domingo, 06 de septiembre de 2009
Publicado por Curunir @ 11:49  | Comentario
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Revista de Occidente, num. 323

Resumen amplio
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En este artículo el Sr. Bar-Yam, a la sazón presidente del NECSI (New England Complex Systems Institute), nos presenta el concepto de Sistemas complejos como modo de considerar la ciencia empleando modelos matemáticos para "estudiar la manera en que la relación entre las partes de un sistema dan origen a comportamientos colectivos (población de animales, el cerebro compuesto de neurona, etc.).

Parte de la premisa de que la interacción de los individuos en todo el mundo multiplica la complejidad de sus actividades diarias, de modo que lo  que se realiza en una parte del mundo puede llegar a desestabilizar, e incluso a poner en peligro, el sistema no solo en la otra parte, sino en el mundo entero.

Para aplicar este novedoso sistema (no tanto ya en las disciplinas matemáticas a partir de las teorías del caos), debe partirse de la base de que el sistema jerarquizado ha dejado de ser eficaz para resolver las complejidades del mundo contemporáneo. Esto debido a que la jerarquía es un sistema de decisiones organizado en vertical (el jefe ordena, el peón ejecuta), mientras que el mundo actual se mueve por interacciones ejercidas al mismo nivel, es decir, horizontal. Y los S.C., como dice el Sr. Bar-Yam "nos ofrecen un mapa que nos puede ayudar a entender cómo y dónde las fuerzas de la complejidad imponen un cambio hacia redes descentralizadas". ¿Para qué? Para entender cómo funciona la evolución previa y la trayectoria futura de nuestra sociedad global. El ejemplo que pone es la resolución del problema que representa la organización del sistema sanitario estadounidense; pero puede aplicarse a otros, como por ejemplo (se me ocurre) la administración de Justicia española, corroída por el corporativismo y la jerarquía decimonónica, dos fuerzas contrapuestas cuya sinergia exigiría las medidas drásticas que supondrían la desfuncionarización y corresponsabilidad en las administraciones, etc.

Otra variante de este modo de operar es el cambio de orientación respecto del objeto estudiado. A diferencia de la ciencia tradicional que se centra en el objeto y lo va descomponiendo en las partes constituyentes de manera exhaustiva, los S.C. operan teniendo en cuenta no la esencia y los componentes de este objeto, sino cómo se relacionan e interactúan estos elementos con otros, en un medio concreto o ámbito determinado; lo cual significa partir de una base dada y limitada por la definición y análisis de estos objetos, es decir, el límite lo imponen el conocimiento de los propios objetos y no su interactuación. Y esto es porque el sistema científico tradicional, centrándose en el objeto, no resuelve el problema de entender las relaciones entre las partes. En este sentido, a mi entender, los S.C. vendrían a ser un complemento de los métodos científicos tradicionales, porque para resolver las interrelaciones de los elementos es lógico que primero deba contarse con una buena definición de los mismos, hasta el límite ya mencionado del reconocerse la propia incapacidad del sistema para operar y resolver dicha interrelación, momento en que tomaría el relevo este método de los S.C.

Las marcas que permiten caracterizar la naturaleza de estas relaciones es la diferenciación entre "sistemas planificados y sistemas naturales". El primero (ejemplificado por un microprocesador), corresponde a un diseño perfectamente estudiado en que cada elemento se relaciona con los demás según un plan perfectamente trazado y que podrá crecer y expandirse por medio de diseños anexos; el segundo sistema (ejemplificado por la economía global) ha surgido de manera espontánea y a lo largo del tiempo, fruto de las relaciones humanas. Es un organismo social, nadie lo ha diseñado y, por tanto, nadie puede controlarlo. No el control, sino su funcionamiento para prevenir sus futuras fluctuaciones en función de la aplicación virtual de determinados factores, es la tarea que se ha impuesto esta teoría de los S.C. aplicada a las fuerzas sociales que mueven el mundo (ni más ni menos).

Para entender estos sistemas naturales, los verdaderamente interesantes, con vistas a dicho entendimiento tanto de su función como de su progresión, hay que considerarlos desde perspectivas cualitativas o cuantitativas por medio de unos conceptos básicos, de entre los que destacan los de "interdependencia, escala y emergencia". Y aunque pretenda hablar de los tres, el autor se fija principalmente en el primero, y funcionalmente en el segundo de ellos, como condición o condicionante del primero.

El concepto de interdependencia viene a ser el contrario que el de jerarquía, la cual opera de arriba abajo en sentido vertical en lo referente al proceso de toma de decisiones, mientras que la segunda opera de manera horizontal. Hace hincapié el Sr. Bar-Yam en que la complejidad de los sistemas no es algo subjetivo, y con esto intenta despojar de rango científico a estos estudios, a pesar de que dicho Sr atribuye este subjetivismo a algo ya reconocido por la ciencia: la física newtoniana o la relativista einsteniana (falacia de comparación, pues ambos conceptos de relatividad no son considerados del mismo modo y no significan lo mismo): "la realidad estudiada depende de la distancia del observador respecto al sistema". El grado de complejidad parece venir dado por la cercanía o lejanía con que el observador contemple el sistema, y aquí es donde entra el concepto de escala. Da cuenta el Sr. Bar-Yam del análisis de escalas múltiples verificado a la sazón por el NECSI: "análisis de un sistema utilizando simultáneamente diversas escalas, determinando la complejidad en cada una de ellas y la relación entre sus componentes y comportamientos a través de estas escalas". Así, el hecho de que la complejidad dependa de la escala es un principio de posible aplicación a diferentes tipos de sistemas.

