Domingo, 06 de enero de 2008
Publicado por Curunir @ 13:08  | Resumen
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EXPOSICION CRÍTICA DE LAS CONSTITUCIONES MÁS PERFECTAS.

Aristóteles ve la necesidad de examinar las formas de gobierno tanto de las constituciones existentes como de las expuestas en tratados teóricos, con el objeto de ver su utilidad y rectitud.
El punto de partida es establecer el estado de comunidad de los ciudadanos: necesidad de que todos los ciudadanos lo tengan todo en común o nada, o unas cosas sí y otras no.
En lo referente a que los ciudadanos tengan en común todo, Aristóteles somete a crítica el régimen expuesto en Platón en su República, en el que se dice que deben ser comunes los hijos, las mujeres y las posesiones. Su primera objeción aparte de las dificultades que ve en que las mujeres sean comunes para todos es que la necesidad de establecer tal legislación no se desprende de sus razonamientos. Y expone en contra de esta tesis que una ciudad es por naturaleza una cierta pluralidad, y al hacerse más de una, la ciudad se convertirá en casa y de casa en hombre. Una ciudad no resulta de individuos semejantes.
La igualdad en la reciprocidad es la salvaguardia de las ciudades, porque los elementos de los que debe resultar una ciudad difieren específicamente, y es preferible que gobiernen siempre los mismos dentro la posibilidad. Es conveniente que todos participen en el gobierno de las ciudades, por cuestión de justicia. Entre los que mandan: unos ejercen unos cargos y otros no, así pues, la ciudad no es tan unitaria por naturaleza  el mayor bien de las ciudades (lo unitario) las destruye: no hay que buscar por lo tanto una unificación excesiva, y siendo la ciudad lo más autosuficiente, más que la casa; hay que buscar preferentemente lo más autosuficiente, más que lo más unitario.
Continúa Aristóteles criticando el comunismo platónico, partiendo del doble sentido que la palabra “todos” tiene en las disertaciones acerca de la comunidad de bienes pone Platón en boca de Sócrates. Dice que confundir el todos, ambos, pares, parece no referirse al de “cada cual”, y producen estas palabras silogismos erísticos: el que todos digan lo mismo está bien, pero no es posible y no conduce en absoluto a la concordia. Otra objeción es que lo que es común a un número muy grande de personas obtiene mínimo cuidado. Porque todos se preocupan especialmente de las cosas propias y menos de las comunes: se despreocupan en la idea de que otro se ocupa de ello. Dificultad también para reconocerse los parientes, hermanos, hijos, padres y madres. También existen inconvenientes que son difíciles de prevenir, como los agravios, los ultrajes, peleas, homicidios, más graves si se cometen contra padres, madres, hermanos o hijos, que contra extraños. Absurdo resulta la prohibición de cohabitación de los amantes sin prohibir los demás tratos incestuosos. Considera que la comunidad de mujeres e hijos es más útil para labradores que para guardianes.
Con estas trabas, Aristóteles considera que hay que depositar en la amistad el mayor tesoro de las ciudades (reducción de las sediciones). Sin embargo, en la ciudad unitaria, es forzoso que la amistad se diluya en la comunidad, en la que de ningún modo llame mío el padre al hijo, o viceversa. De las dos cosas que hacen que los hombres tengan interés y afecto: la pertenencia y la estimación, ninguna de ellas puede existir entre los ciudadanos de un gobierno unitario. Más problemas ve en la transferencia de hijos entre labradores y guardianes, porque es necesario que los entreguen y transfieran sepan qué niños entregan y a quienes, pues se corre el peligro de la promiscuidad, debido a que la pérdida de conciencia de familia, hace que los hijos y los padres biológicos se pierdan de vista.
Conectado con lo anterior, relacionado con el tema de la propiedad, efectúa Aristóteles la crítica a la comunidad de bienes. Si los que trabajan no son dueños de los objetos en que trabajan, podría haber disensiones entre los que crean que trabajan más y reciben menos de la ciudad, al no trabajar para su propio beneficio. Respecto a la propiedad privada, Aristóteles sostiene que siendo propietario, cada ciudadano pone unos bienes al servicio de los amigos y se sirve de otros comunes. Mientras que si todo es común, se corre el peligro expuesto al principio. Con el ejemplo de Esparta manifiesta que es mejor que la propiedad sea privada, pero para su utilización que se haga común, siendo tarea del legislador arbitrar el modo en que esto se haga. El hacer favores, ayudar a os amigos, en hacer la vida más agradable solo puede realizarse si existe la propiedad privada, cosa que no puede hacerse en la ciudad unitaria, entre otras cosas porque el uso común haría inútil la generosidad en el empleo de las propiedades.
