lunes, 16 de mayo de 2011
Publicado por Curunir @ 21:31  | Fragmentos
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Es complicado hallar en Góngora ese regusto decadentista que persigue el mundo actual, porque todo en su obra está trabajado en torno al efecto estético, y hasta en sus obras digamos más “naturales”, procura introducir el obsesivo retorcimiento literario, el oscurecimiento estético, y nunca puede afirmarse al estudiar su obra, cuándo habla de verdad el hombre y cuándo el poeta. Incluso invirtió sus dos apellidos porque resultaba más sonoro y rimbombante decir Luis de Góngora y Argote, que (como era su verdadero nombre) Luis De Argote y Góngora. Su obra es toda ella de difícil acceso, porque él mismo la trabajó con afán elitista, procurando que muy pocos entendidos pudieran profundizar, entender y sacar provecho de ella. Siempre se le tildó de aparatoso y de afectado en la forma, por lo que hasta en sus letrillas, que suelen ser lo más "natural" de su producción, se suele prodigar su estilo "oscuro" y elaborado. Fue el mentor y el adalid del movimiento llamado el "culteranismo", el cual tuvo una cohorte de seguidores, que, contra otros poetas de su misma generación a caballo entre los dos siglos de la crisis española el XVI y XVII, se lanzaban a enfrentamientos sin cuartel, entre sí, a muerte, descendiendo en la mayoría de los casos al terreno de lo personal. Góngora contra Lope, hasta conseguir su práctica ruina, y Quevedo contra Góngora, casi con igual inquina. Les movían parece ser intereses estéticos, pero encarnados estos intereses también en los modos de vivir, apoyos políticos y grandes valedores de corte, todos luchaban por conseguir estos apoyos y es posible que los ataque, las infamias, las denuncias, constantes entre ellos y sus seguidores, lo fueran principalmente por esa causa.
Góngora, efectivamente lo pasó mal en sus últimos días; sin embargo, gozó durante toda su vida de un prestigio y de unos apoyos cortesanos enormes. Para mantener su nivel de vida en la corte de Madrid, realizaba gastos desorbitados, cayendo finalmente en las redes del juego, que a la postre dieron con su fortuna al traste dejándolo prácticamente en la miseria.
De su producción, se destacan dos épocas: concretamente la tardía, por la que te interesas y que es la más oscura, se caracteriza por sus poemarios mayores: "Soledades", " Fábula de Polifemo y Galatea" y "El Panegírico al Duque de Lerma", cualquiera de los larguísimos poemas que componen estas obras tremendas puede servir para ilustrar su etapa final "culterana", "cultista" o "gongorista".
Pero en sus logros líricos destacan también las letrillas satíricas, entre las que se encuentran las mejores sátiras, así como los sonetos, escritos con elegancia, precisión y con un gran dominio de todas las técnicas acuñadas por las preceptivas renacentistas y barrocas, tanto de Pinciano, como de Cascales. Son todos de escuela, pero tiene carácter fúnebre, por ejemplo  el dedicado a la tumba de El Greco, y los dos de índole moral que dedica a la brevedad de la vida, tema muy típico del barroco tenebrista español.
El que dedica al pintor Doménico Teotocopouli, que es de 1615, dice:
Esta en forma elegante, oh peregrino,
de pórfido luciente dura llave,
el pincel niega al mundo más süave,
se dio espíritu a leño, vida a lino.
Su nombre, aún de mayo aliento dino
que en los clarines de la Fama cabe,
el campo ilustra de ese mármol grave:
venéralo y prosigue tu camino.
Yace el Griego. Heredó Naturaleza
Arte; y el arte, estudió; Iris, colores;
Febo, luces - si no sombras, Morfeo-.
Tanta urna, a pesar de su dureza,
lágrimas beba, y cuantos suda olores
corteza funeral de árbol sabeo.
El dedicado a la brevedad de la vida es de su primera época, pero no es menos decadente. Sigue las conveniencias estéticas de la época en cuanto a la gradación de los estados vitales, sólo que exacerbados por la relación y el rápido fluir de imágenes que pasan de la juventud a la vejez y de la vejez a la muerte, a la nada (nihilista, fue el poeta preferido de Shopennhauer, y guarda cierta similitud con la prosa de Gracián, un jesuita que escribió el Satiricón, y cuyo culto a lo oscuro, a lo fúnebre y al desprecio de la sociedad de su época, y a la nada exitencial,lo hicieron muy querido del filósofo alemán).