Analizando la interdependencia y de qué modo ha surgido, se impone la tarea de analizar las maneras en que las personas influyen unas en otras (en términos de control,  no necesariamente coercitivo. Este control ha venido ejerciéndose por la jerarquía; donde el comportamiento de cada individuo tiene un bajo nivel de complejidad y muestra un notable equilibrio entre la complejidad y la escala: "para que exista acción a gran escala se debe reducir la complejidad en escalas inferiores. Para que este tipo de organización funcione, tiene que haber muchos individuos que sigan las instrucciones de un mando único".  De este modo, "los comportamientos a gran escala controlados por un individuo no pueden ser más complejos de lo que es él o ella. La persona humana tiene un límite de complejidad que no tiene un sistema en red interdependiente, la cual puede funcionar de forma más compleja que cualquiera de sus componentes individualmente considerado".

Así, la crisis de los sistemas jerarquizados vienen determinadas por la rapidez con que se transmiten las informaciones, mucho más rápida si se realiza en red (horizontalmente) que en jerarquía (verticalmente); las redes de interacción deben reemplazar el control jerárquico. La aplicación concreta regresa al estudio del sistema sanitario estadounidense, cuyo ejemplo se plasma como canónico a la hora de aplicar el sistema a cualquier otra organización humana de complejidades hasta ahora  irresueltas.

Conforme al principio de que la complejidad depende de la escala, imponer controles de gran escala a sistemas de alta complejidad da como resultado ineficacia (en esto sí se muestra rotundo, se diría que taxativo, lo que da a entender que es el único hecho objetivo comprobado que ha podido verificarse por medio de estos S.C.) Esto llevará consigo del intento de aplicar dichos controles no al sistema, sino a las tareas que se realizan dentro del propio sistema.

Concluye el artículo el Sr. Bar- Yam afirmando que es preciso entender el papel de la escala y la complejidad en estructura y función porque esto nos capacita para pensar con más claridad sobre la forma de planificar las organizaciones sociales. Luego de invitar al lector a que compruebe matemáticamente los hechos expuestos, se encarga de vender el producto sugiriendo la posibilidad de utilizar este tipo de sistema para solucionar los problemas de pobreza y salud en el tercer mundo (si el producto limpia bañeras y lavabos, ¿no será capaz de lavar asimismo suelos, escaparates, espejos, modernas, etc.?). Y termina el artículo ofreciendo la clave en que se apoya este nuevo estructuralismo: adaptar las organizaciones correctamente estructuradas a sus fines como premisa para un "correcto tratamiento de los problemas sociales".

 

 

Opinión propia:

 

No soy matemático, por tanto no puedo opinar sobre estos Sistemas complejos en el ámbito estrictamente científico de las matemáticas puras, y no pongo en duda su eficacia de la aplicación de dichos sistemas en cuestiones puramente mecánicas, biológicas o naturales. Otra cosa es creo yo, pretender extrapolar sus logros abstractos mediante la extrapolación a lo concreto mediante la aplicación de estos cálculos a sistemas cuya complejidad no sólo se mueven por decisiones impulsadas por necesidades o lógicas internas, o simplemente por el azar de intervenciones espurias, sino que también intervienen en ellos el capricho de individualidades influyentes, intentos autodestructivos dentro del mismo sistema, voluntades que deciden de manera externa o tangencialmente, cuando no secante al sistema, es decir, variables no constantes, con las que un estudio matemático no puede contar porque no se repiten, no existe frecuencia y por lo tanto, no pueden diseñarse en escalas exactas. La variedad de estos modelos sería tanta, que al final se convertiría en el mapa de Borges: tan completo que al final reproduce íntegramente la realidad de lo que representa. Al final, estos sistemas aplicados por matemáticos no son sino sistemas representativos, nuevos y más sofisticados, pero sistemas de representación, al fin y al cabo.