La crítica a la comunidad de bienes se hace en sentido positivo, pues no se trata de considerar de cuántos males se suprimirían con la práctica comunista, sino de cuántos bienes se verán privados los ciudadanos. En la necesidad de considerar a la ciudad como una multiplicidad, es preciso hacerla una y común mediante la educación: cosa absurda, porque una ciudad se vive por medio de las costumbres, la filosofía y las leyes, y no con la educación conducida... No se podrá hacer la ciudad sin dividir y separar a los ciudadanos: si todas las osas son comunes a todos de la misma manera, no hay criterios para diferenciar las clases sociales, ni motivo para el sometimiento de unas a otras. Haciendo de cada ciudad una subciudad de clases, o de profesiones: la ciudad de los guardianes, la de los agricultores, etc  denuncias y procesos y otros males, existirán entre dichas clases: Sócrates sólo da educación a los guardianes, con lo que los agricultores, dueños de su propiedades (tributando9 serán más difíciles de manejar por sus pretensiones de dirigir la acción de los gobiernos. Y si se establece la comunidad de mujeres y la propiedad privada, no se sabe quién administrará la casa y los hombres de trabajo en el campo. Aristóteles mantiene que es absurdo deducir de la comparación con los animales que las mujeres deben ocuparse de las mismas cosas que los hombres. Los gobernantes son siempre los mismos y se suprime la felicidad de los guardianes: cuestión relevante porque el objeto del legislador debe ser hacer feliz a la ciudad entera.
Aristóteles prosigue criticando con análogos argumentos Las Leyes de Platón. Dice que son justamente leyes, y que de régimen político se habla poco. Aparte de la comunidad de las mujeres y de la propiedad, asigna en lo demás las mismas disposiciones a ambos regímenes: misma educación, vida libre y trabajos necesario, las comidas en común, solo que en las leyes se incluyen también a las mujeres.
A la afirmación platónica de que el legislador debe atender al territorio y a los hombres a la hora de establecer las leyes, Aristóteles indica que cabe añadir los lugares vecinos, (entendiendo a la posibilidad de guerra): las armas son necesarias tanto en el propio territorio como en los de alrededor... En cuanto a la extensión de la propiedad, y a la imprecisión platónica de la suficiencia de la misma en proporción con la vida moderada, Aristóteles entiende que quiere decir vivir bien, pero ve la afirmación demasiado general, porque es posible vivir con moderación pero miserablemente. Propone. Vivir moderada y liberalmente. Ve igualmente absurdo el que igualando las propiedades no se tomen medidas sobre el número de ciudadanos (natalidad sin límite). Porque los bienes se reparten entre la población en cantidad suficiente para garantizar la vida como antes se dijo, si hay excedente de población, habrá quien no perciba nada o que la porción que corresponde a cada uno al extenderse entre mayor número de individuos, sea menor y no se alcance el bien vivir. Luego, una medida de limitación de propiedad ha de conllevar una legislación contra el exceso de natalidad mediante el establecimiento de un número límite de ciudadanos: lo contrario es causar la pobreza a los ciudadanos y la pobreza engendra sediciones y crímenes. También observa que se ha omitido en Las Leyes en qué han de distinguirse gobernantes y gobernados. Asimismo aconseja examinar la división de las casas, porque asignó a cada uno dos edificios, en lugares separados siendo difícil habitar dos casas. Concluye que el sistema en conjunto, no quiere ser ni una democracia ni una oligarquía, sino un término medio entre ambas  República. Añade que en el tratado platónico se observa la necesidad de que el régimen mejor se componga de democracia y de tiranía, pero ambas no pueden considerarse en absoluto como regímenes de gobierno, o como los peores de todos. Opinan mejor los que mezclan más: el régimen compuesto de más elementos es el mejor. Luego ese régimen no tiene ningún elemento monárquico, sino oligárquico y democrático, y tiende a inclinarse más hacia la oligarquía (modo de nombrar a los magistrados, por sorteo entre los ya elegidos, tan común a muchos sistemas), pero el hecho de que sea obligatorio para los más ricos asistir a la asamblea, elegir a los magistrados o intervenir en otro asunto político, mientras los demás quedan exentos  así como procurar que sean más numerosos los magistrados procedentes de clases ricas y que las magistraturas más altas estén desempeñadas por los mayores tributarios. Tiene un riesgo añadido elegir los magistrados entre ciudadanos ya elegidos  si algunos quieren ponerse de acuerdo, siempre se hará la elección según su voluntad.