Este es el famoso soneto de 1582, catalogado con el número CLXVI
Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Góngora fue el creador, mentor y líder indiscutible del movimiento literario que se dio en la España del XVII, llamado el “culteranismo”, o “Cultismo”, o “gongorismo”, que se caracterizaba por una búsqueda de la oscuridad en el contenido, a través de un empleo de giros latinos, referencias mitológicas y culturales de la roma extinta, retorcimiento del fraseo por medio de hipérbaton, la aliteración, la metáfora culta. Perseguía un alejarse de lo vulgar que en literatura representaba Lope de Vega “puesto que el vulgo paga es justo, hablarle en necio para darle gusto”, y un desprecio por la expresión simple o ajustada a gramática. Todas sus poesías están recargadas (barrocas) de estas características, y concretamente en las de la etapa final,  y más concretamente la “Fábula de Polifemo y Galatea”, prácticamente inaccesible sin la prosificación de su gran valedor y estudioso D. Dámaso Alonso. Es un extenso poema compuesto por 504 endecasílabos (versos de once sílabas), agrupados en 63 octavas reales (ocho versos endecasílabos, rimados ABABABCC). Fue escrita esta obra en 1613 y dedicada al Clonde de Niebla, su mentor o mecenas de entonces, consistiendo la primera de las estrofas la dedicatoria al aristócrata protector y a su laudatoria:
Dice:
Estas a que dictó rimas sonoras,
culta sí, aunque bucólica Talía
- ¡Oh, excelso conde!-, en las purpúreas horas
que es de rosas el alba y rosicler el día,
ahora que de luz tu Niebla doras,
escucha, al son de la zampoña mía,
si ya los muros no te ven, de Huelva,
peinar el viento, fatigar la selva.
La descripción física o prosopografía del Cíclope Polifemo, la realiza en las estrofas 7 y 8 , que te transcribo:
7
Un monte era de miembros eminente
este (que, de Neptuno hijo fiero,
de un ojo ilustra el orbe de su frente,
émulo casi del mayor lucero)
cíclope, a quien el pino más valiente,
bastón, le obedecía, tan ligero,
y al grave peso junco tan delgado,
que un día era bastón y otro cayado.
8
Negro el cabello, imitador undoso
de las obscuras aguas del Leteo,
al viento que lo peina proceloso,
vuela sin orden, pende sin aseo;
un torrente es su barba impetüoso,
que (adusto hijo de este Pirineo)
su pecho inunda, o tarde, o mal, o en vano
surcada aun de dedos de su mano.
En cuanto a la poesía menor, de la última época se encuentran las letrillas sacras, cosa natural para quien se había ordenado sacerdote.
La más famosa es la num. XXIII, dedicada al nacimiento de Cristo nuestro señor, cuyos primeros diez versos dicen:
"Caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno:
¡qué glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!"
Cuando el silencio tenía
todas las cosas del suelo,
y coronada del yelo
reinaba la noche fría,
en medio la monarquía
de tiniebla tan crüel.
"Caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno:
¡qué glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!"
Qué más decadente que un poeta que había tenido una corte de imitadores y había sido el vate favorito de Duques, Condes y Marqueses, siempre escribiendo sobre dioses y héroes de la Roma extinta, acunado ahora sobre sí mismo, y alambicando su fraseo grandilocuente en letrillas sagradas, de simple armonía, como canción de cuna o como oraciones, en tono más humillado que humilde.
Otra letrilla popular en forma de Alegoría, tan grata al mundo de las postrimerías barrocas (sobre todo Calderón de la Barca), en el siglo XVII, es esta que te transcribo en fragmentos:
Aprended, flores, en mí
lo que va de ayer a hoy,
que ayer maravilla fui,
y sombra mía aún no soy.
.... todo sirve a los amantes;
plumas les baten, veloces,
airecillos lisonjeros,
si no son murmuradores.
Los campos les dan alfombras,
los árboles pabellones,
la apacible fuente sueño,
música los ruiseñores.
Los troncos les dan cortezas
en que se guarden sus nombres,
mejor que en tablas de mármol
o que en láminas de bronce.
No hay verde fresno sin letra,
ni blanco chopo sin mote;
si un valle "Angélica" suena,
otro "Angélica" responde...
(lo he tomado del estudio de Alborg de la figura de Góngora en su "Historia de la Literatura española", tomo II)”, 
 Entre los libros en que se pueden encontrar cosas muy interesantes sobre Góngora, los de Dámaso Alonso, su gran intérprete moderno, la edición de Millet, la de Beverly de las "Soledades" en Cátedra, y la selección de Rivers para Cátedra también de la lírica del Siglo de Oro, donde podrás comparar su poesía con la de sus imitadores (Argensola), sus predecesores ( Herrera) , sus rivales (Lope de Vega) y sus enemigos acérrimos (Quevedo).
 Las Soledades  son dos larguísimos poemas escritos en silva (la primera completa de 1.091 versos y la segunda incompleta de 979), obra inconclusa pues iban a ser cuatro y fueron dos y ésta ultima sin terminar, son prácticamente del final de su vida (leídas entre 1613 y 1618) en Madrid, antes de su vuelta a Córdoba, donde padeció el amargo final de su vida, ido de la cabeza, con pérdidas de memoria y frecuentes desvanecimientos y desmayos, con neuralgias bestiales y resignado a la pobreza extrema y a su enfermedad, que a lo postre lo aniquiló en mayo de 1627 a los sesenta y seis años.

Tags: Cebrero, Góngora, poesía, fragmentos, literatura, siglo_de_oro

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