Lunes, 16 de junio de 2008
Publicado por Curunir @ 19:32  | Cuestionarios y temas
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El ámbito de la ética

Ética como filosofía moral[1]

De lo que corresponde hacer a la ética.

Adela cortina dice, al hilo de un comentario acerca de la enseñanza de la ética en las aulas, que ésta, tal como la entiende el legislador, es más bien moral democrática.

La ética pluralista no debe inculcar un ideal del hombre propio de un grupo dominante, pero debe explicitar los mínimos morales que una sociedad democrática debe transmitir, sin renuncia a la vez a la propia humanidad.

Cambiar el rótulo “moral” por el de “ética” no resuelve las cosas, sino el percatarse de que la moral democrática es una moral de mínimos y la ética es filosofía moral.

No es tarea de la ética indicar a los hombres qué deben hacer. Tampoco los éticos deben convertirse en historiadores descomprometidos del pensamiento ajeno, analistas o científicos. La ética no puede prescindir de la moral, de la historia y del análisis lingüístico. Tiene su propio quehacer y puede llevarlo a cabo sólo como filosofía moral.

 

Ética como filosofía moral.

El paso de la moral a la ética requiere un cambio de nivel reflexivo que dirige la acción de modo inmediato a una reflexión filosófica. La ética como filosofía de la acción tiene una tarea específica: ocuparse de lo moral en su especificidad sin limitarse a una moral determinada. Tiene que dar razón filosófica de lo moral: se ve obligada como reflexión filosófica a justificar teóricamente por qué hay moral y debe haberla o por qué no hay razón alguna para que la haya.

Coincide con Aranguren aunque sin utilizar las explicaciones de éste: el mundo humano resulta incomprensible si eliminamos esa dimensión a que llamamos moral.

Cortina misma subraya que el quehacer ético consiste en acoger el mundo moral en su especificidad y en dar reflexivamente razón de él, con objeto de que los hombres crezcan en saber acerca de sí mismos.

Para esto, debe analizarse el perfil del ser humano con vocación ética, porque semejante quehacer requiere una vocación peculiar.

 

Ética como vocación.

El quehacer ético se sustenta en el interés moral y la fe en la misión de la filosofía. La propia A. Cortina ofrece la siguiente descripción de la persona con vocación ética: el ético vocacionado es el hombre al que verdaderamente preocupa el bien de los hombres concretos y que confía en que la reflexión filosófica puede contribuir esencialmente a conseguirlo.

Quien ingresa en la comunidad científica movido por motivos sólo subjetivos, renuncia a seguir la lógica de la ciencia; él ético al que no preocupa el bien de los hombres renuncia a descubrir la lógica de la acción.

Por hablar de la insatisfacción en que el positivismo y el cientificismo de todos los tiempos han sumido a la razón práctica. La razón moralmente desinteresada se causa pronto en sus esfuerzos y cualquier solución parece satisfactoria si está en la línea del interés subjetivo puesto en marcha.

La conciencia se nuestra época: la moralidad no es unitaria è relativismo. Pero existe una base moral común irrenunciable y que justifica el respeto a las diferencias de método y criterio el reconocimiento de la dignidad del hombre y sus derechos. Kant: el hombre existe como fin en sí mismo.

La razón estratégica impera en la vida pública porque los técnicos y expertos dirigen nuestras vidas y nosotros aceptamos esta dirección. Pero esta no es toda la verdad. Esta parcela de verdad que no se pliega a la razón de los expertos es el tema ético de nuestro tiempo.

 

El tema ético de nuestro tiempo.

¿El bien positivo?

La vida feliz. Aunque la vida feliz no es idéntica para todos los hombre, desplaza el centro de la filosofía moral hacia el ámbito del deber. O cabe sin o “aconsejar” determinadas conductas desde la experiencia y carece de sentido prescribir universalmente.

Frente al utilitarismo: la supervivencia de unos seres exige el sacrificio de otros, sólo existe una ser cuya autonomía es fundamento de deberes: la persona humana en su ansía de felicidad.