En cuanto al examen de otras teorías políticas, examina la propuesta por Faleas de Calcedonia: basada en afirmar que las posesiones de los ciudadanos deben ser iguales, con el convencimiento de que no era difícil de conseguir esto en las ciudades en el momento de su fundación. En las ya establecidas era más laborioso (solo con conseguir que los ricos dieran dotes y no las recibieran y los pobres no las dieran y las recibieran  reparto del común entre todos). Entre las objeciones a este sistema, Aristóteles cita la conveniencia de fijar el número de hijos a la vez que se fija la cantidad de la propiedad (si el número de hijos sobrepasase la magnitud de la propiedad sería forzoso anular la Ley, pues al no haber para todos, los ricos pasarían a ser pobres y es difícil que éstos no sean revolucionarios). Luego, la igualdad de la propiedad tiene influencia en la comunidad política.
Es posible también que se viva en la molicie por ser la propiedad demasiado abundante, o todo lo contrario, que se viva penosamente al ser la propiedad escasa: luego se hace necesario para el legislador apuntar como objetivo a un término medio: ha de igualar las ambiciones, incluso más que la propiedad, y esto no se logra sin una educación suficiente. Luego ha de igualar dos cosas el legislador: propiedad y educación. Es posible que sea una y la misma, pero que sea tal que surjan hombres predispuestos a ser ambiciosos de riquezas u honores, o ambas cosas. Añade que las sublevaciones se producen no sólo por la desigualdad de la propiedad, sino también por la de los honores: las masas se sublevan por la desigualdad de la propiedades, y las clases distinguidas por los honores, si son igualados. Los mayores delitos se cometen a causa de los excesos y no por las cosas necesarias, por eso concluye que el gobierno propuesto por Faleas, es solo una ayuda contra las pequeñas injusticias. Hay que considerar también las relaciones con los vecinos y con todos los extranjeros: el mejor límite, que los más fuertes no saquen provecho en hacer una guerra a causa del exceso de riqueza, sino que sea tal que no puedan hacerla. La igualación de las propiedades indignaría a los ricos o los nobles, porque no es justo que fueran iguales, entre otras cosas porque la ambición de los hombres es insaciable. Luego, para hacer viable el gobierno propuesto por Faleas hace falta como principio reformador, más que igualar las haciendas, formar a los ciudadanos naturalmente superiores, de tal modo que no quieran obtener más, y a las clases bajas para que no puedan, que sean inferiores pero sin injusticia. Ve otros defectos en la igualación de la propiedad de la tierra, de esclavos, ganados y dinero, concluyendo que hay que buscar la igualdad o una medida moderada de todas estas cosas.
Luego revisa el régimen de Hipodamo de Mileto, del que dice Aristóteles que fue el primero que sin ser político, intentó hablar sobre el régimen mejor: ciudad de 10.000 hombres, tres grupos: artesanos, agricultores y defensores en posesión de armas. Territorio dividido en tres partes: sagrada (donde se hicieran dones a los dioses), pública (donde vivieran los defensores) y privada (donde vivirían los agricultores.) Tres tipos de leyes correspondientes a otros tres tipos de procesos: injurias, daños y muerte. Establecimiento del Tribunal supremo(al que deberían remitirse los pleitos mal juzgados), constituidos por ancianos elegidos. Ley para honrar a los inventores de utilidades para la ciudad y para que los hijos de los muertos en guerra recibieran su alimento por cuenta del erario público y todos los magistrados deberían ser elegidos por el pueblo (las tres partes de la ciudad).Los elegidos debían cuidar de los asuntos de la ciudad, de los extranjeros y de los huérfanos.
