Mi?rcoles, 18 de junio de 2008
Publicado por Curunir @ 19:33  | Cuestionarios y temas
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¿Virtud o felicidad? En favor de una ética de mínimos.

 

Virtud versus felicidad

Vive bien quien se rige por una razón prudencial, por una razón que le ayuda a discernir lo que le conviene. Pasa revista a este concepto desde los griegos hasta nuestros días, bosquejando al final de la historia dos tipos de utopías a primera vista inconciliables: las utopías sociales, urdidas en torno a la idea de dicha, y las utopías jurídicas, respaldadas por el concepto de dignidad humana. Desde la edad media enlazando con la estoica griega la ley moral empieza a cobrar un protagonismo impensable en el perfeccionismo aristotélico. La ley moral, como expresión de la voluntad de dios para los hombres, promete la felicidad a cuantos la cumplen è ley y felicidad si identifican. èèè Es preciso asegurar ante todo el cumplimiento de la ley, que la felicidad ya vendrá, si no en éste, en el otro mundo. A. Cortina piensa que sólo este triunfo de la vertiente jurídica de lo moral hizo posible un fenómeno tan extraño a la experiencia de la felicidad como la casuística: la aplicación de la ley a los casos concretos conflictivos.

Cuando la religión dejó de constituir el sustento de la moralidad: la ley, bajo la forma de deber, dio en ocupar el primer puesto en el campo de lo moral. Cobran fuerza las éticas deontológicas que nos inclinan hacia un “estar bien” inmediato. Según Nietzsche plasman la moral del camello, cargado de fardos. En el siglo XVIII, el juicio “el hombre virtuoso es feliz” se ha convertido en un juicio sintético.

 

Crítica a la escisión de los dos lados del fenómeno moral.

La separación entre el interés moral y los intereses empíricos, se ha producido en la historia necesariamente.. La creencia en un orden racional objetivo queda disuelta, y, por tanto, la razón moral se encuentra exenta de la obligación de captarlo, convirtiéndose así en razón subjetiva calculadora, que pretende conciliar los intereses antagónicos según criterios de utilidad. Kant: el bien no se identifica con el cálculo, y el deber se funda, en una voluntad autónoma: el criterio de actuación tiene que ser formal, para poder librarse del residuo naturalista.

Pero el modelo kantiano tiene que ser superado porque el formalismo no permite legitimar ningún contenido concreto de la moralidad y se limita a legitimar lo dado. Dado que la virtud constituye el reflejo de lo ético en lo individual, determinado por la naturaleza, la costumbre se muestra como superior, como ley que corresponde al espíritu de la libertad.

Siglo XX: se abre bajo el signo del hedonismo, búsqueda de la felicidad, rechazo del kantismo,

Las corrientes liberales –defensoras del hedonismo utilitarista- reafirman su convicción de que la felicidad, entendida como placer, constituye el motor único de la vida moral y que el altruismo es un factor felicitante. Virtud: la justicia. Se trata de asesorar a los que deciden en la vida política sobre cómo son posibles los juicios de bienestar social. El bienestar es prioritario con respecto a la justicia para estas teorías, pero la justicia es un elemento imprescindible para el bienestar social; los individuos no aceptarán determinadas situaciones sociales si no las consideran justas. La colectividad sólo aceptará una determinada situación social si reviste determinadas condiciones de racionalidad y justicia.

También contra las éticas deontológicas, las corrientes nietzscheanas: el orden moral impuesto por la razón no existe; la voluntad es quien crea los valores desde el caos.

Igualmente hicieron lo propio las corrientes socialistas (Horkheimer y Marcuse) El materialismo de Horkheimer apuesta por la felicidad concreta, que sólo se alcanza en la identificación del interés individual con el universal. Dicha identificación requiere la superación del punto de vista moral, contando con la política y el derecho.

Marcuse también considera que la felicidad material es la meta de la filosofía materialista. El hedonismo transformado que propone no quiere depender de una lotería exterior. Las necesidades no son algo dado, sino que vienen configuradas por el sistema. De ahí que el desarrollo actual de la técnica abra el camino a una sociedad del ocio que permita transformar las necesidades propias de la era del trabajo alienado. El homo ludens sustituirá al homo faber. Placer y deber se identifican, con Marcuse virtud, entendida como obediencia al deber, y felicidad, resultan identificados gracias a la total transformación social.

El triunfo del camello: ética de mínimos.

La visión de A. Cortina es pesimista. Primero hace balance de la previsión de Marcuse (1938) y las tendencias éticas sobre la virtud y la felicidad en el mundo actual. Ni la revolución esperada ha venido ni parece estar por venir. Hay recursos técnicos suficientes para que todos pudiéramos gozar de las excelencias humanas, pero los recursos técnicos no bastan. La sociedad no hace del trabajo su centro, pero se convierte en una sociedad de parados, que no de ociosos. La felicidad continúa en manos de la lotería, de la anarquía. El hombre virtuoso es feliz: sintético a posteriori, porque la conexión de ambos términos está a merced de la más pura causalidad.  Si el hombre virtuoso es feliz, lo será porque ha tenido suerte, porque desde luego las condiciones no están puestas.

Las éticas de nuestro momento suelen limitarse: calcular juicios de bienestar social aceptables por todos, ocuparse en justificar normas. Las éticas deontológicas están de nuevo en auge y renuncian a hablar de felicidad.

Apel y Habermas, razones de semejante reducción

1.      ética crítico-universalista no puede ni quiere prejuzgar dogmáticamente la felicidad de los individuos, sino dejar la decisión en sus manos.

2.      Ética critico- universalista tampoco se conforma con el relativismo al aceptar la pluralidad de formas de vida nacidas de los diferentes ideales de felicidad, porque admite y potencia las diversas ofertas de “vida buena”, pero no acepta diversos principios de la justicia. Conflicto è han de someterse a restricciones impuestas por principios universales.

3.      No son únicamente los filósofos quienes se plantean la pregunta por la vida feliz, sino también los psicoterapeutas, los teólogos, los literatos, los retadores de utopías imaginarias. Los modelos de felicidad no pueden universalizarse ni exigirse.

Es tiempo de construir, no solo de preferencia estética, y para construir en una sociedad ideologizada, desde una perspectiva felicitante, es menester enfrentarse a algunas cuestiones ineludibles, que configuran la ética ficción: si un hombre respetaría el elemental principio de igualdad y solidaridad que constituye la más preciada conquista moral.

De ahí el refugio actual de la ética en una ética de mínimos.

Adela Cortina su libro: al decidir las normas que en su sociedad van a regular las convivencias, téngase en cuenta los intereses de todos los afectados en pie de igualdad. Hágase del respeto a la igualdad una forma de discurso normativo y de vida.

De la felicidad dice al final que al no entenderse por todos los hombres del mismo modo, quizá se trate de un concepto vacío y que la filosofía no tiene por qué ocuparse de él.

 

 


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