<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><rss version="0.91">    <channel>        <title>El rastro del onagro</title>        <description><![CDATA[Cultura y pensamiento. Filosofía, literatura, reflexión. Cuestiones racionales, sensitivas y también irracionales, artísticas, hasta algo de noticia científica, lingüistica, médica, política, etc.]]></description>        <link>http://gertobis.blogcindario.com/</link>        <lastBuildDate>Wed, 11 Nov 2009 01:37:25 +0100</lastBuildDate>        <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator>        <item>            <title>Brooklyn Follies .- PAUL AUSTER  (III)</title>            <link>http://gertobis.blogcindario.com/2009/10/00392-brooklyn-follies-paul-auster-iii.html</link>            <description><![CDATA[<h1>BROOKLYN FOLLIES<a href="articulos.php?id=89090&amp;config=espera&amp;pub=#_ftn1">[1]</a>: PAUL AUSTER</h1><hr align="left" size="1" width="33%" /><p><br />Doble estructura de la realidad: </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>El yo conocedor de los hechos</p><p>&nbsp;</p><p>El objeto de que Nathan Glass, el narrador protagonista, pueda sentirse al final en posesi&oacute;n de un estado transitivo, de &aacute;nimo pronto a la colaboraci&oacute;n, receptivo ante los problemas ajenos y con una disponibilidad de tiempo total para ocuparse de ajenas peripecias. &iquest;C&oacute;mo?, colocando al mismo en una tesitura vital que total inanidad propia, de manera que su vac&iacute;o est&eacute; en disposici&oacute;n de ser llenado por las peripecias de otros, hasta el punto de que &eacute;stas conformen y rellenen la suya propia.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Para esto es necesario que est&eacute; al tanto de todo lo que pueda ocurrir a sus compa&ntilde;eros, que sea depositario de toda la peripecia, tanto de la historia como de la prehistoria, y tambi&eacute;n de la protohistoria de sus compa&ntilde;eros de reparto.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Los hechos, sobre todo los que ata&ntilde;en a los personajes, son de total conocimiento, hasta de sus pormenores m&aacute;s escabrosos, del narrador protagonista, quien sabiamente va dosific&aacute;ndoselos al lector para picar su curiosidad paulatinamente, revelando pormenores a veces ins&oacute;litos, en los momentos de decaimiento argumental, de modo que el ritmo de la obra se mantenga como una especie de canci&oacute;n callejera. Historias de Brooklyn, este es el t&iacute;tulo, y creo que Auster consigue muy dignamente y sin aparatos la sensaci&oacute;n de estar asistiendo a un trozo de la vida humana de este barrio neoyorquino.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>No es el protagonista</p><p>En multitud de ocasiones el narrador manifiesta de manera expresa que &eacute;l no es el protagonista, pero sobre todo en la p&aacute;gina 20 al inicio del segundo cap&iacute;tulo dice &ldquo;La distinci&oacute;n de llevar el t&iacute;tulo de protagonista de este libro le corresponde a mi sobrino Tom Wood&rdquo;. Esto se debe principalmente a que el encuentro con este personaje determina la cadena de sucesos que van a ir conformando la totalidad del relato. En cuanto al hecho de que por parte del autor se haga esta concesi&oacute;n se debe quiz&aacute; a la conciencia que tiene &eacute;ste de la baja competencia de sus lectores. Debe decirse que esta caracter&iacute;stica se da en la mayor&iacute;a de las novelas que pretenden gran tirada y han de hacer esta concesi&oacute;n a la editorial. Rebajar la calidad del texto e ir buscando la eficacia comunicativa en detrimento de la belleza o la calidad expresiva. No es un defecto aislado en Auster, tan solo debemos censurarle el hecho de haber cedido a las necesidades del vulgo. Pero nada m&aacute;s.</p><h6>Referencias literarias</h6><p>&nbsp;</p><p>Es una caracter&iacute;stica de este autor, como de tantos otros, hacer alarde de sus conocimientos literarios a cada paso que da en la obra. Considero fea costumbre esta que no aporta nada a la obra literaria, pero que impregna sus l&iacute;neas de una especie de ordenanza libresca que en modo alguno ayuda a aclarar la postura de los personajes. </p><p>Puedo entender que una obra cuyo contenido es la literatura, o una referencia a la misma, pueda contener en vertientes m&aacute;s o menos serias, contenidos literarios, e incluso podr&iacute;a el autor disfrazar su pedante intenci&oacute;n de mostrarse superculto en esta materia, creando el artificio capaz de darle esa palestra (no olvidemos la genial invenci&oacute;n de Cervantes al respecto), pero no resulta elegante ni educado, a mi juicio, dar pistas o referencias cruzadas de cada personaje, o de cada circunstancias, siempre con destino a una cita o al car&aacute;cter de una obra determinada.