En el comentario a este régimen, sobre la condición de los agricultores, dice que respecto de los artesanos y labradores, los agricultores no tienen armas, y los artesanos ni tierra ni armas  casi esclavos de los poseedores de las armas. Lo que les imposibilita para participar en todos los cargos pues las altas magistraturas son designadas por los poseedores de las armas. Ahora bien, los agricultores, si proporcionaran el alimento a los poseedores de armas, serían una parte de la ciudad por buena razón, pero la realidad es que poseen su tierra propia y la trabajan particularmente. Además, la tierra comunal, si la cultivan los mismos que han de defenderla, como quiere el legisladora, no sería diferente la clase combatiente y la agricultora. Tampoco está de acuerdo con la resolución de los jueces, respecto a lo de juzgar con distinciones  el juez se convierte en un árbitro, cosa que en los tribunales no es posible. En cuanto al reconocimiento de cierto honor para quienes descubran algo útil a la sociedad, es arriesgado, aunque pueda resultar grato. Puede llevar a falsas denuncias y a cambios políticos en algún caso. Sobre el cambio de las leyes tradicionales, dice Aristóteles que puede ocurrir que algunos propongan la abolición de las leyes o del régimen como un bien común, es el riesgo del cambio propuesto. Contra el argumento de algunas leyes son demasiados simples y bárbaras, Aristóteles dice que todos buscan no lo tradicional sino lo bueno, de manera que es verosímil pensar que los primeros hombres buscaran esa bondad en las leyes. Tampoco es mejor dejar inmutables las leyes escritas, porque lo práctico no es escribirlo todo exactamente, sino que lo escrito sea general, y en la práctica son casos particulares.
De aquí que concluya que algunas leyes y en ciertas ocasiones, se deben cambiar, pero con mucha precaución. Cuando la mejora sea pequeña, y en cambio, sea malo el acostumbrar a derogar con facilidad las leyes, es evidente que hay que permitir algunos errores de los legisladores y de los gobernantes.  El cambio no beneficiará tanto como dañara la costumbre de desobedecer a los gobernantes. Resulta engañosa la comparación con las artes, porque la ley no tiene otra fuerza que la de hacerse obedecer, y eso no se produce sino con el paso de mucho tiempo, de modo que el cambiar fácilmente de las leyes existentes a otras nuevas debilita la fuerza de la ley.
Pasa a continuación a examinar la constitución de Esparta, la de los lacedemonios, iniciando su exposición informando de la existencia de dos cuestiones: 1) si algo está bien o mal legislado en relación con la ordenación mejor, y 2) si hay algo contrario al principio de base y al carácter del régimen establecido por ellos.
Así como el hombre y la mujer son parte esencial de la casa  la ciudad debe considerarse dividida en dos partes: el conjunto de los hombres y de las mujeres. Todos los regímenes en que va mal lo referente a las mujeres, hay que considerar que la mitad de la ciudad está como sin leyes, Vg. Lacedemonia., donde buscando la fortaleza y resistencia de la ciudad, y logrado en cuanto a los hombres, descuidó a las mujeres, que viven sin freno de intemperancia y molicie. Así la riqueza en un régimen como este es estimada si los hombres son dominados por las mujeres, y algunos otros estiman abiertamente el amor entre varones. La diferencia entre que gobiernen mujeres o que los gobernantes sean gobernados por las mujeres es nula. Esta licencia de las mujeres entre los laconios desde el principio, fomenta la avaricia: el legislador desaprobó comprar o vender la tierra propia, pero dio la posibilidad de donarla o regalar a los que quisieran (el resultado es el mismo) Es de las mujeres las dos quintas partes del país por haber muchas herederas, y porque se dan grandes dotes. Hubiera sido mejor haber ordenado no dar ninguna dote a una pequeña o moderada.
No pudiendo alimentar a las tropas, el número de ciudadanos descendió, la ciudad no pudo soportar un solo revés y pereció por falta de hombres. Porque también es opuesta a la corrección la ley de la natalidad. El legislador impulsa a los ciudadanos a tener el mayor número de hijos posible: servicio militar que libera al padre de tres hijos. Todos los éforos proceden del pueblo  muchas veces acceden al cargo hombres muy pobres que por su indigencia son venales. Recomendación: si un gobierno pretende sostenerse, es necesario que todas las partes de la ciudad quieran que exista y que permanezca. Los reyes, por la dignidad que tienen, los nobles por la gerusía y el pueblo por el eforado. El modo de vida de los éforos tampoco es acorde con el propósito de la ciudad; este es relajado en exceso, mientras que el de los demás cae en un exceso de autoridad, hasta el punto de no poder resistirlo y escapan furtivamente para gozar de los placeres corporales. Tampoco está correcta la regulación de la magistratura de los ancianos: se dejan sobornar y ceder al favoritismo en muchos asuntos públicos; así sería mejor que no estuvieran exentos de rendición de cuentas (como lo están). La elección de los ancianos y el criterio que siguen es pueril, y no está bien que el mismo que vaya a ser merecedor del cargo lo solicite. Aristóteles es partidario de que el que debe ejercer el cargo es el que es digno de él, quiera o no quiera, por el ello el legislador ha de procurar que los ciudadanos sean ambiciosos, ya que nadie solicitará el cargo si no lo es: sin embargo, la mayor parte de los delitos voluntarios ocurren a causa de la ambición y la avaricia de los hombres.