Creo ver en estos sistemas complejos una vertiente del pragmatismo y del racionalismo sajón; pero con una focalización de estos estudios meramente instrumental. Es de significar que de este modo comenzó la psicología a finales del XIX, con la consiguiente tragedia terapéutica en que han sumido a las sociedades occidentales este tipo de disciplinas que son consecuencia de la inseguridad provocada en los seres humanos individuales por la complejidad de un mundo que no es unívoco o cuyos valores han dejado de representar el canon de lo absoluto dentro de un sistema. La constante de estos sistemas es dar por sentada la complejidad de aquello que estudian, erigirse en intérpretes de una realidad irresoluble para los sistemas tradicionales, apelar a la supuesta modernidad de sus resortes epistemológicos y complicar el vocabulario de sus definiciones. Este tipo de disciplinas que aparecen para resolver problemas en un mundo en continua crisis, y que pretenden explicar lo inexplicable basándose en la complejidad de aquello que observan, apoyándose en supuestas coordenadas científicas para explicar la complejidad que ellos mismos han fabricado, acaban apoderándose de los objetos sobre los que fijan sus estudios. Sobredimensionan la complejidad de éstos, o sus sintaxis ( que es al parecer la base operativa de estos sistemas complejos), creando superestructuras cognoscitivas en que dichos sistemas aparecen no sólo como imprescindibles en la realidad social sino como sus garantes. Por supuesto, ante su evidente caducidad, se blindan con un sistema pseudo evolutivo que les hace transitivos al sistema, fundiéndose con él y complicando aún más su existencia. Porque, ¿podría concebirse la existencia hoy en día sin la opresiva presencia de lo psicológico y la psicología en nuestras vidas? En el diseño actual de sociedad, no; pero, si prescindimos de supuestas necesidades que se manifiestan en individuos equilibrados y sensatos, por supuesto que sí, porque no existirían ni el pensamiento positivo (gradación), ni la autoestima ( concepto degradante, por su referida escala desde la alta a la baja), es decir, sustituir los términos medios, que tan buen resultado han dado tradicionalmente tanto en la ética como en la moral religiosa, por uno de los extremos pero graduado desde lo considerado negativo (valoración ética) o desde lo considerado bajo (valoración religiosa): o lo que es igual, la carencia de valores firmes y absolutos. Lo mismo puede suceder con estos sistemas complejos ofrecidos como un simple instrumental empírico, matemático, desprovisto de voluntad de acción y de aplicación y con grandes visos de doblegar a las sociedades por medio de una desjerarquización que deje a todo el sistema libre de control (¿no es acaso la actual crisis financiera el resultado de un operar horizontalmente y de manera interdependiente, sin control alguno, un aviso de lo que podría suponer dejar a los analistas matemáticos, el fluctuante y relativo posicionarse de la ciencia sobre las realidades o hechos que examina?).

Podría constituir arma peligrosa usada para fines propios, no usando tan clara su cacareada utilidad; a pesar de su marchamo de proceder de disciplina matemática, cuyos resultados se venden como incuestionables. A lo mejor, es la incuestionabilidad de sus resultados lo más peligroso de estos estudios extrapolados a sistemas donde los intereses humanos están lejos de someterse al encorsetado mundo de las fórmulas y los algoritmos. La interdependencia y la escala operan lógicamente, pero en lo ilógico, no en el absurdo (que es también procedimiento de la lógica) en lo extremo y en las religiones y filosofías (sistemas aún dominantes hoy en el mundo y que hoy por hoy son irreductibles a fórmulas o sistemas matemáticos), ¿qué se puede esperar de esos sistemas complejos? Y lo peor del asunto es que la complejidad, como dice el autor del artículo, sigue sin ser demostrada (es relativa o subjetiva). Y de esta sí que no se ofrece argumento sólido: si una simple regla de tres puede darse como justificación de la complejidad de un sistema en función de la gradación de interdependencia de sus individuos, ¿para qué meternos en más complicaciones? ¿No supone el análisis de sistemas complejos una complejidad más añadida a raíz de sus resultados, no tan contrastados, que pueden tomarse como elementos para controlar estos mismos sistemas que están supuestamente siendo analizados?

Sé que deberá estudiarse mucho más, y que a lo mejor yo peco de conservador ante un método que aún me sobrepasa por mi falta de base matemática; pero sus pretensiones son ampliamente filosóficas: como aquella medición de la calidad literaria de un poema analizando sus valores puramente teóricos, y aplicándoles una escala de valores ya preconfigurada para con otros poemas. Es esta pretensión de traspasar los estudios y los métodos válidos en el mundo abstracto de los valores matemáticos, que son absolutos, a todo el conocimiento humano, ya verificado en el plano de lo concreto, donde impera lo contingente.

Este mensaje que subyace en el artículo del Sr. Bar-Yam me parece vicioso, cuando no perverso, porque se me antoja remedo de los vertidos por otras disciplinas instrumentales ofrecidas como la panacea social, desde la psicología (la más perniciosa de todas como sucedáneo de las religiones pero sin el necesario patetismo catártico de éstas) en que todo se resuelve por medio de terapias (virtualidades o retorcimientos de la realidad para engañar la parte sensata del cerebro y  hacerle creer en una realidad distinta a la que conoce y le hace sufrir), hasta la psicopedagogía (como híbrido monstruoso que se ha adueñado de la enseñanza para uso y disfrute de los políticos democráticos en su afán de manipular a los pueblos para su propio y estéril medro), pasando por la antropología (con su denostado holismo científico que se atraviesa con todo el juicio estético al convertirlo todo en cultura de equiparable valor, haciendo anatema de lo bello en pro de un mala entendida pugna con el etnocentrismo de los nacionalismos, atreviéndose a equiparar la poesía y las demás artes con lo puramente artesano), hasta este nuevo juguete científico con forma de artefacto matemático, fruto de la confusión reinante por la crisis de valores de esta incuria actual llamada posmodernidad.

 


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