Lunes, 25 de febrero de 2008
Publicado por Curunir @ 12:31  | Ensayo
Comentarios (1)  | Enviar

   Así que por el momento no le demos nombre, pero hablemos de ella, igual que Lowell Thomas se enfrentaba en sus viajes a extrañas criaturas, que en este caso seguramente será una bestia de la jungla.

   Hay unas pocas cosas que pueden decirse sobre ella, sobre este emparejador, sobre este vértice del triángulo de Peirce. Por un lado, está ahí. Está localizada en el tiempo y en el espacio, aunque no como un organismo. Tiene un conjunto diferente de parámetros y variables. De otro lado, está peculiar e íntimamente relacionada con otros de su clase, de modo que, a diferencia del solitario organismo biológico, es imposible imaginar que funcione sin el otro, sin otro distinto de él. Todos los organismos solitarios tienen respuestas instintivas. Pero Helen Keller tuvo que recibir el símbolo "agua" de Miss Sullivan antes de que llegara a darse cuenta del agua. La tríada de Peirce es social por su propia naturaleza. Como él lo expresó, "toda aserción requiere un emisor y un receptor". La criatura triádica no es nada si no es social. De hecho, puede ser entendida como una construcción de sus relaciones con los otros.

   Aquí hay otra característica. Esta extraña y nueva criatura no sólo tiene un medio ambiente, como tienen todas las criaturas. Tiene un mundo. Su mundo es la totalidad de aquello que se nombra. Y esto es diferente de su medio ambiente. Un medio ambiente tiene lagunas. En un mundo no hay lagunas. El néctar forma parte del medio ambiente de una abeja. Las berzas, los reyes y los Buicks no. No hay lagunas en el mundo de esta nueva criatura, porque a las lagunas se les llama eso, lagunas, o lo desconocido, o más allá, o no se sabe.

   Además, para esta criatura, las palabras, los símbolos y las cosas que estos simbolizan están sujetas a normas, algo nuevo en el mundo. Pueden ser frescas y volverse rancias. Las palabras pueden decir la verdad o mentir. Mentir es algo nuevo en el cosmos.

   No hay tiempo ahora más que para llamar la atención sobre la intrigante, y a mi juicio feliz manera en la que las propiedades de esta extraña criatura triádica, tal y como las sacó a la luz un científico y lógico hace cien años, desembocan directamente en el ciertamente espectacular retrato del hombre realizado por algunos filósofos renombrados del siglo XX que fueron a dar con el mismo tema, el Homo symbolificus, por una dirección totalmente diferente como es la fenomenología europea. Tal puede ser el contorno de la futura ciencia del hombre.

   Sólo mencionaré a un par de ellos.

   Está Heidegger, quien usa la palabra "Dasein" para describir la criatura humana, el ser ahí. El Dasein, además, no habita sólo un Umwelt, un medio ambiente, sino un Welt, un mundo

   Lo que es más importante, este Dasein, al contrario que un organismo, existe en un eje normativo. Puede vivir "auténticamente" o "inauténticamente". Es capaz de Verstehen, comprensión verdadera, y de Rede, discurso auténtico, que puede degenerar en Neugier, curiosidad, y Gerede, cháchara.

   Gabriel Marcel y Martin Buber hablan del ser humano como radicalmente dependiente de los otros, como un "yo-tú" que puede degenerar en un "yo-ello". Marcel describe el ser de un humano como un ser-en-una-situación. Sartre es menos optimista. Su ser humano es le pour-soi, la solitaria conciencia que existe en un mundo muerto de cosas, l'en soi. Respecto al otro, la persona de Marcel, el "tú" de Buber, el escuchador de Peirce, Sartre sólo dice, "L'enfer, c'est les autres". El infierno son los otros. Finalmente, el Dasein, que ha sufrido una "caída", una Verfallen, en la existencia inauténtica, puede recobrarse, vivir auténticamente, convertirse en buscador y caminante, lo que Marcel llama Homo viator.

   El psicólogo y el científico social moderno no pueden, por supuesto, aclararse con estas caracterizaciones existencialistas como "caer en la inautenticidad" o como la frase siguiente de Marcel: "puede pertenecer a mi esencia ser capaz de no ser lo que soy". El científico normalmente ve estas nociones como algo extravagante, o novelesco, o "existencialista". Pero quizás él carezca de un modelo científico apropiado. En todo caso, es posible que él, el moderno científico del hombre, se vea obligado en el futuro a tener en cuenta estas nociones extravagantes, no de los existencialistas, sino de su viejo compatriota cabeza dura, Charles Peirce.

   Va una profecía. Todos los humanistas, incluso los novelistas, tienen derecho a hacer profecías. Esta es la profecía: Los futuros científicos del comportamiento serán capaces de encontrar sentido a una frase como la que sigue, que en la actualidad no tiene para ellos el más mínimo sentido: Hay una diferencia entre el ser-en-el-mundo del científico y el ser-en -el-mundo del hombre corriente.

   Y por último, con esta nueva antropología en la mano, con la criatura triádica de Peirce y su mundo nombrado, con el Dasein de Heidegger sufriendo una Verfallen, una caída, con el Homo viator de Marcel, el hombre como peregrino, se podría incluso explorar su apertura a nociones tan tradicionales judeo-cristianas como la del hombre presa de la mundanidad del mundo, y la del hombre como peregrino que busca su salvación.

   Pero esa es una historia diferente.

 

(Traducción de María José Baños y Eduardo Lostao)

 


 

   El origen de este texto fue la conferencia que impartió el novelista Walker Percy (1916-1990) el 3 de mayo de 1989 como 18th Jefferson Lecture en la National Endowment for the Humanities (Washington, D.C.). Fue publicada originalmente con el título "The Divided Creature" en The Wilson Quaterly, 1989 (13), 77-87. El texto que aquí se traduce es la versión revisada que con el título "The fateful Rift: The San Andreas Fault in the Modern Mind" fue incluida por Patrick Samway en el libro póstumo Signposts in a Strange Land (Farrar, Strauss and Giroux, Nueva York, 1991, 271-291), en el que se compilaban los ensayos filosóficos y literarios de Percy, así como otros textos biográficos suyos. Agradecemos a esta editorial que se hayan cedido a Anuario Filosófico los derechos de traducción al castellano con ocasión de este número monográfico sobre Peirce. Se ha mentenido el título de la conferencia original porque fuera de Estados Unidos resulta más claro. (N. de los T.).

 

 


Comentarios
Publicado por Curunir
Lunes, 25 de febrero de 2008 | 21:22
Es el final del ensayo de Percy que no pude incluir completo el otro d?a. Como promet?, aqu? est? el resto.:-/