Diálogo para conjugar felicidad y deber. Elemento vital: la autonomía personal, no ejercida por individuos sino a través de diálogos intersubjetivos. Este diálogo sitúa a la ética en un punto medio entre el absolutismo y el relativismo por un lado y entre el utopismo y el pragmatismo por otro.

Entre estos cuatro conceptos, el tema ético de nuestro tiempo consiste en dilucidad si el hombre es capaz de algo más que estrategia y visceralidad, si es capaz de comunicar-se, de com-padecer.

 

Panorama ético contemporáneo: ¿tiempos de ética domesticada?

Alivio ante la constatación de que la ética analítica (aunque con sus ventajas de índole lógica que impidiera a los filósofos hacer el trabajo de los moralistas) ha perdido sus posiciones, y la obsesión “metaética” descriptiva ha dejado paso a un época de éticas normativas; aunque realmente se trata de éticas no mucho o poco normativas. Impresión suscitada por el hecho de que el “mapa ético” contemporáneo coincida “felizmente” con el trazado de los mapas geográficos socio-políticos: ética marxista-leninista en los hasta hace poco llamados “países del Este”; el utilitarismo y el pragmatismo, en los anglosajones; la ética de la liberación, en América Latina; la ética del diálogo en el oeste del continente europeo, ética que pretende recoger los logros de la hermenéutica gadameriana y del marxismo humanista.

Menos la ética de la liberación, las restantes tendencias no parecen decir en sus respectivos países más de lo que el público, sin traumas, puede escuchar. Etica domesticada, expresiva del hecho de la unidad de la vida humana, en virtud de la cual resulta irracional despreciar cualquier factor como irrelevante. Porque quien desee verdaderamente hacerse cargo del mundo humano no puede descuidad los factores “ materiales”, ni los “ideales”.

Asombra hasta qué punto las tendencias éticas han ido adquiriendo “un cierto aire de familia”, han ido aproximándose unas a otras en el intento de dar cuenta de la realidad moral. Es la época de los “neos”, aunque con la novedad de que las distintas tendencias han ido adoptando actitudes similares en puntos cruciales.

El utilitarismo

La más antigua de las doctrinas ( nació en la Grecia de Epicuro).

El utilitarismo epicúreo se configura como un hedonismo individualista, cuya fundamentación descansa en una constatación psicológica: que el móvil de la conducta de los seres vivos es el placer, la felicidad consiste en el máximo placer posible. Esta constatación psicológica es uno de los pilares fundamentales del utilitarismo inglés, reelaborado por ingente multitud de autores desde el el XVIII, que permanece vigente en nuestros días.

Las éticas de hoy son eticas del máximo de satisfacción posible con respecto a deseos, necesidades, intereses y preferencias, como hecho insobornable. Este afán de fundamentar la moral en hechos se debe a las causas:

A.                           Conciencia de “naturalización” y de finitación. El hombre no es un ser dotado e características casi sobrenaturales frente al resto de los vivientes, sino natural, limitado como ellos y procedentes de la evolución. Su derecho descansa en el hecho de tener aspiraciones e intereses. Maximizar su satisfacción es la tarea de la moral: pero no la individual, sino la social.

B.                           Deseo de encontrar para la moral un fundamento objetivo que no sea cuestión de bustos, sino sobre el que se pueda argumentar. Este rasgo hace del utilitarismo un hedonismo social, no individual, que se construye sobre dos hechos psicológicos:

a.      La constatación de lo que los seres vivientes desean es el placer (hedonismo)

b.      La constatación de que en los hombres no sólo existen sentimientos egoístas, sino también altruistas: uno de los mayores placeres para quien los cultiva debidamente è el principio de Utilidad rece asÍ. Lograr la mayor felicidad del mayor número”.  Así se comprende que la aplicación del criterio de utilidad a la organización sociopolítica tenga como resultado el Estado benefactor de las democracias liberales.

