<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">    <title>El rastro del onagro</title>    <subtitle>Cultura y pensamiento. Filosofía, literatura, reflexión. Cuestiones racionales, sensitivas y también irracionales, artísticas, hasta algo de noticia científica, lingüistica, médica, política, etc.</subtitle>    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://gertobis.blogcindario.com/"/>    <id>http://gertobis.blogcindario.com/</id>    <updated>2009-11-11T01:37:25+01:00</updated>    <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://gertobis.blogcindario.com/atom.xml" />    <entry>        <title>Brooklyn Follies .- PAUL AUSTER  (III)</title>        <link rel="alternate" type="text/html" href="http://gertobis.blogcindario.com/2009/10/00392-brooklyn-follies-paul-auster-iii.html"/>        <published>2009-10-16T20:46:00+01:00</published>        <updated>2009-10-16T20:46:00+01:00</updated>        <id>http://gertobis.blogcindario.com/2009/10/00392-brooklyn-follies-paul-auster-iii.html</id>        <author>            <name>Curunir</name>        </author>        <summary type="html">&lt;h1&gt;BROOKLYN FOLLIES&lt;a href=&quot;articulos.php?id=89090&amp;amp;config=espera&amp;amp;pub=#_ftn1&quot;&gt;[1]&lt;/a&gt;: PAUL AUSTER&lt;/h1&gt;&lt;hr align=&quot;left&quot; size=&quot;1&quot; width=&quot;33%&quot; /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Doble estructura de la realidad: &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El yo conocedor de los hechos&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El objeto de que Nathan Glass, el narrador protagonista, pueda sentirse al final en posesi&amp;oacute;n de un estado transitivo, de &amp;aacute;nimo pronto a la colaboraci&amp;oacute;n, receptivo ante los problemas ajenos y con una disponibilidad de tiempo total para ocuparse de ajenas peripecias. &amp;iquest;C&amp;oacute;mo?, colocando al mismo en una tesitura vital que total inanidad propia, de manera que su vac&amp;iacute;o est&amp;eacute; en disposici&amp;oacute;n de ser llenado por las peripecias de otros, hasta el punto de que &amp;eacute;stas conformen y rellenen la suya propia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para esto es necesario que est&amp;eacute; al tanto de todo lo que pueda ocurrir a sus compa&amp;ntilde;eros, que sea depositario de toda la peripecia, tanto de la historia como de la prehistoria, y tambi&amp;eacute;n de la protohistoria de sus compa&amp;ntilde;eros de reparto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los hechos, sobre todo los que ata&amp;ntilde;en a los personajes, son de total conocimiento, hasta de sus pormenores m&amp;aacute;s escabrosos, del narrador protagonista, quien sabiamente va dosific&amp;aacute;ndoselos al lector para picar su curiosidad paulatinamente, revelando pormenores a veces ins&amp;oacute;litos, en los momentos de decaimiento argumental, de modo que el ritmo de la obra se mantenga como una especie de canci&amp;oacute;n callejera. Historias de Brooklyn, este es el t&amp;iacute;tulo, y creo que Auster consigue muy dignamente y sin aparatos la sensaci&amp;oacute;n de estar asistiendo a un trozo de la vida humana de este barrio neoyorquino.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No es el protagonista&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En multitud de ocasiones el narrador manifiesta de manera expresa que &amp;eacute;l no es el protagonista, pero sobre todo en la p&amp;aacute;gina 20 al inicio del segundo cap&amp;iacute;tulo dice &amp;ldquo;La distinci&amp;oacute;n de llevar el t&amp;iacute;tulo de protagonista de este libro le corresponde a mi sobrino Tom Wood&amp;rdquo;. Esto se debe principalmente a que el encuentro con este personaje determina la cadena de sucesos que van a ir conformando la totalidad del relato. En cuanto al hecho de que por parte del autor se haga esta concesi&amp;oacute;n se debe quiz&amp;aacute; a la conciencia que tiene &amp;eacute;ste de la baja competencia de sus lectores. Debe decirse que esta caracter&amp;iacute;stica se da en la mayor&amp;iacute;a de las novelas que pretenden gran tirada y han de hacer esta concesi&amp;oacute;n a la editorial. Rebajar la calidad del texto e ir buscando la eficacia comunicativa en detrimento de la belleza o la calidad expresiva. No es un defecto aislado en Auster, tan solo debemos censurarle el hecho de haber cedido a las necesidades del vulgo. Pero nada m&amp;aacute;s.