</p><p>Muchos son los gui&ntilde;os y bastantes las referencias expresas existentes en esta novela a obras de la literatura universal, que no dejan de aparecer en forma de menci&oacute;n o de alusi&oacute;n, desde la Divina Comedia dantesca, casi siempre referido al medio de la vida a que se refiere el comienzo de su poema primero, Infierno, hasta obras de Melville (Tom lleg&oacute; a preparar una tesis sobre este autor), por no hablar de Nathaniel Hawthorne (el padre de la novela americana). Este &uacute;ltimo, si bien est&aacute; relacionado con el personaje principal y la peripecia de uno de los adyuvantes, no resulta relevante m&aacute;s que la textura superficial del texto y no aporta nada, ni tan siquiera de manera sugerente, al espeso tinglado de la vida de los personajes novelescos. </p><p>Esta perversa costumbre moderna que Auster incorpora&nbsp; al cuerpo de su novela, me parece una de las taras m&aacute;s significativas de la novela.</p><p>Cualquiera que tenga un medio nivel de cultura literaria reconocer&aacute; los obvios y a veces burdos anzuelos,( burdos por lo evidentes e ingenuos) que el autor va lanzando con el prop&oacute;sito de mostrar sus conocimientos en la materia que conforma su trabajo cotidiano el lenguaje literario: lo que hoy llaman est&uacute;pidamente escritura creativa, como si toda la escritura ajena al af&aacute;n literario no fuera creaci&oacute;n de mensaje alguno (lo que tambi&eacute;n da en la cretina menci&oacute;n de autores creativos y autores no creativos).</p><h6>Cualidades de los nombres y de los hechos</h6><p>Los apellidos satisfacen la necesidad de este autor de hacer metanovela mientras escribe: el hecho de llamase cristal o madera o agua, parece suponer que aportan al personaje una connotaci&oacute;n extra&ntilde;a a lo que sobre &eacute;l se escribe, y hace&nbsp; figurar, al estilo de escritores simb&oacute;licos, en especial los finiseculares del XIX, para Unamuno es importante llamarse Manuel Bueno, o los iniciados en &oacute;rdenes secretas, para Julio Verne, el nombre de Nemo, o Amigo de la Niebla (Phileas fog), confiere caracter&iacute;sticas especiales a estos personajes. Auster incluso lo manifiesta, como tiene por costumbre, para aclar&aacute;rselo al lector de bajo nivel, lo dice claramente aunque de manera tangencial: lo manifiesta en boca de Harry &ldquo;Qu&eacute; interesante. Tom Wood y Nathan Glass. Madera y Cristal. Si yo me cambiara el nombre y me llamara Steel, podr&iacute;amos abrir un estudio de arquitectura y llamarnos Wood, Glass y Steel.&rdquo; (pg. 65). Tambi&eacute;n sobre esto mismo aparece el apellido de batallad del propio Harry: Dunkel, que significa oscuro (pg. 42), y lo ya dicho sobre el apellido Hawthorn (espino). </p><p>Tambi&eacute;n algunos hechos o costumbres del narrador protagonista han de sufrir un cambio de cualidad y sobre todo de frecuencia. As&iacute;, se da casi la inversi&oacute;n que refleja el personaje de Nathan, quien comienza por escribir multitud de relatos sobre las costumbre que cree estar viendo en el barrio y que titula <em>El libro del desvar&iacute;o humano</em>. Curiosamente este libro ir&aacute; decreciendo haga el punto de ser objeto de referencia para ser le&iacute;do, y no escrito. Tambi&eacute;n var&iacute;a la costumbre casi diaria de masturbarse antes de dormir, y cuando acaba la obra no hay referencia ninguna a esta costumbre, que ha dado paso al coito con la amante.</p><p>&nbsp;</p><h6>Conclusi&oacute;n</h6><p>&nbsp;</p><p>Despu&eacute;s de todo lo manifestado, debo declararme cauto referente a este autor americano. Lo digo porque he adquirido varias otras novelas suyas y no quiero pronunciarme sobre su modo de narrar generalizando sobre su estilo s&oacute;lo a trav&eacute;s de una de sus obras. Adem&aacute;s porque dentro de sus limitaciones de autor que pretende llegar a las masas, haciendo concesiones a las editoriales para vender m&aacute;s libros a costa de la calidad formal del texto, al menos Auster consigue entretener, y a pesar del feo vicio de utilizar el texto narrativo como pretexto de sus conocimientos literarios o hist&oacute;ricos, o cualesquiera otros, las referencias carecen de pedanter&iacute;a y est&aacute;n muy oportunamente incrustadas, haciendo que aparezcan m&aacute;s por capricho del narrador protagonista del relato que por la voluntad del autor aut&eacute;ntico Paul Auster, lo que relaja un poco la tensi&oacute;n entre el lector algo cohibido y el autor que habla a trav&eacute;s de su personaje. Es la ventaja y al mismo tiempo la sensaci&oacute;n ventajismo de todo escrito en primera persona: que el autor puede escudarse en la mala educaci&oacute;n o fea conciencia de sus personajes narradores para escudar su propia mala fe, su propio sarcasmo o disimular su falta de talento. No espero que esto &uacute;ltimo configure el caso de Paul Auster, aunque todo est&aacute; por ver.