La aplicación del utilitarismo supone la ampliación de la priudencia individual a la sociedad, pero esta virtud, aceduada para dirigir la vida de los individuos, aplicada a la sociedad, produce injusticias.

 

El marxismo-leninismo

El saber marxista no es sabiduría moral, sino ciencia de la historia que excluye toda suerte de juicios de valor. No hay separación entre lo que es y lo que debe ser.

Junto a la moral de las clases dominantes, que definen los intereses de clase, es posible rastrear una “moral humana común”, una moral que defiende los intereses de la especie humana y que está representada por la moral e los trabajadores a lo largo de la historia: la moral comunista: su contenido revela aquella clase que lucha por el socialismo. Los valores de igualdad, libertad y fraternidad, aparecen despojados de deformaciones porque los intereses de la clase trabajadora son los intereses de la humanidad. è identifica los intereses morales con los intereses objetivos y éstos, a su vez con los intersubjetivos: es una ética normativa è coincide en esto con las restantes éticas dominantes. Dificultades: el problema de la libertad y el del acceso a la verdad moral. No reciben estas cuestiones el mismo tratamiento.

Ø      Mecanicista: la conciencia se encuentra determinada por el lugar ocupado involuntariamente en el proceso productivo:: tiene que venir determinada por la clase trabajadora. è ésta decide cuáles son los intereses objetivos, pero no hay libertad de optar

Ø      No mecanicista: reflejo de la realidad material. è a ésta le es posible optar a favor de la necesidad histórica, pero son los expertos quienes determinan los intereses intersubjetivos è dogmatismo.

 

Ética dialógica.

Tradición en el diálogo socrático.

Coincide con las otras en ser una ética normativa: intenta hallar un fundamento para el hecho de que haya moral y de que debe haberla.

Sujeto: valor recuperado como interlocutor competente en una argumentación.

Las necesidades e intereses de los hombres constituyen el contenido de la moral, aunque con esto no queda claro cuál es la forma de la moral. La gran mayoría de los expertos coinciden en considerar que son los sujetos humanos quienes tienen que configurar la objetividad moral: una decisión intersubjetiva de cuantos se encuentran afectados por dicha decisión moral. Son, pues, los afectos quienes tiene que decidir qué intereses han de satisfacerse primero. El diálogo que culmine en un consenso entre los afectados será el único procedimiento moralmente correcto (quitará dogmatismo a la decisión, y la hará racional y argumentable).

è Hay que suponer una situación ideal de diálogo expresiva de una forma ideal de vida: garantía de que es posible un consenso en que se reconozcan los intereses universales como criterio comprobador de la corrección de los consenso fácticos. Tal meta no es incierta: sólo pueden hacer efectiva su realización la unión del crecimiento técnico y sobre todo el progreso moral de los intervinientes.

Las éticas dialógicas mantienen que la liberación humana tendrá lugar si, además de la técnica, crece la disponibilidad de los hombres a tomar decisiones mediante consensos que atiendan los intereses universales.

 

Ética de la liberación

 

Son los mismos afectados quienes tiene que asumir la dirección del proyecto moral.

Se da en los países latinoamericanos: aparece como propuesta de subvertir totalmente el orden sociopolítico establecido por razones morales, ante el cual el revolucionario se encuentra moralmente desasistido; por lo que es urgente confirmar que su actitud está legitimada, no desde el orden presente, sino desde un orden futuro utópico, que él mismo está construyendo con su revolución.

Dos elementos clave:

Ø      La experiencia: de los oprimidos

Ø      Concreción; en la concreta situación de América Latina, exige que los imperativos y las virtudes morales se pongan al servicio de los pobres.

 



[1] Del libro “Ética mínima” de Adela Cortina. Capítulo 1


Tags: CEBRERO, temas, cuestionario, Cortina, ética

Comentarios
Publicado por Invitado
Martes, 11 de noviembre de 2008 | 13:29
Me gusta, es claro y limpio de polvo y paja.