Martes, 08 de julio de 2008
Publicado por Curunir @ 17:27  | Resumen
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LIBRO X

Pregúntase el emperador si algún día su alma será tan pura como él desea.

Sigue aconsejando aceptar los dictados razonables de la naturaleza, tanto lo bueno como lo malo, la salud como el dolor. La naturaleza ha dotado al hombre para disfrutar con los dones y para sufrir con los dolores.

Como los átomos que componen su ser, el yo es parte del conjunto universal, así como se crea, es necesario que se distinga.

Sigue explicando, y también aconsejando a un imaginario lector que puede ser el mismo que lo ha escrito: carácter reflexivo de las meditaciones.

Vuelve a las virtudes cardinales: prudencia, magnanimidad, templanza, fortaleza.

Abundancia de preguntas retóricas: la mayoría queda en el aire, a contestar por el lector.

Las cosas existen porque las ve el sujeto, porque el sujeto las percibe: valorar qué aporta cada uno al conjunto natural. Necesidad de acomodar los deseos personales, los deseos del mundo.

Significado del guía interior.

Lesa majestad: el crimen de un desertor. Sobre lo ordenado por la Ley natural, cualquiera que la contradiga es un desertor, el timorato, el irascible, es un desertor.

Reflexión sobre hilemorfismo biológico: causas, potencia y acto.

El hombre mejora y se hace merecedor de elogio si utiliza correctamente las adversidades. Si los infortunios no perjudican a la ley è tampoco al ciudadano ni a la ciudad.

Así como los hechos han de conocerse por los sentidos en correcto funcionamiento, el saber, el conocimiento, han de adquirirse por la recta razón.

Ver la finalidad de los actos ajenos.

Piedad para los que disfruten con nuestra propia muerte.

 

LIBRO XI

Comienza reflexionando sobre las propiedades del alma racional, en función de la finalidad que persigue y los logros de su existencia. Pasa revista a algunas propiedades o capacidades: para la música, para el discernimiento entre lo bueno y lo malo, para el odio y el amor, la elocuencia y el diálogo, para extraer el arte de la naturaleza, o discernir lo inferior de lo superior. El alma es una esfera ( símbolo de la perfección).

Vuelve a sí mismo, sobre su propia consideración y cómo le juzgan los demás.

Siempre responde con la afabilidad y la benevolencia a las afrentas y ataques que le infieren o que le inferirán, como imperativo moral del consejo natural emanado del guía interior.

Imperativo moral de llevar una vida hermosa basada en la indiferencia. E imperturbabilidad del alma respecto de las cosas que son indiferentes.

Siguen nueve preceptos que llama capitales para ser hombre: estas nueve explicaciones lo son de dónde ha venido cada cosa y de qué elementos está formada.

Desviaciones de que es preciso guardarse para no dejar al guía interior. No los nombra pero sí aconseja reflexionar una vez se descubran.

Objetivos de la vida: el bien común y ciudadano. Termina con una serie de citas de filósofos.

 

 

 

LIBRO XII

Comienza con los objetivos que puede tener el que no regatea a sí mismo ni por recelos: abandonar el pasado, confiar en la providencia del porvenir y enderezar el presente hacia la piedad y la justicia exclusivamente.

Dios ve todos los guías interiores desnudos de sus envoltorios materiales.

De las tres cosas de que está compuesto el hombre, cuerpo, hálito vital e inteligencia, sólo la última es propiamente propiedad del hombre, sólo que éste se encuentra ligado indisolublemente a los otros dos (de las que se debe ocupar por imperativo natural).

Repasa en coda final todos los temas principales tratados anteriormente, pero en un tono más firme y definitivo. En especial el tema recurrente del guía interior, de la ética de los cambios vitales y de los pecados de soberbia y vanidad. No deja de hacer referencia a la opinión de los otros: la alteridad.

El panteísmo, el panpsiquismo: idea de que lo actuado por uno repercute en el todo.

Vuelve a tocar el tema de la inteligencia, la cual proviene de dios.

Recuerda a os antepasados muertos, en sus lugares preferidos (emperadores y grandes personalidades antiguas): lo superfluo y ruin de aquello por lo que se esforzaron.

Virtualidad de la vista: no hace falta ver para creer, para saber que existe dios y aquello que es invisible.

La salvación: ver enteramente las cosas por sí mismas, practicar la justicia y decir la verdad.

Concluye el libro recordando la fuerza vital de la unidad (uno es el sol, el alma, la sustancia común, la inteligencia).

El límite temporal, los límites del antes y del después: tan grato al pensamiento presocrático y que luego retomó el estoicismo tardío.

El guía interior: modus operandi.

Irse del teatro del mundo por medio de la muerte, siguiendo las instrucciones del maestro de ceremonias. La responsabilidad del sujeto en los límites. Entre ellos, buscar el guía interior, e impetrar una muerte digna. Vivir rectamente y esperar con ánimo tranquilo al que ha de liberar, el cual ha de ser propicio.


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