando, el oficinista dócil y perezoso, la secretaria vieja senil, el negro socarrón, la maga de las prostitutas, etc. El afán de regodearse en su papel desdice mucho de la labor del autor en cuanto a lo que hay que censurarle con respecto a la dinámica de su relato. Los chistes hacen reír una vez, ero si se repiten, cansan, y esto es literalmente lo que hacen estos personajes: cargar, lastrar el texto.

 

 

El juicio de la obra ha de ser positivo, por supuesto prescindiendo de la tragedia personal de su autor, porque hay que asumir que con toda lógica su muerte devino con posterioridad a la creación del texto.

Se crea una obra de enjundia, de poderosa originalidad, que engancha al lector desde el primer párrafo. No carente de verdadera calidad literaria en la mayoría de sus descripciones ( alguna de ellas antológica, como la que arranca la obra), los episodios están hábilmente dispuestos y la trama concienzudamente urdida para crear un conflicto entretenido y burdo. Hace reír  algún episodio, pero con la risa amarga de las grandes comicidades. El presentador inicial de la obra, el comentario de la fajilla, la parangona a lo mejor de la literatura americana; no es para tanto, sinceramente. De cualquier modo, el tipo de Ignatius, si bien algo chabacano y en algunos momento reiterativo y algo cansino en su referencias físicas y redundancias descriptivas, es un icono muy original y temerario.  La falta consistencia dramática, y hasta verdadera gracia, lo que aleja un poco su intención de la auténtica gracia satírica. Quizás Toole debió seguir creando para poder perfilar su estilo pero si hubiera podido mejorar esta obra o no es lamentablemente imposible de saber.


Tags: CEBRERO, reseña, conjura, necios, Toole, El rastro del onagro

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