Los hábitos traídos desde el punto de vista del contenido pueden ser buenos o malos: virtudes o vicios.
Los sistemas éticos clásicos tienen en común el ser sistemas de las virtudes.
Partiendo de la ética del deber kantiana, se deriva “inexorablemente” según Aranguren, en la ética de los valores: intervalo entre el ser y lo que tiene que ser, entendiéndose el deber ser y el tener que ser desde la totalidad: si se debe hacer algo es porque ese algo es valioso.
Los valores (Zubiri) no son esencias preestablecidas, sino posibilidades apropiables: no hay valores sin apropiabilidad y apropiación, que es precisamente la virtud. Por lo que la ética de los valores desemboca en ética de las virtudes.
Contra las actitudes apriorísticas de los sistemas de la ética del deber de Kant y la de los valores, la ética de las virtudes debe basarse en el empirismo de la filosofía moral, con los datos de la experiencia que ella proporciona.
El estudio empírico de la virtud arranca con Aristóteles con la definición de la hexis (hábitos electivos) por el mosótes (término medio), realizada con arreglo a una norma (orthótes) rectitud, siempre entre el exceso y el defecto.
Así, desde el punto de vista de la inteligencia práctica, la verdad es conforme al impulso recto. Tanto la verdad como la bondad moral son orthótes.
Luego pasa a la descripción y análisis de las distintas atribuciones y modos de esta rectitud.
La restitudo constituye la bondad moral en principio porque la orthótes ética es dianoética: solo se puede apetecer lo conocido en tanto que conocido. También esta rectitud es una virtud intelectual consistente en la aplicación concreta de la recta razón; y también en el hecho de la relación entre el impulso de la recta razón y el hecho de ser sofrenado por ella. Como primer sentido: prudencia, virtud intelectual concreta de la aplicación de la recta razón; sumisión de la órexis a la recta razón. Así, la orthótes es nota definitoria de la virtud concebida como rectitudo conforme a un kanon, horas o medida.
La virtud, además, es fuerza moral.
Problemas de la mecanización de las fuerzas virtuosas: pierden el sentido positivo, hábitos psíquicos, inercia, è rigor moral, fanatismo, exclusivismo: “La virtud por la virtud al modo estoico, la sofocación de ciertas virtudes por hipertrofia de otras, el automatismo de las virtudes, son algunos de los peligros que amenazan a la vida moral cuando las virtudes pierden su ordenación al bien y se degradan a simples prácticas”.
Aristóteles y Santo Tomás distinguen: virtudes dianoéticas o intelectuales, y las éticas lo morales. Las intelectuales solo deben llamarse buenas si hacen al hombre buen profesional u operario, pero de las que pueden hacerse mal uso. Las éticas, por el contrario, y en especial las técnicas, nunca son ambivalentes, han de denominarse buenas porque en eso consiste su uso moral: por eso el concepto virtud compete más a las morales que a las dianoéticas. La buena voluntad o la buena fe (Kant y S. Tomás) refleja la bondad moral absoluta. Aunque a esto hay que añadirle la prudencia.
La Escolástica clasificó en cuatro estas virtudes a las que llamó cardinales, por (cardines) goznes sobre las que podrán girar todas las demás, menos generales. Así: prudencia (determinación racional del bien), justicia (institución o establecimiento del bien), fortaleza (firmeza para adherir el bien) y templanza (moderación para no dejarse arrastrar al contrario, el mal).
Todas ellas pueden ser:
Comienza la disertación explicando las tres concepciones de la ética: la de la prudencia (Sócrates), la de la buena voluntad (Kant) y la de ambos (Aristóteles).
El plegamiento a la realidad, uso concreto y primario de la inteligencia, que, frente a la rigidez propensa a la repetición habitudinal posee flexibilidad para adaptarse a las nuevas situaciones, es precisamente la prudencia.
Dos vertientes: cognoscitiva, proporciona sentido a la realidad; preceptiva, del bien concreto.
Como parte contraria, más que sobre la imprudencia, Aranguren enfoca sobre el concepto de prudencia imperfecta (industria), y las falsas prudencias: la de la carne (aplicada al bien carnal tomado como fin último), la de la astucia y el dolo (uso de medios falsos simulados o aparentes) y la solicitud superflua.
