S?bado, 15 de diciembre de 2007
Publicado por Curunir @ 14:23  | Resumen
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LIBRO PRIMERO

COMUNIDAD POLÍTICA Y COMUNIDAD FAMILIAR

En este primer libro Aristóteles afirma que el fin la comunidad máxima que incluye a todas las demás comunidades el bien supremo, y esta es la comunidad cívica.

Para su análisis utiliza el presupuesto metodológico de dividir dicha comunidad cívica en los demás elementos simples que la componen y así observar si cabe obtener algún resultado científico.

La génesis de la ciudad se encuentra en la familia: compuesta en su versión más simple por el varón y la mujer (con vistas a la generación), así como que se emparejen el que manda y el esclavo. El señor como quien es capaz de prever y el esclavo cuya misión es obedecer: al señor y al esclavo, interesa lo mismo.

De las dos comunidades, la primera es la casa; la formada por varias casas, la aldea; la de varias aldeas es la ciudad, la cual se considera el nivel más alto de autosuficiencia (condición de las ciudades).

La ciudad subsiste para el vivir bien., y decimos que en esto consiste su naturaleza (lo que cada cosa es llegado al desarrollo). Así, el hombre es un animal social (el insocial es un ser inferior o superior al hombre). La razón fundamental es porque es el único animal que tiene palabra.

Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada hombre social, porque el todo es necesariamente anterior a la parte. El que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada (autosuficiente), no es un miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios.

Sin virtud, el hombre es el ser más impío y feroz y el peor en su lascivia y voracidad. La justicia, que se desarrolla en la ciudad, es un valor cívico al ordenar la comunidad civil, por ser la justicia el discernimiento de lo justo.



Prosigue Aristóteles hablando sobre la administración doméstica y los elementos que la constituyen, diciendo que la casa perfecta la integran esclavos y libres. Pero las partes que constituyen la comunidad doméstica constituyen otras tantas relaciones entre seres, y son la heril, la conyugal y la procreadora. También hace referencia a la crematística.

En las relaciones entre el amo y el esclavo, Aristóteles esboza una teoría de la esclavitud: la propiedad es una parte de la casa, y el arte de adquirir, una pare de la administración doméstica. Así, las posesiones son un instrumento para la vida y la propiedad es una multitud de instrumentos. Considera al esclavo una posesión animada (un nivel más elevado del animal), subordinado en todo como instrumento previo a otros instrumentos.

¿Qué son los instrumentos no animados a que se refiere Aristóteles? Son los llamados de producción. Las posesiones, siendo también instrumentos, lo son de acción. Dice que la vida es acción y no producción. El esclavo no ha de producir, sino que ha de subordinarse para la acción. Utilizando su teoría de la parte y de la cosa que contiene a la parte referido a la pertenencia, concluye que la relación entre amo y esclavo es unidireccional: el amo es solamente dueño del esclavo, pero no le pertenece. El esclavo es servidor del amo y además le pertenece enteramente.

Naturaleza del esclavo: hombre que no se pertenece por naturaleza a sí mismo, sino a otro, así es hombre de otro el que, siendo hombre, es una posesión. Por tanto la posesión es un instrumento activo y distinto: el esclavo.



Descrita la naturaleza del esclavo, ahora pasa a clarificar si la esclavitud es un derecho natural, planteando si es mejor y justo para alguien ser o no esclavo, o si toda esclavitud es contra naturaleza. Para ello echa mano de la teoría del alma, proponiendo como evidente que al cuerpo le es conveniente por naturaleza ser regido por el alma, así como a la parte afectiva lo es ser gobernada por la inteligencia y la razón, y que lo inverso es perjudicial para todos. Extrapolado a la relación entre el hombre y los demás animales, dice que los domésticos tienen mejor naturaleza que los salvajes, y dice de aquellos que es en su beneficio el estar sometidos al hombre; lo mismo lo extiende a la relación entre macho y hembra (afirmando la teoría machista), hasta llegar a todos los hombres. Llegados a este punto, y existiendo esclavos por naturaleza, afirma que a éstos les es mejor estar sometidos al mando de quien actúa en la relación como el alma sobre el cuerpo, porque se supone que van persiguiendo un bien. El esclavo por naturaleza, dice, es el que puede ser de otro y participa de la razón lo suficiente como para percibirla, pero no para poseerla (lo que le diferencia de los animales que sólo obedecen por instinto). Concluye su disertación acerca de la naturaleza de los esclavos, atendiendo a sus diferentes características, en unos casos físicas y en otros espirituales. Unos esclavos tienen cuerpos de hombres libres, y otros, almas. Lo cual indica que unos hombres son libres y otros esclavos por naturaleza.