</p><p>En cuanto a mi valoraci&oacute;n de Brooklyn Follies; me parece una obra muy digna, teniendo en cuenta los tiempos aciagos que corren para la literatura de creaci&oacute;n y en especial para la novela, formato &eacute;ste en el que est&aacute;n cabiendo todos los disparates que actualmente se empaquetan para el vulgar consumo. Como novela se escriben tratados de historia que adolecen de categor&iacute;a cient&iacute;fica para tales, y tratados, ensayos o manifiestos, obras de cualquier tipo de autores carecientes de formaci&oacute;n y de sabidur&iacute;a para atreverse a escribir este tipo de obras. Gentes que no pueden dedicar a&ntilde;os enteros a presentar un resultado, se arriman al socorrido mundo de la novela, donde toda hip&oacute;tesis parece de f&aacute;cil desarrollo tras una breve exposici&oacute;n, una descripci&oacute;n pobre o somer&iacute;sima, una narraci&oacute;n de cuentecito expl&iacute;cito, unos buenos revolcones con dosis de sexo fuerte o d&eacute;bil, seg&uacute;n sea en caso, y una sarta inacabable de di&aacute;logos sin sentido para rellenar p&aacute;ginas y p&aacute;ginas. Una novela no compromete a nada y puede vomitarse en ella todo lo que se ha engullido malamente de manuales de pacotilla o de revistillas de vulgarizaci&oacute;n(aza) cient&iacute;fico-t&eacute;cnica. </p><p>Afortunadamente no es el caso de Auster, quien, aunque cae en la tentaci&oacute;n de demostrar todo lo que sabe a costa y por v&iacute;a de su texto narrativo, se ci&ntilde;e dignamente al relato que perge&ntilde;a, lo maneja con notable soltura cuidando de los tiempos y de la coherencia de los personajes; es entretenido, lo que es raro hoy en d&iacute;a si no se escriben barbaridades o situaciones exc&eacute;ntricas cuando no repugnantes o violentas. Adem&aacute;s manifiesta cierto respeto por la figura ya obliterada por las editoriales y que se conoc&iacute;a como &ldquo;lector atento&rdquo;. Es de agradecer la maniobra literaria de Auster para no aburrir a este &ldquo;Atento lector&rdquo;, agradecerle el no sentirse en su mundo de creador tan satisfecho de s&iacute; mismo que pretenda convencerse de que ya no hay lectores que saben leer buenas novelas, a lo cl&aacute;sico, es decir a lo grande, y pretendan (como es el caso de casi la mayor&iacute;a de los que escriben en castellano), hacer pasar al lector por toda la incongruencia delirante de sus mundos creados a partir de la vivencia propia o figurada, de sus iconos desnutridos de arte y de verdad.</p><p>En fin, <em>Brooklyn Follies </em>es un buen comienzo para iniciarse en la lectura de la obra de este norteamericano, de estilo nada complicado y con fallos en la dicci&oacute;n y en algunas construcciones reiterativas, como el abuso de las comas o las salvedades, que siempre son achacables a la impericia del traductor ( un individuo llamado Benito G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez), del que no conozco otra traslaci&oacute;n distinta de las que ha realizado de las obras de Auster. Tal vez resulte finalmente que dichos errores son achacables directamente al autor porque su traslado desde el ingl&eacute;s no es mejorable ni a tiros; en ese caso hablar&eacute; cuando pueda disponer de los textos originales en ingl&eacute;s. Me temo, no obstante, que eso ser&iacute;a ya emplear en este autor un esfuerzo digno de mejor causa.</p><p><a href="articulos.php?id=89090&amp;config=espera&amp;pub=#_ftnref1">[1]</a> Brooklyn Follies.- Paul Auster, Ed. Anagrama, 2006, en col. 2009.</p><p>&nbsp;</p>]]></description>            <pubDate>Fri, 16 Oct 2009 20:46:00 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Resistencia al mal.- MAX WEBER</title>            <link>http://gertobis.blogcindario.com/2009/10/00409-resistencia-al-mal-max-weber.html</link>            <description><![CDATA[<p><span style="font-family: tahoma,arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;">"Op&oacute;n resistencia al mal, pues de lo contrario ser&aacute;s corresponsable de su supremac&iacute;a".<br /><br /><strong>Max Weber, "La ciencia como profesi&oacute;n", 92<br /></strong>(Citado por Joaqu&iacute;n Abell&aacute;n, R.O. 238-239 ( pg. 32)</span></p>]]></description>            <pubDate>Mon, 12 Oct 2009 13:38:10 +0100</pubDate>        </item>    </channel></rss>