En cuanto a la realeza: el legislador no puede hacer reyes perfectos, desconfía de que no sean suficientemente buenos hombres: por eso los hacían acompañar en embajada por otros embajadores enemigos suyos, por seguridad para la ciudad que los reyes estuvieran en discordia.
Tampoco es buena legislación las de las comidas en común (fiditia): el gasto debía ser a expensas del erario público. Los laconios tiene que contribuir cada uno (aunque algunos sean pobres y no lo puedan costear) de modo que ocurre lo contrario del propósito del legislador: no resultan en absoluto democráticas, pues no es fácil que los muy pobres participen.
Toda la ordenación lacedemonia está orientada hacia una parte de la virtud bélica: de manera que se mantuvieron mientras guerrearon, pero sucumbieron al alcanzar el meando, porque no sabían estar ociosos. Al creer que los bienes se consiguen más por la virtud que por el vició, suponen que esos bienes son superiores a la virtud, en lo que están equivocados. Así no hay nada en el tesoro de la ciudad, ha dejado a esta sin recursos y ha hecho avaros a los particulares.
Luego pasa revista a otros regímenes y los compara con el de Esparta: al ce Creta lo considera parecido al anterior, aunque en pequeñas cosas es superior pero en conjunto lo ve menos acabado. El eforado no existe sino los kosmoi, que se eligen no entre todos sino entre algunos linajes, y pueden renunciar al cargo durante el mismo. Lo peor de todo es la suspensión de dicha magistratura que provocan con frecuencia los poderosos cuando no quieren someterse a la justicia.  Oligarquía tiránica. También compara con Esparta la constitución de Cartago, que está próximo a los otros dos, siendo estos tres muy diferentes a todos los demás. Parecida a la magistratura de los éforos es la de los Ciento Cuatro, a la que considera mejor, porque se elige por las cualidades. Se inclina en unas cosas hacia la democracia, y en otras hacia la oligarquía, pues los Reyes junto a los ancianos, si están todos de acuerdo, son dueños de presentar un asunto y de no presentar otro ante el pueblo. También es malo el que los pentarcas sean elegidos por ellos mismos y elijan ellos la magistratura suprema de los Cien. Pero el hecho de no recibir sueldo ni se elijan por sorteo, debe ser considerado democrático, como el hecho de que todas las causas deban ser juzgadas por los magistrados y no unos unas y otros otras, como los Lacedemonios. Hay quien compra su cargo, produciendo la desviación de querer lucrarse a su costa. También desviado el que una persona ejerza varios cargos. Concluye que aunque es régimen oligárquico, Cartago rehúye los peligros por el enriquecimiento de los ciudadanos: envían periódicamente una parte del pueblo a las colonias.
Habla a continuación de legisladores relevantes como Solón y Licurgo, a quienes aparte de ser autores de leyes, crearon una constitución. Sobre Solón (Atenas), traslada la opinión de quienes le creyeron y legislador respetable por abolir la oligarquía absoluta, la eliminación de la esclavitud de pueblo y establecer la democracia tradicional, mezclando bien los elementos de la constitución (Consejo del Areópago), al hacer que todos los ciudadanos formasen parte de los tribunales. Hizo al tribunal dueño soberano de las decisiones (designado por sorteo) La constitución dio en la democracia actual. Efialtes y Pericles, en sus reformas, establecieron la retribución de los tribunales, y de este modo cada demagogo avanzó progresivamente hacia la democracia. Sólo concedió al pueblo la facultad necesaria de elegir a los magistrados y pedirles cuentas (a consecuencia de las Guerras Médicas); pero proveyó todas las magistraturas con los notables y los ricos, pentacosimedimnos y zeugitas, la tercera clase llamada de los caballeros, la cuarta era la de los jornaleros (no participaban en ninguna magistratura).
Habla de otros legisladores: Zeleuco en locria, y Carondas en Catania y demás ciudades calcídicas de itales y Sicilia. También destaca a Faleas en lo tocante a la igualación de las haciendas. También nombra las leyes de Dracón a las que señala como de extrema dureza por la magnitud de las penas. Y concluye con Pítaco, hablando de una ley peculiar suya: la de que los borrachos, si delinquen en alo, paguen una pena mayor que los sobrios, no prestó atención a la indulgencia mayor que se debe tener con los borrachos, sino a lo conveniente. Concluye con una mención al tracio Androdamante de Regio, y sus leyes sobre el asesinato y las herederas.

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