Prosigue justificando legalmente la esclavitud asegurando que ésta es conveniente y justa en ciertas condiciones. Porque existen esclavos y esclavitud en virtud de una ley, un acuerdo, según la cual las conquistas de guerra son de los vencedores, y hombres libres en naciones conquistadas en las contiendas militares, pasan a ser esclavos de sus vencedores. Expone opiniones varias, pero elige las contrapuestas: unos manifiestan que este tipo de esclavitud es justa porque es justo que mande el más fuerte, y otros basan esta justicia en la benevolencia. Hay quien considera justa la esclavitud que resulta de la guerra, pero al mismo tiempo lo niegan porque consideran que la guerra y sus consecuencias no son justas, o pueden no serlo, por lo que no puede llamarse esclavo al que de ningún modo merece la esclavitud. Del mismo modo se piensa acerca de la nobleza (los conquistados se consideran nobles en su país, pero los conquistadores nobles en todas partes). Expresado así, los esclavos se distinguen de los libres o los nobles de los de baja condición, sólo por su virtud o su vileza, como de hombres buenos nacen buenos. Concluye que hay un interés común y amistad recíproca entre esclavo y amo por naturaleza, que no existe entre los que lo son forzados o convenidos, en que más bien sucede lo contrario.



Continúa exponiendo las diferentes clases de mando, partiendo de que el saber del amo no es el mismo que el saber del esclavo. Son dos ciencias distintas. Son propias del esclavo las ciencias serviles (arte culinario, limpieza, corte de ropajes, etc.); y lo son del amo la ciencia que enseña a servirse de los esclavos, pues, dice, el amo no lo es por adquirir esclavos, sino por saber servirse de ellos: el amo debe mandar lo que el esclavo debe hacer, esto explica que los amos se dediquen al estudio y a la filosofía, mientras los quehaceres domésticos los realiza un administrador.



Continúa su exposición de los modos de poseer hablando de la crematística, o economía o parte auxiliar de ella. La diferencia que establece entre la economía y la crematística es que ésta se dedica a la adquisición y aquélla a la utilización. Viviendo la mayoría de los hombres de la tierra y de los productos cultivados, sus modos de vida tienen una actividad productiva (no se procuran alimento mediante cambio o comercio, sino directamente de su actividad como el pastoreo, la agricultura, la pesca, la caza o la piratería). Existen otros hombres, en menor medida que se dedican a combinar estos modos de vida, (consiguen lo que les falta mediante intercambio con los otros). Tal capacidad adquisitiva ha sido dada de manera natural: las plantas existen para animales y hombre y los animales para el hombre: los domésticos para su servicio y alimentación, los salvajes para alimento y pieles, e instrumentos. Parte de la base que la naturaleza no hace nada imperfecto o estéril: por lo tanto todos los seres han sido producido por la naturaleza, necesariamente a causa del hombre (esto explica que el arte de la guerra se considere un arte dado en el hombre por naturaleza). Así, una especie de arte adquisitivo es naturalmente una parte de la economía: almacenamiento de lo necesario y útil para vivir una comunidad, ciudad o casa. Ningún instrumento es ilimitado, ni en cantidad ni en magnitud. La riqueza es la suma de instrumentos al servicio de una casa o una ciudad: así que hay un arte de adquisición natural, para los que administran la casa y la ciudad.



Sobre la crematística, como arte diferente de adquisición. No viene dado por naturaleza, sino que requiere una cierta experiencia y técnica. El comerció de compra y venta no forma parte de la crematística por naturaleza, porque el cambio no se hace para satisfacer lo suficiente, y solo tiene alguna función cuando la comunidad es ya mayor. No se parece en nada al trueque, porque esto es cambiar unos productos por otros, pero nada más. Aunque de este trueque provino la crematística: el empleo de la moneda se hizo necesario al no poderse transportar todos los productos de una comunidad grande realmente necesarios. De este modo, para los cambios, las comunidades convinieron entre sí dar y recibir algo que siendo útil fuera de uso de fácil manejo para la vida (hierro, plata o semejante). Se acuñaron monedas, y se marcaron señales de su valor. Inventada la moneda, surgió la otra forma de crematística: el comercio de compra y venta, de ahí que la crematística parezca tratar sobre todo de la moneda_ su función es el poder considerar de dónde se obtendrá abundancia de recursos, por ser arte productivo.



En la búsqueda de la riqueza, unos la ponen en la acumulación de bienes y otros en la abundancia de monedas. Definidas ambas por su lado, la crematística y la riqueza son diferentes por naturaleza: la riqueza es el arte de administrar la casa mientras que la crematística es el arte del comercio. Pero mientras que las riquezas derivadas de la administración tienen el límite en la suficiencia; las riquezas derivadas de la crematística carecen de límite, porque al ser el dinero su elemento básico, nunca se determina su suficiencia.



