Domingo, 15 de junio de 2008
Publicado por Curunir @ 21:48  | Resumen
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FEDRO, O DE LA BELLEZA

DIÁLOGO

Encuentro casual entre Fedro y Sócrates, al que éste desenmascara en su intento de practicar con él la oratoria por medio de un discurso de Lisias que sostiene la prelación en el afecto amoroso del que no ama al que ama.

Locus amoenus y comentarios para leer el discurso que Fedro porta

Amplio preámbulo donde se hace crítica de quienes estudian los mitos en comparación de quienes se esfuerzan por comprender los secretos racionales de la naturaleza y del hombre. Para estudiar los mitos hace falta mucho tiempo y especial preparación.

Discurso de Lisias: muy adobado, repite los ejemplos que avalan la necesidad de preferir al amigo que al amante desde las perspectivas íntimas y personales hasta las familiares y sociales, con el argumento de: el amante ama por el deseo hasta que el deseo se va y todo el bien realizado al amado le resulta penoso y le da remordimientos y vergüenza; mientras que el que no ama, ejecuta el bien de grado hacia la persona en cuestión, de modo que el arrepentimiento posterior no cabe porque no llega a existir.

Sócrates en la primera crítica al discurso hace ver a Fedro que aunque Lisias ha adobado muy bien el discurso, que aunque éste es retóricamente impecable y utiliza términos bellos, en sí no contiene bellos pensamientos, ni considera que el autor haya tratado el tema del modo adecuado. El discurso, para Sócrates, es pura ciencia retórica.

Se inicia la discusión: Sócrates se compromete a pronunciar un discurso como el de Lisias pero definiendo la idea de la que va a partir, y pasa lista a las reglas de la antigua retórica de las que va a servirse, reclamando más libertad para la disposición que para la invención, toda vez que el tema viene impuesto y no exige una fijación temática complicada.

Fedro le impone el tema: el amante está más enfermo que el que no ama.

Tras varios remilgos por parte de Sócrates en los que se intenta precisar la naturaleza del discurso, y tras ser presionad e incluso chantajeado por Fedro con la amenaza de no proporcionarle ni un discurso más, Sócrates, con la cabeza cubierta, según él para evitar la vergüenza y que la presencia de Fedro no le inquiete mientras habla, comienza su discurso, el cual tras definir precisamente el amor, abunda en el tema: que para el que gusta del placer del amor — al cual identifica con Eros como fuerza divina o como locura, de atracción tanto física como espiritual —, el enamorado  ha de representar lo seducido o lo dominado, y se ha de transforma por derecho de dominación en un daño cierto para el amado, impidiéndole su desarrollo como persona; aparte de que cuando los deseos de aquél se hayan desvanecido, legará a despreciarle, incumplirá sus promesas y desatará finalmente contra el amado todo el odio en que se transformará el anterior amor. El consejo final es que cuiden los jóvenes de caer en manos de un viejo enamorado.

Avergonzado de semejante discurso, inspirado según él por Fedro, Sócrates cree necesario pronunciar otro en desagravio de Eros, una palinodia para no enojar al dios.

Mientras el anterior era el discurso de Fedro (inspirado por él), pronunciado por Sócrates con la cabeza cubierta por la vergüenza; este que sigue será de Estesícoro, y será dicho por Sócrates a cabeza descubierta.

Parte de la negación de la tesis sostenidas en anteriores discursos, haciendo en principio un elogio de la locura, como don divino, para eximir o atenuar los efectos de la conducta loca propia del enamorado.

En elogio de la locura da una alabanza al arte adivinatoria ( inspirada por Apolo), a la locura mística (por Dionisos) a la locura poética ( inspirada por las Musas) y a la locura amorosa ( inspirada por Afrodita y Eros). Luego parece innegable que la locura es beneficiosa porque tiene origen divino.

Para justificar la conducta benéfica de los dioses, ha de abordar el estudio de la inmortalidad del alma. Parte de que toda alma es inmortal, pues lo que se mueve a sí mismo (ánima, alma) es inmortal, siendo considerado mortal todo aquello que ha de ser movido por otra cosa. Se impone pues definir el alma, no por lo que es, pues las palabras no consiguen encontrar semejante definición, sino por medio de aquello a lo que pudiera parecerse, y por este motivo comienza a narrar el mito del Carro Alado, que es el alma, como fuerza natural que mantiene unidos al carro y su auriga, sostenidos por alas. Cada alma tiene tres partes, así pues al auriga, el cual conduce dos caballos: uno hermosos y bueno y el otro feo y malo.

