Lunes, 07 de julio de 2008
Publicado por Curunir @ 21:37  | Rese?a
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DESARROLLO HISTÓRICO.-

La secuencia de estos estudios es cronológica, como recopilatorio de un estudio que atrae desde la antigua Grecia hasta nuestros días, básicamente hasta los últimos estudios sobre el marxismo y su problemática dialéctica entre la relación de la teoría del estado, la teoría política y la praxis política, sobre todo ante el fracaso teórico que supuso la praxis estalinista.

El ambiente dialéctico entre ambos conceptos es destacado por Habermas desde el primer estudio, en el que se destaca la consabida pretensión de una filosofía social, que pasaba por el desplazamiento de la consideración de la política, como teoría de la ciudad para procurar la vida buena de los ciudadanos, a la vida holgada, "la buena vida". Habermas opina que "la política se convierte en filosofía moral, […] la política puede sumarse con justicia a las ciencias sociales". He aquí el centro de gravedad de la obra de Habermas, el estudio de la política (teoría y praxis del estado) como ciencia social, sobre la que va a teorizar, no sólo en los estudios posteriores que configurarán los capítulos del libro, sino en futuros trabajos, más relacionados con la teoría científica del conocimiento y el interés y la acción comunicativa.

La intención de Habermas es mostrar cómo a lo largo de la historia, la consideración de la política ha tenido que cambiar de ámbito, para dejar de ser un tratado de costumbres (como lo concebía el mundo clásico y también por reproducción el medieval [animal sociale tomista]) a una ciencia social, definiendo el ámbito genuino de la praxis con respecto al método. Para eso ha de acudir a las fuentes del derecho natural y lo encuentra en la versión medieval de Tomás de Aquino, el cual "transforma la política aristotélica en una filosofía de lo social", fundamentando una lex naturae desarrollada a partir del derecho natural estoico.

La fundamentación Hobbesiana del estado, con el iusnaturalismo de fondo y la teoría del pacto y la "majestas", es una interesante manera de retomar las concepciones medievales, al rescate de las concepciones maquiavélicas del estado de guerra frente a las posturas pacifistas y seudo socialistas del utópico Moro. Profundiza sobre la consideración hobbesiana de la ley natural: "Hobbes denomina ley natural a la conexión causal de la asocial naturaleza instintiva antes de la constitución contractual de la sociedad y del Estado, y a la regulación normativa de su vida social en común después de esta constitución". Para exponer a continuación las antinomias que a juicio de Habermas ponen de manifiesto cómo se comienza a desplazar la teoría pura de la teoría práctica (técnica) y ambas de la pura praxis política, sobre todo en lo tocante a la consagración de absolutismo como imperativo desde la lógica pragmática y la impotencia práctica que va revelando el saber técnico-social.

Rescata para uso de filósofos posteriores principalmente el concepto de la razón del estado como praxis frente a cualquier otro intento de racionalización teórica del estado. Esta necesidad relacional conduce a la filosofía de la historia, al resumen absoluto de las teorías técnicas, al idealismo dialéctico fundado y propugnado por Hegel, al que dedica varios capítulos.

El capítulo 2 pasa revista a la revolución como concepto teórico que fue llevado por primera vez a la práctica en la Revolución francesa, en la que fueron determinantes las versiones pragmáticas y contractualistas de Locke y de Rousseau. A Habermas le interesa sobre todo puntualizar la influencia de esta conmoción cultural y social en el pensamiento posterior, sobre todo en Hegel y los teóricos materialistas, y de qué manera se impuso la dicotómica versión de la teoría, como técne social y la praxis como pragmática de la acción política. Dedica el capítulo 3 a analizar las críticas vertidas por Hegel a la Revolución Francesa, en lo que supuso de desviación de la praxis hacia intereses de clases (manipulación de la acción política), por tratarse de una movilización, no del Estado frete al Estado, sino de una clase social (burguesa) constitutiva de un estado, frente a una teoría del estado encarnada en la figura del absolutismo. Estas críticas que derivan hacia una teoría de la filosofía de la historia, llevarán en los capítulos siguientes a los planteamientos del materialismo dialéctico de Marx, pero a través de los conceptos historicistas de Fichte y los míticos idealistas de Shelling. En el capítulo tercero, concretamente, Habermas constata cómo contempla Hegel en sus críticas a la Revolución Francesa la elevación del derecho abstracto al grado de vigencia y de existencia. Cómo la aplicación de la generalidad de las leyes a los individuos subjetivos va desplazando al campo de batalla la "lucha por el derecho", el cual es postulado a espaldas del sujeto mediante la confrontación de los poderes de los estados. Cómo posibilita de este modo la relación dialéctica entre los conceptos filosóficos de una eticidad pública verificada por el trabajo social, y un derecho abstracto configurado por la ley fija y formal en el campo de la filosofía del derecho. "Lo nuevo – apunta Habermas – es conceptualizar la eticidad del derecho concreto exclusivamente como forma de emancipación del trabajo social, renovándose la relación dialéctica entre teoría y praxis ante cuyo potencial revolucionario estaba espantado el mismo Hegel".

El capítulo cuarto se encarga de encauzar los escritos de Hegel en tales sentidos hacia una relación dialéctica entre teoría abstracta de la sociedad, convertida en filosofía del derecho, y una praxis que se aleje de los planteamientos naturalistas. De este modo analiza en el siguiente capítulo el tránsito del idealismo al materialismo, centrándose en la figura del mítico idealismo de Schelling y sus teorías basadas en la cabalística contracción de dios como acto creacional, proyectadas hacia la consideración de una nueva fundamentación del estado como corrupción del hombre. Este será el resultado de la contracción del hombre en tanto que ser humano, al desgajarse de la unión natural del díos que lo ha creado en busca de su propia autonomía, inaugurando así el concepto de "edad del mundo" (materialismo).

Shelling propugna pensar en el mundo como en una teogonía "Habermas dice "en el primer fragmento sobre la edad del mundo Schelling construye a este díos: la primera voluntad actuante es aquella en la que Dios se comprime; el comienzo es una contracción de Dios, es el absoluto del dios encerrado en su propio ser". El tránsito al materialismo: "los hombres han perdido su unidad con dios y buscan por necesidad una unidad natural, el estado […] el materialismo no es un principio ontológico, sino la indicación histórica de una fundamentacion social".

El capítulo dedicado a Marx como culminación a su repaso histórico ,Habermas recoge asimilación y divergencia de este último con el idealismo de Schelling, por un lado en lo que Marx recoge de la dialéctica de Hegel, en cuanto teoría, trasvasada a los conceptos económicos de trabajo, fuerza de trabajo y superestructura; y también de los conceptos idealistas respecto de la historia y del materialismo, no referidos al ser humano en términos absolutos, sino en tanto que configurando clases sociales que postulan la relación natural interindividual, por medio del trabajo social. A este respecto, Habermas repasa la cuestión de la conservación de las fuerzas productivas, el concepto de crisis utilizado por el capitalismo, la capacidad de confrontación de clases y fuerza de trabajo, así como la aplicación en la praxis de tales conceptos mediante un repaso bibliográfico a sucesivos trabajos incluidos en el apéndice del libro (contemporáneos a sus estudios) sobre el estado de los marxismos, en especial referidos a la por entonces superpotencia Unión Soviética.


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