Visto de este modo, y atendiendo a la ciencia crematística, observa Aristóteles, que existen dos tipos de artes crematísticos: uno que atiende a la adquisición (productivo) y otro fijado exclusivamente en el incremento de la moneda (improductivo o especulativo), misión: aumentar la riqueza indefinidamente. Causa: afán de vivir, no de vivir bien. El deseo sin límites hace que se deseen sin límites los medios productivos. Al residir el placer en el exceso, se busca el arte que produzca ese placer excesivo. Algunos convierten todas las facultades naturales en crematísticas, como si tal fuera su fin. Luego de las dos crematísticas, ésta última no es necesaria para la comunidad, porque no atiende al fin de vivir bien, sino solo del vivir.



A la naturaleza le corresponde suministrar alimentos al hombre, y a partir de estos recursos, es el administrador quien debe ver como se reparten. El alimento para todos es el residuo de la materia de la que se originan y esto provoca que la crematística (partiendo de los frutos de la tierra y de los animales) sea siempre conforme a la naturaleza. Sin embargo, la otra forma de crematística dedicada al comercio de la compra y venta, ha sido censurada porque os bienes no se obtienen de la naturaleza sino a expensas de otros, siendo aborrecible la usura porque su razón de ser es la ganancia que procede el mismo dinero y no de aquello para lo que se inventó.



De las diferentes ramas de la crematística, analiza el monopolio, la cual se forma primero a partir de la basada en el cambio, la cual tiene tres partes: embarque, transporte y venta; segundo en la usura y tercero en el trabajo asalariado.

Una tercera forma de crematística intermedia se refiere a la explotación de tierras sin frutos (bosques y minería).

Las más técnicas de estas actividades son las que sufren un mínimo de azar, las más rudas las que dañan más al cuerpo y las más innobles las que menos necesitan las cualidades personales.

El monopolio lo ejemplifica con el consabido ejemplo de Tales de Mileto y su molino de aceite, al predecir una gran cosecha de aceitunas como consecuencia de un otoño pródigo en lluvias. La adquisición de todos los molinos de aceite por Tales, de manera que todo el mundo debía pagarle por la molienda si no quería perder la cosecha, es el monopolio. Definido como principio general de la crematística: el aseguramiento del monopolio, al que recurren algunas ciudades cuando están en apuros de dinero.



A continuación pasa a definir y exponer las relaciones familiares y la autoridad paternal y marital. Dice que las partes de la administración doméstica eran tres: dominio del amo (ya tratado) la paterna y la conyugal. A la mujer y a los hijos hay que gobernarlos como seres libres (a la mujer como a un ciudadano y a los hijos monárquicamente). Dice que el hombres es por naturaleza más apto para mandar que la mujer (la excepción la considera antinatural), así como el de más edad y maduro más que el más joven a inmaduro. La autoridad sobre la mujer es la misma que se da en los regímenes en los que alternan los gobernantes y los gobernados; sin embargo, repite que ante los hijos se debe ejercer una autoridad regia: el que engendró a los hijos ejerce el mando por afecto y por su mayor edad.



Vuelve a tratar en general de los hombres libres y los esclavos, pero ateniéndose a las virtudes de ambos.

Dice que los hombres participan de la virtud, pero que hay diferencias en ella como las hay entre los que por naturaleza deben mandar y obedecer: porque la mayoría de las cosas tienen elementos regentes y elementos regidos (manda el libre al esclavo, el varón a la mujer, el hombre al niño). En todos existen partes del alma, pero de diferente manera: el esclavo, frente a la mujer carece de facultad deliberativa, que la mujer posee pero no la ejerce, siendo la del niño imperfecta. Extrapolado esto, supone que con las virtudes morales sucede otro tanto de lo mismo: todos deben participar de ellas pero no de la misma forma, así el que manda debe poseer la perfecta virtud ética., y cada uno de los demás en la medida en que le corresponde. La virtud moral es propia de todos, pero no es la misma prudencia la del hombre a la de la mujer, así como tampoco la fortaleza ni la justicia. Hay, pues, una fortaleza para mandar y otra para servir, sucediendo lo mismo con las demás virtudes.

Si el esclavo era útil para los servicios necesarios, necesita poca virtud (la precisa para no dejar de cumplir sus deberes por dejadez, cobardía o intemperancia). En cambio, el señor debe ser para el esclavo la causa de la virtud en cuestión, pero no porque la enseñanza de los trabajos sea propia del amo, sino porque llegado el caso hay que corregir a los esclavos, y más que a los niños, en que el ejemplo del padre o tutor es fundamental. A los esclavos hay que reprenderlos, razonando con ellos, si hace falta; a los niños, hay que educarlos con el ejemplo virtuoso, por lo que necesitan pocos razonamientos.

Termina anticipando el tema del segundo libro, sobre las constituciones más perfectas, que es como una segunda introducción al tratado político.







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