Terminado el largo discurso (QUE HABRÁ QUE RESUMIR AQUÍ) , Fedro y Sócrates debaten acerca de la actividad del logógrafo (o el que escribe discursos, el orador, etc).

Hacer discursos es una noble tarea siempre que se haga bien, ya que en caso de hacerse mal, se convertiría en una actividad vergonzosa.

El mito de la cigarra è viene a ilustrar el peligro de dormir la siesta mientras las cigarras cantan y observan, narrando que éstas antes de que las musas existieran eran hombres que se llevaban toda su vida cantando hasta morir de hambre. Las musas, al convertirlos en cigarras le dieron la facultad de no tener que comer durante su existencia para así podérsela llevar toda ella cantando. Al final de su vida eran requeridas por las Musas a fin de dar cuenta de quienes entre los hombres les eran fieles o no y quienes las ignoraban o quienes se dormían cuando ellas estaban presentes por medio del canto de los insectos.

Esto inicia la futura discusión acerca del análisis del discurso, para descubrir las causas de su bondad o de su imperfección.

Fedro parte de la base de que lo que produce la persuasión es la apariencia, aquello de lo que está convencido el destinatario del discurso, pero no de la verdad, por tato el orador no necesita aprender lo que de verdad es justo, sino lo que es justo para la multitud que ha de juzgar su discurso.

Retórica: presentada como cierto arte de conducir las almas mediante discursos, tanto en la vida social, política, pública en general, como en la particular y privada. Fedro opone resistencia ateniéndose a los diversos modos del discurso.

a continuación y como prueba de que el que conoce la verdad puede manipularla por medio de la retórica, se pasa al comentario del discurso de Lisias en el punto inicial-

La retórica tiene más eficacia cuando existen conocimientos vagos por parte de la multitud acerca de lo que se está tratando. Luego el orador hará bien en procurarse de estas ideas cuya vaguedad haga más efectivo el discurso.

El amor es un término vago. Y sobre el discurso de Lisias, comienza con una conclusión è impone una idea al auditorio y sobre esa idea construye el discurso.

El de Lisias no se ajusta al concepto logográfico de discurso orgánico. Es más bien un compendio de lugares comunes sobre los desamorados que una defensa de la amistad.

Recopilación de los otros dos discursos, partiendo de que el amor es una locura inspirada por lo divino, no como enfermedad.

El primer discurso de Sócrates es contrario al primero, aunque se apostó por una sola idea, muy definida( correcta o no) y sobre esta definición precisa (que alejaba del concepto cualquier vaguedad) se basó el resto del discurso.

En el segundo discurso (mito incluido) se alabó el amor por otras consideraciones, pero en sentido diferente, bifurcado, del anterior discurso, suponiendo una división o visión contraria del anterior, pero partiendo de la misma definición, es decir la misma idea definida: afán o práctica de los que Sócrates llama “dialécticos” y a esta actividad la dialéctica. Pero así, Fedro considera la retórica como ciencia, fuera de la dialéctica, actitud frente a la idea, pero Sócrates considera al arte de la retórica conteniendo la actitud dialéctica, de manera que sin ésta no puede darse aquélla.

La retórica es elevada a ciencia desde el momento en que puede ser enseñada y posee un cierto número de técnicas y habilidades con que exponer o ejercitar la dialéctica.

A través del ejemplo de Pericles, orador nato, que aprendió la física natural de Anaxágoras, se pretende decir que la verdad o calidad de los discursos está condicionada a que se realice su ejercicio partiendo de la naturaleza, porque no hay nada fuera de ella de lo que sea susceptible hablar con verdad.

Siguiendo con Pericles y su disposición oratoria habiendo aprendido física, y tomando a Hipócrates en cuanto a médico del cuerpo, tomando a ambos en sentido de artes ejercitadas en el estudio de la naturaleza, ambas tienen un discurso parecido a la retórica con la dialéctica, porque todas ellas parten de lo natural, sólo que la física o la medicina tratan sobre los asuntos del cuerpo y la retórica es una ciencia destinada a tratar los asuntos del alma.

Al mismo tiempo, la naturaleza del cuerpo, según Hipócrates es comprensible sólo considerando la naturaleza del todo. Del mismo modo, la naturaleza del alma es incomprensible sin tener en cuenta la naturaleza del todo.