La vida moderna ha perdido la virtud de la prudencia, pero ha conservado, desorbitándolos, algunos de sus partes y malas partes.
a) Solicitudo: solicitud dedicada a las cosas temporales y superfluas, siempre opuesta a la magnanimidad. Calvinismo: revolución (el buen negocio temporal è predestinación).
b) Industria: como malicia. Luego ha servido para resumir la explotación de la naturaleza por el hombre: el hombre industrioso precede al industrial.
c) Providencia: una parte integral, subordinada a Providentia divinae, que por partir del renacimiento è (Epicuro) è sustituye por la providencia del hombre.
d) Falsa prudencia: fundada por Gracián. Prudencia entendida como industria, astucia, cautela, simulación y dolo; pero además en un doble sentido.
El manual de prudencia de Gracián es un conjunto de reglas para manipular la realidad: la conciencia, la más eficaz contrafigura de la prudencia.
1) Casuismo: una de las formas que revisten el racionalismo y el consciencialismo modernos. En su afán intelectualista, constituye la prudencia por la conciencia. En los tratados de teología han quedado como simples destrezas para permanecer en el límite de lo permitido sin caer en lo prohibido.
2) La prudencia: como la virtud del egoísmo racional. Virtud inferior comparada con la benevolencia. Kant la ve como habilidad práctica de imposición de costumbres.
3) La ética moderna: y la conciencialista (casuística) del XVII y del XVIII se han hecho contra la prudencia.
Todavía hoy no ha recobrado su viejo prestigio: se la ve por un lado como una virtud utilitaria burguesa, busca seguridad frente al riesgo, etc. Por otros:
1) Ética de la situación: prudencia al revés que el casuismo, como demasiado intelectualista.
2) Sistemas herederos de Kant
Dimensión cósmica = Némesis
Dimensión ética= dikaiakine.
La justicia consiste en ajustar (Santo Tomás) y este ajustamiento lo llevan a cabo
1) Los dioses y el destino
2) El hombre respecto al otro
3) El hombre con respecto a sí mismo.
Nos interesa como virtud la 2), definida la virtud de la justicia como el hábito consistente en la voluntad de dar a cada uno lo suyo, es decir, sus derecho, su parte.
La virtud es lógicamente precedida por el derecho; el derecho es el objeto de la justicia.
Derecho significa en primero término, cosa justa y después el arte de conocer qué es el derecho (en este sentido también la jurisprudencia, como acto de la virtud de la prudencia).
De todo se infiere la objetividad de la justicia, que junto con la prudencia, como percepción concreta de la realidad, son las dos grandes virtudes “objetivos”. Objetiva que se forja en Aristóteles y se aplica en Santo Tomás con una rigidez exageradamente matemática.
En sentido estricto de ejecución del bien jurídico, la justicia è especies:
1) Conmutativa
2) Distributiva
La justicia parcial consiste siempre en una igualación è noción de recompensa, compensación èbalanza
Equidad è igualdad.
Justicia conmutativa ha de ser (Santo Tomás) según proporción aritmética y la distributiva, según proporción geométrica. La idea de igualación (Aristóteles) hay disputa è juez = méson (mediador). El juez iguala a las partes. Dikaion en Aristóteles = lo justo. Teoría artificiosa y lejana o la realidad de la vida.
Más profundas: teorías de la epiqueya (equidad) y la restitudo.
Santo Tomás: las partes potenciales que realizan, imperfectamente el concepto de justicia (falta de igualdad o falta de débito).
En el caso de falta de la razón de igualdad:
En el caso de virtudes que constituyen débito moral:
Virtud sobria, ceñida y nada romántica:
Por esto el hombre ha de disponer de bienes equitativamente correspondientes, que pueda (como intermedio) soportarte. Todos necesitamos los bienes para nuestro perfeccionamiento moral, pero con medida y límite, el cual debe ser establecido por la justicia. La cual, a su vez tiene el límite que le impone el hecho de necesitan de la equidad y porque su tarea es infinita.
No solo del materialismo (edad de oro, estatismo) sino del espiritualismo, que intenta disolver el orden natural de la justicia en el sobrenatural de la caridad. Frente a sobrenaturalismo a ultranza è humanismo cristiano (Santo Tomás): sobriedad de las ideas de justicia y dignidad humanas.
Diferencia:
Fortitudo o fortaleza: síntesis escolástica de dos virtudes antiguas: andreia: defensiva, replegada en sí misma y paciente; megalopsykia: emprendedora, pujante, entusiasta. Surgen de diferentes êthos y eso cuestiona su unificación. Santo Tomás: la fortaleza tiene dos vertientes.
