S?bado, 22 de diciembre de 2007
Publicado por Curunir @ 10:52  | Rese?a
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Rese?a de la novela LOS LOBOS de Guy Mazeline, premio Goncourt de 1932.

Se trata de una novela muy larga de corte proustiano en la que la acci?n viene determinada por la actitud, impulso e interacci?n de los personajes, la mayor?a meros actantes o representantes de fuerzas actanciales. Se enmarca en la tradici?n de las novelas de decadencia de familias burguesas, en las que un gran fundador, creador de un imperio comercial lega su herencia a un hijo incapaz de conservarlo y que suele dilapidar en medio de la desidia y el vicio o la ineficacia o pereza la fortuna heredada. En este caso tambi?n se a?nan la fuerza del naturalismo, indefectiblemente representada por los depredadores, los hijos del industrial, junto con su mujer y familiares o parte de la propia madre del protagonista, y la sensaci?n de invariabilidad de un destino ineluctable, tr?gico, y de cumplimiento de un fatum un castigo seguro por la actitud caprichosa y desidiosa del responsable.

Los Lobos cuenta la historia de Maximilien Jobourg, hijo de un armador de los grandes de la ciudad portuaria francesa de El Havre. La historia arranca en el momento en que en un tarde de abril de 1892, mientras lee en una tragedia de Racine los pesares de Hermione replicados por Orestes. Cuando Maximilien acude a un hotel de mala fama obedeciendo a una nota que le hacen llegar, los lobos, es decir, su propia esposa Marie Jeanne, su madre Virginie Jobourg, sus hijos Blanche, Didider, Geneveive, Vincent el cojo y Benoit, as? como sus yernos el ?hip?crita? Georges Piege y el desenvuelto y dandy Gilbert Saint- Remon; tambi?n los elementos discordes de la sociedad que le odia por lo que representa, los Durban, los Fauvelle, los Sluje y Banmagartelle, y tambi?n al final Mathilde Gaelou, todos estos comienzan su tarea de depredaci?n. Cada uno de ellos obedeciendo a sus propios intereses, hacen presa en el armador, quien obedeciendo solamente al deseo ciego de ser feliz con la hija de un antiguo amor, verdadero amor de juventud, y que se presenta como Valerie, ?supuesta sobrina?. Por conseguir liquidez para mantener a esta jovencita ignorante de su condici?n, hipoteca y vende Maximilien lo que le queda de la herencia de su padre.

Presionado por su propia madre, quien maquina de cerca por medio del propio yerno de Maximilien, Georges, para dejarlo en la ruina y a que le pague una vieja deuda de honor y de orgullo mal entendido, pues no le ha perdonado a su hijo el casamiento contra su voluntad con su actual mujer, a quien detesta, Maximilien dilapida todo el capital que le queda, por un lado dotando a una de sus hijas Geneveive ante la amenaza de un esc?ndalo y luego, por su ?sobrina? que es verdaderamente su hija, se humilla ante su madre y acepta su ayuda.

La obra va entrando en una din?mica de reproches odios, rencores, extorsiones, huidas sin reconciliaci?n entre los distintos miembros de la familia, que va encaminado a la obra hacia un final de tragedia griega ?afrancesada?. Porque cuando Valerie, enterada por Mathilde, supuesta amiga de su madre, de la verdadera identidad de su supuesto t?o, responsabiliza a ?ste del suicidio del que ella hab?a tomado siempre por su verdadero padre, culpando a aqu?l del amargo existir de ?ste y haci?ndole part?cipe tambi?n de haber contribuido a precipitar por la pena y el abatimiento el final de su madre. No encontrando salida alguna, la hija, una de las v?ctimas del tiempo y de los lobos ( la cordera) , se suicida en su apartamento precipitando con eso la muerte de su padre Maximilien; quien, creyendo que sus propios hijos, que le buscan desesperadamente por las callejas del puerto, lo hacen en realidad para entregarlo a la justicia como autor de un crimen, se arroja de puro desenga?o al agua del puerto desde un dock con los bolsillo llenos de guijarros, para hundirse en el agua. As? ocurre, porque las zambullidas reiteradas de sus hijos en un denodado af?n por rescatarle son in?tiles. Y la obra termina de esta manera desagarrada y con montones de hilos sin anudar y sin resolver la mayor parte de los caminos abiertos.

La obra resulta como tragedia demasiado larga y poco dram?tica. Contienen un exceso de escenas prescindibles que no tienen un desarrollo ni continuidad y parecen suponer una demostraci?n de fuerza por parte del autor, que se pretende moderno. Las referencias continuas a lo que piensan los personajes que intervienen en los di?logos, despojan a las escenas del marco representativo y convierte los di?logos en escenas balzquianas, paradigmas de estudios de costumbres o de tesis. Son di?logos excesivamente preparados, informativos en exceso y en algunos casos, los m?s, bastantes aburridos. Detienen la acci?n o la hacen ciertamente redundante.

Esta redundancia es lo ?nico en com?n que guarda esta obra con la presencia proustiana que es evocada en casi todas las p?ginas de este novel?n. Pero ni el sujeto ?ntico, ni la excusa motora, hace de Valerie una presencia en toda la obra comparable al nous anaxagorasiano, que produce el movimiento pero que permanece ajeno al universo que mueve y que luego se desentiende de ?l, dan cierta visi?n de conjunto org?nico, cuando menos visi?n narrativa imbricada al conjunto. ?ste se mueve como un retablo de figuras, con sus vi?etas perfectamente delimitadas y sin interactuar, cada una de ellas dirigida por el novelista en un plano instrumental, y representa cada una su papel depredador de manera inflexible hasta el final. El ?nico personaje con el que simpatiza el propio autor es el mayor de Maximilien, Didier; pero, desde punto y hora que le da por empatizar con su padre, se convierte a su vez en una v?ctima, y es el mundo de los lobos, personificado en la belleza de la hija de uno de los adversarios de Maximilien, Elisabeth Durban, quien le hace posicionarse en el lado de los depredadores, convirti?ndose al final Didier en otro de los que exigen su parte.

La obra concluye dando sentido c?clico a la primera escena con que arranca la obra, es decir, evocando la tragedia de Racine con las palabras de Orestes que Maximilien lee en voz alta poco antes de salir para el hotel L? Atlantique. Una estudiada ?mise en abime? que intenta conferir cierto aire c?clico o marco envolvente a esta novela, nada mala aunque larga en exceso.
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