&lt;/p&gt;&lt;h6&gt;Referencias literarias&lt;/h6&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es una caracter&amp;iacute;stica de este autor, como de tantos otros, hacer alarde de sus conocimientos literarios a cada paso que da en la obra. Considero fea costumbre esta que no aporta nada a la obra literaria, pero que impregna sus l&amp;iacute;neas de una especie de ordenanza libresca que en modo alguno ayuda a aclarar la postura de los personajes. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Puedo entender que una obra cuyo contenido es la literatura, o una referencia a la misma, pueda contener en vertientes m&amp;aacute;s o menos serias, contenidos literarios, e incluso podr&amp;iacute;a el autor disfrazar su pedante intenci&amp;oacute;n de mostrarse superculto en esta materia, creando el artificio capaz de darle esa palestra (no olvidemos la genial invenci&amp;oacute;n de Cervantes al respecto), pero no resulta elegante ni educado, a mi juicio, dar pistas o referencias cruzadas de cada personaje, o de cada circunstancias, siempre con destino a una cita o al car&amp;aacute;cter de una obra determinada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Muchos son los gui&amp;ntilde;os y bastantes las referencias expresas existentes en esta novela a obras de la literatura universal, que no dejan de aparecer en forma de menci&amp;oacute;n o de alusi&amp;oacute;n, desde la Divina Comedia dantesca, casi siempre referido al medio de la vida a que se refiere el comienzo de su poema primero, Infierno, hasta obras de Melville (Tom lleg&amp;oacute; a preparar una tesis sobre este autor), por no hablar de Nathaniel Hawthorne (el padre de la novela americana). Este &amp;uacute;ltimo, si bien est&amp;aacute; relacionado con el personaje principal y la peripecia de uno de los adyuvantes, no resulta relevante m&amp;aacute;s que la textura superficial del texto y no aporta nada, ni tan siquiera de manera sugerente, al espeso tinglado de la vida de los personajes novelescos. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esta perversa costumbre moderna que Auster incorpora&amp;nbsp; al cuerpo de su novela, me parece una de las taras m&amp;aacute;s significativas de la novela.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cualquiera que tenga un medio nivel de cultura literaria reconocer&amp;aacute; los obvios y a veces burdos anzuelos,( burdos por lo evidentes e ingenuos) que el autor va lanzando con el prop&amp;oacute;sito de mostrar sus conocimientos en la materia que conforma su trabajo cotidiano el lenguaje literario: lo que hoy llaman est&amp;uacute;pidamente escritura creativa, como si toda la escritura ajena al af&amp;aacute;n literario no fuera creaci&amp;oacute;n de mensaje alguno (lo que tambi&amp;eacute;n da en la cretina menci&amp;oacute;n de autores creativos y autores no creativos).&lt;/p&gt;&lt;h6&gt;Cualidades de los nombres y de los hechos&lt;/h6&gt;&lt;p&gt;Los apellidos satisfacen la necesidad de este autor de hacer metanovela mientras escribe: el hecho de llamase cristal o madera o agua, parece suponer que aportan al personaje una connotaci&amp;oacute;n extra&amp;ntilde;a a lo que sobre &amp;eacute;l se escribe, y hace&amp;nbsp; figurar, al estilo de escritores simb&amp;oacute;licos, en especial los finiseculares del XIX, para Unamuno es importante llamarse Manuel Bueno, o los iniciados en &amp;oacute;rdenes secretas, para Julio Verne, el nombre de Nemo, o Amigo de la Niebla (Phileas fog), confiere caracter&amp;iacute;sticas especiales a estos personajes. Auster incluso lo manifiesta, como tiene por costumbre, para aclar&amp;aacute;rselo al lector de bajo nivel, lo dice claramente aunque de manera tangencial: lo manifiesta en boca de Harry &amp;ldquo;Qu&amp;eacute; interesante. Tom Wood y Nathan Glass. Madera y Cristal. Si yo me cambiara el nombre y me llamara Steel, podr&amp;iacute;amos abrir un estudio de arquitectura y llamarnos Wood, Glass y Steel.