Sustinere (soportar) y agredir (emprender).
Prima al primero (el carácter estoico de la escolástica) porque el soportar supone continuidad en el esfuerzo en tanto que quede emprenderse por cualquier motivo.
El sustinere solo queda un sustrato de la andreía, como fortaleza o valentía militar, atendiendo más en la de defensivo del que se sobrepone al miedo antes que la vertiente ofensiva y emprendedora. El estoicismo generalizara el aspecto defensivo de esta virtud como el afrontamiento de toda suerte de temores = sustinere. Tan parcial como el hecho de considerar el mundo real como una amenaza constante, que es lo que parece desprenderse de la actitud defensiva, es el hecho de considerar la vida como una sucesión optimista de expansión.
La prueba más dura con los que se enfrenta la fortaleza es afrontar la muerte. El peligro de muerte surge en la lucha particular è el martirio es el acto principal de la fortaleza.
Martirio: testificación de la verdad, conforme a la justicia.
Santo Tomás, pide moderación con el martirio y que nadie se exponga al peligro de muerte más que por la justicia.
Toda confesión de la verdad: martirio, participa de la fortaleza y a la vez de la justicia. Pero ni debemos al prójimo toda la verdad ni podemos dársela: límites. No ya solo la sinceridad, incluso la autenticidad constituye un problemaè la doblez, el carácter ambiguo del hombre: categoría ontológica antes que vicio moral.
La verdad está íntima y circularmente ligada a la libertad: descubrimos la verdad a través de la libertad, y es ella, la verdad, la que nos hace libres.
Mantenerse en la verdad frente a la presión social es prueba de fortaleza. Los hombres consideran que la verdad y la libertad son carga demasiado pesada, y abdican de llevarles; y por lo mismo, necesitan acallar la mala conciencia de su alienación y no permiten la proclamación de la verdad y la libertad.
La magnanimidad fue subsumida por los estoicos en la fortaleza.
Ética a Nicómaco, IV, 3 , megalopsikía: ocioso, indolente, de andar pausado y voz grave, solo se mueve por los honores grandes, independiente, acepta el honor pero como inferior a él, olvida los beneficios recibidos, afronta los peligros solo por el honor y despreciara los honores que dispensen gente ordinaria. Medio entre el vanidoso y el pusilánime.
La magnanimidad aristotélica fracasó con las justicias y el esoterismo. La reacción estoica desarrolló para contrastar las tendencias astrologicistas con la vertiente puramente pasiva de la magnanimidad, reduciéndola al polo negativo consistente en el desprecio del mundo. Así hasta que Santo Tomás, recupera el concepto aristotéli.co de la magnanimidad y la transforma en esperanza racional de aquellos bienes naturales de cuya consecución nos sentimos capaces: para diferenciada de la virtud teologal o sobrenatural de la esperanza.
A la magnanimidad corresponden:
1) Fiducia o confianza.
2) Securitas, frente a la desesperación.
Menciona al final otra virtud relacionada con la fortaleza y que nombre Aristóteles: la magnificencia, que corresponde en el orden de la poiesis lo que la magnanimidad en el orden de la praxis.
La temperantia cristiana es más concreta, especial y determinada que la sophrosyne griega.
Santo Tomás: virtud que moderando las pasiones concupiscible se refiere principalmente a la del tacto porque las delectaciones del tacto son las mayores de todas (en contradicción con lo que se viene diciendo desde Heidegger para acá acerca del carácter “visual” de la filosofía de occidente).
La virtud se opone tanto a la intemperancia como a la insensibilidad, y no solo a la primera (mojigatería), Santo Tomás la considera subjetiva e inferior a las otras virtudes.
Aranguren propone que es más importante, porque incluso Aristóteles la defiende como salvadora o preservadora de la prudencia, en cuanto que esta es la que nos asegura el sentido de la realidad que es lo primero que nubla la intemperancia: la realidad plena y objetiva para no dejar percibir más que el interés subjetivo que la hace deseable.
[1] “Ética”, José Luis López Aranguren.- Alianza Universidad Textos 1979 (reimpresión de 2005).
[2] solercia.(Del lat. solertĭa).1. f. Industria, habilidad y astucia para hacer o tratar algo (RAE).