Diálogo narrado por Sócrates a Critón, quien se muestra preocupado por la educación de sus hijos, en especial de Critóbulo. Semejante cuita la presenta a Sócrates y le pide consejo acerca de cuál debe ser el talante del educador y hacia dónde debe orientar las inquietudes de su hijo; al tiempo le pide opinión sobre el talante y capacidad de los sofistas, a los que Sócrates responde con el diálogo mantenido con dos de estos Sofistas, Eutidemo y su hermano Dionisodoro, a los que se oponen Ctesipo y Clinias.
Al final existe una recapitulación y reflexión acerca del papel educador que tiene la filosofía, además de un serio desdén - mostrado sobre todo por Critón - hacia la supuesta ciencia de los Sofistas.
Seria crítica a la erística, es presentada como una simple juego de palabras, que lo único que parece perseguir es derribar argumentos atendiendo a confusiones, falacias, dobles sentidos y llegando en la mayoría de los razonamientos a conclusiones absurdas, por no emplear la dialéctica sino la retórica. Des definida la erística por Sócrates como una ciencia vana y fácil de aprender, que no sirve para educar a la juventud, sino para apartarla o desviarla del verdadero conocimiento y de la verdadera acción educadora. Esta consiste, según explica el filósofo a Eutidemo, en exhortar a la juventud en la búsqueda de la ciencia, para una vez conseguida, mostrarle su utilidad.
Conocimiento y utilidad mediante la exhortación se exponen como ejemplo ante los sofistas en dos ocasiones; pero éstos, más atentos al debate puramente formal, persisten en la porfía y en la palabrería, de tal modo que incluso son puestos en evidencia por Ctesipo, quien ha asimilado las truculencias y falsas intenciones de los razonamientos erísticos.
El final del diálogo se establece como valoración de la ciencia erística a la que no se concede más que una calificación de ciencia pueril y simple que deja de ser inocente en cuanto supone una pérdida de tiempo.
Sócrates aconseja a Critón que observe si la filosofía aparta a los hombres de la ridícula erística o, de lo contrario, se trata de una actividad noble, además de exhortarle a que la practique él mismo si la considera conveniente.
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