&amp;rdquo; (pg. 65). Tambi&amp;eacute;n sobre esto mismo aparece el apellido de batallad del propio Harry: Dunkel, que significa oscuro (pg. 42), y lo ya dicho sobre el apellido Hawthorn (espino). &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tambi&amp;eacute;n algunos hechos o costumbres del narrador protagonista han de sufrir un cambio de cualidad y sobre todo de frecuencia. As&amp;iacute;, se da casi la inversi&amp;oacute;n que refleja el personaje de Nathan, quien comienza por escribir multitud de relatos sobre las costumbre que cree estar viendo en el barrio y que titula &lt;em&gt;El libro del desvar&amp;iacute;o humano&lt;/em&gt;. Curiosamente este libro ir&amp;aacute; decreciendo haga el punto de ser objeto de referencia para ser le&amp;iacute;do, y no escrito. Tambi&amp;eacute;n var&amp;iacute;a la costumbre casi diaria de masturbarse antes de dormir, y cuando acaba la obra no hay referencia ninguna a esta costumbre, que ha dado paso al coito con la amante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;h6&gt;Conclusi&amp;oacute;n&lt;/h6&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Despu&amp;eacute;s de todo lo manifestado, debo declararme cauto referente a este autor americano. Lo digo porque he adquirido varias otras novelas suyas y no quiero pronunciarme sobre su modo de narrar generalizando sobre su estilo s&amp;oacute;lo a trav&amp;eacute;s de una de sus obras. Adem&amp;aacute;s porque dentro de sus limitaciones de autor que pretende llegar a las masas, haciendo concesiones a las editoriales para vender m&amp;aacute;s libros a costa de la calidad formal del texto, al menos Auster consigue entretener, y a pesar del feo vicio de utilizar el texto narrativo como pretexto de sus conocimientos literarios o hist&amp;oacute;ricos, o cualesquiera otros, las referencias carecen de pedanter&amp;iacute;a y est&amp;aacute;n muy oportunamente incrustadas, haciendo que aparezcan m&amp;aacute;s por capricho del narrador protagonista del relato que por la voluntad del autor aut&amp;eacute;ntico Paul Auster, lo que relaja un poco la tensi&amp;oacute;n entre el lector algo cohibido y el autor que habla a trav&amp;eacute;s de su personaje. Es la ventaja y al mismo tiempo la sensaci&amp;oacute;n ventajismo de todo escrito en primera persona: que el autor puede escudarse en la mala educaci&amp;oacute;n o fea conciencia de sus personajes narradores para escudar su propia mala fe, su propio sarcasmo o disimular su falta de talento. No espero que esto &amp;uacute;ltimo configure el caso de Paul Auster, aunque todo est&amp;aacute; por ver.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En cuanto a mi valoraci&amp;oacute;n de Brooklyn Follies; me parece una obra muy digna, teniendo en cuenta los tiempos aciagos que corren para la literatura de creaci&amp;oacute;n y en especial para la novela, formato &amp;eacute;ste en el que est&amp;aacute;n cabiendo todos los disparates que actualmente se empaquetan para el vulgar consumo. Como novela se escriben tratados de historia que adolecen de categor&amp;iacute;a cient&amp;iacute;fica para tales, y tratados, ensayos o manifiestos, obras de cualquier tipo de autores carecientes de formaci&amp;oacute;n y de sabidur&amp;iacute;a para atreverse a escribir este tipo de obras. Gentes que no pueden dedicar a&amp;ntilde;os enteros a presentar un resultado, se arriman al socorrido mundo de la novela, donde toda hip&amp;oacute;tesis parece de f&amp;aacute;cil desarrollo tras una breve exposici&amp;oacute;n, una descripci&amp;oacute;n pobre o somer&amp;iacute;sima, una narraci&amp;oacute;n de cuentecito expl&amp;iacute;cito, unos buenos revolcones con dosis de sexo fuerte o d&amp;eacute;bil, seg&amp;uacute;n sea en caso, y una sarta inacabable de di&amp;aacute;logos sin sentido para rellenar p&amp;aacute;ginas y p&amp;aacute;ginas. Una novela no compromete a nada y puede vomitarse en ella todo lo que se ha engullido malamente de manuales de pacotilla o de revistillas de vulgarizaci&amp;oacute;n(aza) cient&amp;iacute;fico-t&amp;eacute;cnica. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Afortunadamente no es el caso de Auster, quien, aunque cae en la tentaci&amp;oacute;n de demostrar todo lo que sabe a costa y por v&amp;iacute;a de su texto narrativo, se ci&amp;ntilde;e dignamente al relato que perge&amp;ntilde;a, lo maneja con notable soltura cuidando de los tiempos y de la coherencia de los personajes; es entretenido, lo que es raro hoy en d&amp;iacute;a si no se escriben barbaridades o situaciones exc&amp;eacute;ntricas cuando no repugnantes o violentas. Adem&amp;aacute;s manifiesta cierto respeto por la figura ya obliterada por las editoriales y que se conoc&amp;iacute;a como &amp;ldquo;lector atento&amp;rdquo;. Es de agradecer la maniobra literaria de Auster para no aburrir a este &amp;ldquo;Atento lector&amp;rdquo;, agradecerle el no sentirse en su mundo de creador tan satisfecho de s&amp;iacute; mismo que pretenda convencerse de que ya no hay lectores que saben leer buenas novelas, a lo cl&amp;aacute;sico, es decir a lo grande, y pretendan (como es el caso de casi la mayor&amp;iacute;a de los que escriben en castellano), hacer pasar al lector por toda la incongruencia delirante de sus mundos creados a partir de la vivencia propia o figurada, de sus iconos desnutridos de arte y de verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, &lt;em&gt;Brooklyn Follies &lt;/em&gt;es un buen comienzo para iniciarse en la lectura de la obra de este norteamericano, de estilo nada complicado y con fallos en la dicci&amp;oacute;n y en algunas construcciones reiterativas, como el abuso de las comas o las salvedades, que siempre son achacables a la impericia del traductor ( un individuo llamado Benito G&amp;oacute;mez Ib&amp;aacute;&amp;ntilde;ez), del que no conozco otra traslaci&amp;oacute;n distinta de las que ha realizado de las obras de Auster. Tal vez resulte finalmente que dichos errores son achacables directamente al autor porque su traslado desde el ingl&amp;eacute;s no es mejorable ni a tiros; en ese caso hablar&amp;eacute; cuando pueda disponer de los textos originales en ingl&amp;eacute;s. Me temo, no obstante, que eso ser&amp;iacute;a ya emplear en este autor un esfuerzo digno de mejor causa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;articulos.php?id=89090&amp;amp;config=espera&amp;amp;pub=#_ftnref1&quot;&gt;[1]&lt;/a&gt; Brooklyn Follies.- Paul Auster, Ed. Anagrama, 2006, en col. 2009.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;</summary>    </entry>    <entry>        <title>Resistencia al mal.- MAX WEBER</title>        <link rel="alternate" type="text/html" href="http://gertobis.blogcindario.com/2009/10/00409-resistencia-al-mal-max-weber.html"/>        <published>2009-10-12T13:38:10+01:00</published>        <updated>2009-10-12T13:38:10+01:00</updated>        <id>http://gertobis.blogcindario.com/2009/10/00409-resistencia-al-mal-max-weber.html</id>        <author>            <name>Curunir</name>        </author>        <summary type="html">&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-family: tahoma,arial,helvetica,sans-serif; font-size: small;&quot;&gt;&quot;Op&amp;oacute;n resistencia al mal, pues de lo contrario ser&amp;aacute;s corresponsable de su supremac&amp;iacute;a&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Max Weber, &quot;La ciencia como profesi&amp;oacute;n&quot;, 92&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;(Citado por Joaqu&amp;iacute;n Abell&amp;aacute;n, R.O. 238-239 ( pg. 32)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</summary>    </entry></feed>