Cualquiera que enseñe el arte de retórica, en primer lugar, descubrirá y hará ver el alma con exactitud y mostrará su naturaleza; en sengundo, ´que es lo que hace naturalmente producir algo; en tercero, porqué un alma es necesariamente persuadida por discursos de tal natrualeza y otra no. Esboza una teoría del conocimiento relativo: el alma que conoce, cómo conoce.

Debe ser así, o de otro modo no tendrá rezón de ser la pieza epidíctica.

Entonces, el orador vendrá obligado a conocer las almas, a clasificarlas y a saberlas reconocer en cualquier momento o lugar cuando se encuentra delante de ella; para saber qué método de conducción o convicción ha de emplear en el justo instante. Esto, unido al conocimiento de cómo pronunciar los discursos, y como y cuando ha de hablar, hará del arte retórica un arte de belleza y perfección consumadas.

Tarea muy ardua y que impone una simplificación.

Los motivos del lobo: que se ha de procurar lo verosímil en detrimento de la verdad, ya que es aquella y no ésta lo que se pretende; es la manera de exponer los hechos lo que cuenta: verosimilitud se produce en la menta vulgar como semejanza con la verdad. El que conoce la verdad es el que mejor conoce las semejanzas.

Conveniencias o inconveniencias de decir los discursos: Mito egipcio de Tot, sobre la utilidad de las artes, y en concreto de la escritura: ante el rey Tebano Thamis o Thamus de Naucratis recibió de éste la replica de que no era el elixir de la memoria lo que el habia inventado tal como +el creia, sino de la rememoración. Al inventar las palabras, las gentes se podía permitir olvidar las cosas, para luego rememorarlas, imaginándolas en la escritura, hasta que al final, se olvidarían de las cosas, esencias, para quedarse sólo contemplando las imágenes de las cosas. Al inventar la escritura, Tot dio apariencia a la sabiduría, no su verdad è eruditos sin instrucción que son entendidos en muchas cosas, no entendiendo nada en la mayoría de ellas: llegarán a ser sabios en su propia opino, pero no verdaderos sabios. Este mito versa sobre la ingenuidad de quien considera que la sabiduría se halla en los caracteres escritos.

Pasa a la conclusión del diálogo: el discurso gemelo del que se escribe por el que el alma aprende y que se defiende a sí mismo, que habla y guarda silencio a pura discreción: discurso vivo, discurso del sabio, del que el escrito es sólo la imagen.

Luego no resulta sabio escribir discursos, pues éstos no pueden apoyarse entre sí, y son incapaces de enseñar adecuadamente la verdad.

¿Qué de Lisias? ¿Es censurable que escriba los discursos? ¿ En cuanto a estos, cuáles eran buenos y cuáles imperfectos?

Concluye con el ideal del filósofo (amigo de la sabiduría): si los discursos están compuestos con referentes a la verdad, de manera que sus manifestaciones se adecuen a ella, y puedan ser probadas cada una de sus inferencias remitiéndolas a la verdad, y son incapaces de reconocer estos hombres la inferioridad declarando la poca valía de sus escritos, estos hombres deben seguir escribiendo pues serán, cada uno en su especialidad, amigos de la sabiduría (poeta-Homero, Lisias-orador, autor de leyes-Solón). Por el contrario, el que escribe y compone sus escritos sin referentes a la verdad, sólo por el fin de escribirlos, como juego, dándoles vueltas, quitando aquí, pegando allá, componiendo exclusivamente regido por leyes sin referente verdadero alguno, trabajando y vuelta a trabajar sobre ellos, entonces serán llamados poetas, orador o autos de leyes, pero nunca amante de la sabiduría, filósofos.

Esto supone a ojos de Sócrates (y de Platón) la primacía del filósofo sobre cualquier otro trabajador intelectual, que sólo se diferencia de ellos en su referencia de la verdad buscada y encontrada por medio del conocimiento del alma o de su re-conocimiento en el mundo de las ideas en si.

El filosofo trabaja con la verdad.

El orador, con la imagen de la verdad.

Acaba el diálogo con un juicio sobre Isócrates, y lo coloca como paradigma de ese filósofo que ha ido creando a lo largo de todo el diálogo, el cual se cierra con una oración a Pan en solicitud de belleza interior y de esa sabiduría soñada.


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